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Naturaleza, el origen de la inspiración

El desarrollo de materiales para prendas de vestir toma elementos del mundo natural para potenciar e innovar. Como Biomimetismo es conocida esta tendencia, que replica funcionalidades, adaptándolas al uso específico que se les quiera brindar.

Biomimetismo VC3

El biomimetismo encuentra su mayor exponente en los diseñadores de ropa de alto rendimiento, ya que los requerimientos intrínsecos de estas prendas presentan un sinnúmero de funciones que fortalecer, aunque si campo de acción se ve limitado solamente hasta donde llega nuestra creatividad.

Día a día la frontera tecnológica se desdibuja, desvanecida por la inventiva, la innovación y la ciencia. La hoja del loto fue la base para un proceso de acabado que evita la humedad o las filtraciones, e incluso la estructura de cono del pino inspiró un producto a prueba de viento en donde una membrana impermeable reacciona de forma independiente a los cambios de temperatura para retener el calor o dejar que él se escape, y la capacidad de algunas aves y los osos polares para retener el calor en bajas temperaturas hicieron lo mismo.

La resina en la corteza de los árboles suministró la idea para un tejido que se auto repara, ya que la superficie de la tela tiene diminutas cápsulas con una sustancia que, si es liberada, se endurece y subsana el daño producido. Pero hay más, la eficacia antimicrobiana, la bioluminiscencia, el camuflaje, la reducción de la resistencia y adherencia en seco, son solo unas de las características que el material puede aportar.

Vemos que la principal bondad de estos nuevos elementos es propiciar que los tejidos respondan con cierta independencia a las necesidades en función de las características del entorno, lo cual no era usual tiempo atrás. Durante siglos, se diseñaba una prenda respondiendo a las cualidades de las fibras conocidas en ese momento.

Bajo el sencillo precepto de que, gracias a la evolución y perfeccionamiento de sus sistemas gran multiplicidad de organismos han sobrevivido adaptándose paulatinamente a las condiciones de su medio, se mantiene relevante la tendencia del biomimetismo. Y lo más interesante es que no solo se aplica al mundo de las prendas de alto rendimiento.

El mundo de la moda también usa tecnología responsiva para vestir. La ingeniería de innovación ayuda a confeccionar prendas de vestir que se adecúan según la necesidad, cambiando desde el color a la forma, y en algunas ocasiones, comunicando cambios en el estado físico o emocional de quien las usa. Un vestido, llamado Adrenaline Dress, responde expandiendo o encogiendo unas alas endosadas para expresar emoción, y otro llamado Synapse Dress, detecta el estado de ánimo del usuario, leyendo la frecuencia cardiaca o la actividad cerebral.

Las tecnologías y materiales les brindan nuevas funciones a las prendas, agregando una dimensión comunicativa nunca antes vista. La responsividad del vestuario llegará eventualmente a igualar la de los objetos inteligentes que ahora inundan nuestro entorno y los diseñadores deben estar a la vanguardia de ese cambio.

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