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Lupa

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Una semblanza de la creatividad

Luz Marina Vélez, Jefa de Posgrados de Colegiatura Colombiana, nos comparte un artículo de absoluta relevancia, en donde nos habla del trasegar del hombre a través de eones, de una evolución perpetua pero paulatina de conciencia sobre sí mismo y su entorno, así como de una reflexión continua transversalizada por la noción de Ser, transformando realidades.

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“A este mundo hemos venido a recordar las ideas celestes que ya sabíamos antes de nacer”. Platón.

Los seres humanos estamos hechos de capas vitales sensibles e inteligibles, entre las cuales nos vivimos: capas de anterioridades —la historia—; de posterioridades —la trascendencia—; de momentos —la experiencia—; y de cuerpos —la memoria—. Intuimos que el fundamento del mundo es algo intangible como una idea y, más allá de ésta, intuimos también la fuerza que le da forma. Pareciéramos, valga la metáfora, una “mil hojas” finita que se escribe y se lee en palimpsestos infinitos.

Como instancia antropológica, el hombre se enfrenta al mundo con una tripleta de preguntas: “¿Quién soy?”, “¿De dónde vengo?”, y “¿Hacia dónde voy?”. Y en las respuestas despliega su creatividad como reflexión, relación, producción y transformación de sus contextos individuales y colectivos; es decir, el hombre es creativo por asombro y por experiencia en y con el mundo, se humaniza a través de su inteligencia creativa y de su producto máximo: la cultura. El verbo crear se conjuga en el sueño y en la realidad humana como una múltiple posibilidad de resignificación o perfectibilidad que valora la vida como el bien supremo.

La creatividad despierta y desarrolla en los hombres su esencia más elevada. A través de la acción creativa se conocen, se inventan, se materializan, se nombran, se comprenden, se dominan, se usan y se representan cosas (la tierra, los dioses, los hombres, los átomos, las instituciones, y las estructuras de relación, producción, distribución y consumo, entre otras). Las sociedades y las culturas son narraciones y evidencias de la creatividad, de la unión imaginación-ingeniería (entendida como el conocimiento teórico-práctico utilizado para construir cosas con valor para el hombre). En el homo sapiens habita un homo habilis enamorado de su capacidad de transformar, retado por su necesidad de conocer y comprender el mundo, esperanzado en su bienestar como sinónimo de felicidad, fascinado con la idea de que existe porque imagina y aterrorizado porque, en ese orden de ideas, de su imaginar depende su presente.

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En la reflexión sobre el qué y el cómo hacer, el saber hacer conquista una importancia inusitada bajo la urgencia de saber cómo ese saber hacer se da. Aquí aparecen aproximaciones como las de las trilogías creador-creatividad-creación, saber-destreza-instrumento y noción-concepto-categoría; las de la técnica inscrita en las relaciones entre renovación/progreso/evolución (en términos de encadenamiento de pensamiento experimental, esquema mecánico e instrumento para transformar la naturaleza, producir objetos útiles y realizar los fines del hombre); las de la ética como la posibilidad de libertad, dignidad y vida “buena” en tanto cuidado de sí y de los otros —humanitas, epimeleia y civilitas—. Un saber hacer que como techné debiera involucrar la totalidad de las potencias íntimas, sensibles y espirituales del hombre; denotar una inteligencia (aplicada) deliberadamente relacionada con las necesidades de producción y dominio de las contingencias; materializar objetos que obedecen a finalidades análogas a las de los seres vivos; comprender la complementariedad de la creatividad como proceso subjetivo y la innovación como proceso objetivo y “objetivante” de la realidad; entender el cambio como una constante; y dinamizar el conocimiento y la práctica de lo humano.

Gracias a las neurociencias, a la Psicología y al Psicoanálisis se ha descubierto la consciencia, el inconsciente; las ideas de que el conocimiento intuitivo es tan válido como el de la razón y de que la mente está distribuida en el cuerpo (pensamos con el cuerpo y no a la manera de categorías conceptuales); que se vive en un flujo de experiencias emocionales y racionales que encadenan actos intencionales.

El darse cuenta de la plasticidad del cerebro, de que la conducta humana trasciende la programación genética y cultural, de que lo que realmente hace único al hombre es su experiencia individual —sus informaciones, asociaciones, intensiones, decisiones, acciones, emociones y actitudes—, nos ubica, al menos en Occidente, frente a la revaloración de la vida emocional y del pensamiento divergente, y de su consecuente reto: buscar “gestionarlos” mejor. Un escenario como estos invita a la consciencia de sentirse, expresarse y vivirse holísticamente; a reinventarse bajo las ideas de congruencia y de potencia en lo que se ha denominado en la Psicología Gestalt “el aquí y el ahora”.

Entre las ideas de creatividad y de felicidad hay un puente intuitivo, sensitivo, racional; una plataforma de importancia decisiva para la humanidad, que tras la necesidad imperante de un humanismo global y local real, considera hoy la academia como objeto de estudio. Un ejemplo de ello es la experiencia pedagógica de la Colegiatura Colombiana que, asentada en una filosofía institucional humanista, confirma que estimular el “yo creativo” propicia el descifrarse como sujeto, como sociedad y como especie; hacerse cargo del mundo; recrearlo —desde los flujos emocionales, relacionales y mentales—, aprenderlo; en términos platónicos, recordarlo.

En la pregunta por el sentido, su “sentido” de institución de educación, Colegiatura imbrica saberes, moviliza recursos, reconquista el concepto de “amor pedagógico” y renueva la comprensión y la crítica de su práctica desde el planteamiento emancipador y democrático de la creatividad como el contexto donde el hombre piensa, imagina, experimenta y comunica su historia. Entiende la creatividad como “inquilina del saber”, que hace que el hombre se vuelva sobre sí mismo y se pregunte qué es y qué puede ser. En su horizonte como universidad, apunta al ejercicio libertario del pensamiento y de la acción creativa y comunicativa como posibilidades de subjetivación de los individuos y de la sociedad que la demanda; de manera tal que la opción interdisciplinaria de Colegiatura permita entender lo funcional, lo necesario, lo bello y lo placentero como realidades democráticas de bienestar material e inmaterial en el ámbito de la cultura. Si nuestro saber es el mapa de la realidad que vivimos, el saber en la Colegiatura es el que la creatividad descubre.

La apuesta institucional enfoca la creatividad como productora de consciencia, conocimiento, realizaciones y sentido. Una apuesta reflexiva, conceptual y práctica que vincula el colegio, el pregrado y el postgrado a la secuencia cognitiva nocional para el primero, la conceptual para el segundo, y la categórica para el tercero, asumidas todas en los escenarios de aprendizaje (académicos, culturales, sociales) desde la lúdica, la proyección profesional, y la responsabilidad social y empresarial.

Para afrontar con garantías de éxito los grandes retos de este siglo y poder atender eficazmente las crecientes demandas de desarrollo económico y social, es necesario promover la formación y la cualificación de las nuevas generaciones en términos de estimulación de la creatividad; de ahí que como saber y destreza, instrumento y política institucionales, el concepto se dimensiona desde el desafío, el compromiso y la responsabilidad con la educación y la comunidad. Así las cosas, el reto para la Institución va más allá de la transmisión de conocimientos; está en sustentar la oferta académica con nuevas metodologías de enseñanza para el tratamiento de problemas y necesidades de cambio, en reconfigurar los enfoques, los referentes y los planes de formación en aras de la creatividad.

En la búsqueda de una educación con sentido, Colegiatura Colombiana ha relacionado dos modelos del pensamiento lógico matemático: el silogismo aristotélico —entrelazamiento de proposiciones racionales— y el diagrama de Venn —representación de la relatividad de posibles relaciones—, y ha resignificado sus dinámicas, en tanto contenidos y contenedores de ideas, procesos y productos creativos. De esta manera se homologa su práctica pedagógica, la de la concienciación del ser humano sobre su potencia creativa, interventora y transformadora de mundos, con la combinación del pensamiento lógico de Occidente y el holístico de Oriente, como la mejor posibilidad de entender el verbo ser (en acción completa) y estar (en términos de cultivar y cuidar lo más humano del hombre).

La creatividad deviene en bienestar, en felicidad; una felicidad que hace que el hombre se reconcilie y reverencie la vida desde el amor por lo que hace, y en eso consiste la invitación.

Institución de Educación Superior sujeta a inspección y vigilancia por el Ministerio de Educación Nacional (DECRETO 1295 DE 2010, ARTÍCULO 39)