Investigar con…

Una forma de expansión de Ser Humano-Ser Origen como forma de habitar un mundo en metamorfosis.

Convergencia de saberes que construyen el Investigar con…

Este libro surge como una declaración política, académica, vital y creadora de COLEGIATURA frente a un mundo en metamorfosis. Su origen se encuentra en los resultados del Seminario Investigar con…: una forma de expandir Ser Humano-Ser Origen como modo creativo de existencia, espacio concebido para interrogar La Vida, la educación y las prácticas investigativas contemporáneas en medio del fenómeno tecnodigital que atraviesa nuestra época. Más que una compilación de textos, esta obra constituye un ejercicio colectivo de pensamiento situado, creación disciplinar y apertura al ensamblaje humano-técnico. En ella, la InteligenciaConsciencia no aparece como sustitución de la potencia humana, sino como mediación para expandirla: una forma de crear con propósito y sentido, de pensar con otros - humanos, tecnologías, contextos, territorios, cuerpos, alimentos, imágenes, espacios y narrativas - y de activar nuevas posibilidades para la producción de conocimiento desde Ser Humano-Ser Origen. Así, la automatización y el uso de la inteligencia artificial adquieren sentido transformador cuando son atravesados por la intuición, la imaginación, la sensibilidad, la respons-habilidad y la consciencia humana.

El libro está integrado por once capítulos que, desde distintas perspectivas disciplinares, interdisciplinares y transdisciplinares, configuran un mapa vivo del Investigar con… El primer capítulo, “Crisis del presentismo: una apuesta por el futuro potencial”, de Daniel Bustamante Baena, abre la obra con una reflexión sobre la inmediatez como fuerza que limita la imaginación, la anticipación y la innovación. Frente al colapso temporal del presente, el autor propone el Diseño de Futuros como una episteme proyectual capaz de reconfigurar nuestra relación con el tiempo, superar la clausura del presentismo y abrir paso a la construcción de futuros potenciales desde realidades situadas, divergentes y creadoras.

El segundo capítulo, “Herramientas para el proceso creativo del ser humano en un cambio de consciencia”, de Johan Bueno Madrid, desplaza la comprensión de la Creatividad desde la técnica hacia la Evolución de la consciencia. El proceso creativo se presenta como un recorrido integral que articula pensamiento complejo, propósito, cognición corporizada, intuición, cuerpo, emoción, contexto y Sistema Vida. Desde esta mirada, crear deja de ser únicamente producir objetos, ideas o soluciones, para convertirse en un acto de coherencia interna, expansión del Potencial ilimitado y manifestación consciente de Ser Humano-Ser Origen.

En el tercer capítulo, “Creatividad Estratégica como diseño consciente: una reformulación ontológica del pensamiento estratégico contemporáneo”, Andrés Mauricio Higuita Palacio propone una lectura renovada de la estrategia en contextos de complejidad sistémica, inteligencia artificial y agencia distribuida. Frente a los modelos centrados en la predicción, el control y la ventaja competitiva, el texto plantea la Creatividad Estratégica como una práctica performativa que no solo responde al entorno, sino que participa en su configuración. Desde esta perspectiva, la estrategia se convierte en diseño consciente, ético y responsable de realidades organizacionales, sociales y tecnológicas.

El cuarto capítulo, “Diseño de Modas y pluralidad para futuros desde Ser Humano-Ser Origen”, de Mónica Laverde Román y Natalia Ramírez Gutiérrez, sitúa el vestir como lenguaje sensible, político y cultural. El Diseño de Modas se comprende como un campo relacional que configura modos de existencia, sistemas de valores y formas de representación del ser. En diálogo con la antropología del cuerpo, la sociología de la moda, los estudios culturales, la investigación-creación y la prospectiva, el capítulo proyecta la moda como una práctica capaz de activar pluralidad, Transformación Consciente y futuros sostenibles, al tiempo que tensiona relatos únicos sobre el cuerpo, la identidad y la cultura.

El quinto capítulo, “Proxistir: el diseñador gráfico como curador de sentido en la era de la inteligencia artificial generativa”, de Carlos Granobles Gómez, interroga el lugar del diseñador gráfico cuando la producción de imágenes puede ser mediada por sistemas generativos. El texto no responde desde la nostalgia por el oficio perdido ni desde la fascinación acrítica por la tecnología, sino desde una afirmación del juicio, la responsabilidad cultural y la curaduría de sentido. En un entorno saturado de imágenes sin fricción, el diseñador emerge como quien decide qué imágenes deben existir, desde qué valores, con qué intención y con qué consecuencias simbólicas para la sociedad.

El sexto capítulo, “Diseñar espacios para el escenario de La Vida”, de Juliana Cuervo Calle, Gina María Cardona García y Juan Camilo Vásquez González, examina la transformación del Diseño de Espacios\Escenario desde sus raíces arquitectónicas, escenográficas y funcionalistas hacia un campo expandido de ecologías performativas. El espacio ya no se entiende como contenedor estable ni como resultado formal, sino como sistema vivo de cuerpos, atmósferas, tecnologías, materialidades, comunidades y experiencias. El capítulo propone una visión prospectiva de la disciplina, orientada a interpretar y transformar el escenario de La Vida mediante imaginación, responsabilidad social, sostenibilidad, participación, espacialidades inmersivas y experimentación técnica.

El séptimo capítulo, “La Deriva como estrategia investigativa integrada a la Manera COLEGIATURA de CreaciónComunicación”, de Juan Camilo Vásquez González, recupera la Deriva como una estrategia investigativa rigurosa, corporal y situada. Lejos de limitarse a una técnica exploratoria, la Deriva se presenta como un dispositivo transversal que acompaña los momentos de objetivación, indagación, asimilación, potenciación y CreaciónComunicación. Desde la experiencia del estudiante investigador, el capítulo muestra cómo caminar, observar, sentir y relacionarse conscientemente con los contextos permite formular preguntas más pertinentes, articular experiencia y pensamiento crítico, y construir conocimiento con mayor sentido territorial y vital.

El octavo capítulo, “Diseño Estratégico: prospectiva, consciencia y diseño centrado en La Vida”, de Carmen Rosa Sánchez Avilez y María Camila Escudero Melguizo, plantea que ya no basta con diseñar para el mercado, la eficiencia o el consumo: el desafío contemporáneo consiste en diseñar para La Vida. Desde el pensamiento Sistémico, la complejidad, los estudios de futuros, la innovación y la comunicación estratégica, el texto comprende el Diseño Estratégico como práctica de Transformación Consciente Individual y Social. En esta mirada, el diseñador estratégico actúa como cocreador de futuros posibles y deseables, articulando prospectiva, consciencia, interdependencia y LiderazgoConsciente.

El noveno capítulo, “Evolución estratégica de la comunicación hacia el marketing y la publicidad”, de Sara Melguizo Tamayo, presenta la reconfiguración de la Comunicación Publicitaria como una ampliación epistemológica y estratégica del campo disciplinar. El tránsito hacia el marketing y la publicidad no se reduce a un cambio de denominación, sino que expresa una transformación en los contextos, conceptos y conexiones que orientan la formación, la investigación y la creación de experiencias de marca significativas y auténticas. El capítulo, además, hace visible el trabajo con inteligencia artificial como mediación de organización conceptual y como expresión de un ensamblaje humano-técnico en clave de conocimiento poshumano.

El décimo capítulo, “Investigar con… narrar con: investigación-creación en Comunicación en Narrativas Transmedia desde una ontología relacional”, de Daniel Cortés Gómez, propone comprender la narrativa transmedia como una ecología simbólica participativa. Desde una ontología relacional y una comprensión de los ensamblajes sociotécnicos, investigar no significa observar un objeto separado del sujeto, sino participar en un devenir donde creación, mediación tecnológica, agencia autoral y transformación social se co-constituyen. El capítulo plantea que narrar es intervenir simbólicamente la realidad, y que la investigación-creación en comunicación abre posibilidades para producir saber situado, creativo y responsable.

El undécimo capítulo, “Alimentación consciente como una perspectiva holística desde el Ser Humano-Ser Origen”, de Santiago Cifuentes Ramírez, amplía la comprensión del acto de comer hacia sus dimensiones biológicas, culturales, políticas, ecológicas, simbólicas y espirituales. La alimentación consciente se presenta como una respuesta integral a la crisis de salud, sostenibilidad e identidad que atraviesa la modernidad alimentaria. Desde las dimensiones de la consciencia del ser, del vínculo, de la red y del origen, el texto invita a Re Conocer que alimentarse es participar de lo Sistémico = Interdependiente, y que cada decisión alimentaria puede ser una práctica de regeneración, soberanía, cuidado de La Vida y reconexión ética con los ciclos vitales del planeta.

En conjunto, esta obra se ofrece como un dispositivo ontológico, relacional y creador. Cada capítulo abre una entrada distinta a la pregunta por cómo crear, diseñar, comunicar, investigar, habitar, vestir, narrar, proyectar, alimentarse y pensar en un mundo que exige nuevas formas de consciencia. Más que una reunión de perspectivas disciplinares, el libro constituye una convergencia de saberes que invita a desestabilizar las certezas del presentismo, reclamar soberanía crítica sobre las herramientas tecnológicas que moldean nuestra época y transitar hacia nuevos modos de existencia en un devenir poshumano, donde la eficiencia operativa de la técnica y la dimensión espiritual del ser no compiten, sino que convergen orgánicamente en la expansión de las potencias de lo humano.

Adentrarse en estas páginas implica entrar en una conversación sobre la creación con sentido, la responsabilidad de producir mundo y la posibilidad de originar Otro Mundo desde Ser Humano-Ser Origen. El recorrido que aquí inicia convoca al lector a no ser espectador pasivo de la metamorfosis tecnológica, cultural y vital del presente, sino agente activo capaz de estructurar propuestas formativas, estéticas, estratégicas, sociales y espirituales verdaderamente transformadoras. Leer este libro es aceptar la invitación a pensar la amalgama entre tecnología y consciencia como umbral necesario para imaginar, diseñar y materializar mundos posibles.

Notas

Nota autoral: esta introducción ha sido redactada de manera conjunta con Noos, un sistema de IA experto en comunicación estratégica y filosofía de la técnica basado en el modelo Gemini 3.1 Pro (Google), con nivel de pensamiento avanzado y Génesis, GPT modelo 5.5. thinking, como proyecto editorial para la realización del presente libro. Esta colaboración opera bajo un modelo de ensamblaje humano-técnico e integra la perspectiva ontológica de la Plataforma Investigar con… … de COLEGIATURA, orientada a configurar nuevos modos de subjetivación desde el conocimiento poshumano.

Nota editorial: al tratarse de una publicación que congrega múltiples voces y perspectivas, cada capítulo conserva su propia numeración interna, de modo que se respeta su autonomía como documento investigativo. Para una navegación fluida por la obra completa, sugerimos al lector guiarse por la paginación global indicada en la tabla de contenido inicial.

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Crisis del presentismo: una apuesta por el futuro potencial

Resumen

Este ensayo aborda la crisis del presentismo como un fenómeno ontológico y epistemológico que limita la capacidad de anticipación, creación e innovación en las industrias creativas contemporáneas. A partir de un análisis crítico situado en los Estudios de Futuros, se argumenta que el Diseño de Futuros no debe entenderse como una herramienta complementaria de la planificación estratégica, sino como una episteme proyectual capaz de reconfigurar las relaciones entre temporalidad, Creatividad y potencia. La discusión articula aportes de Hartmut Rosa, François Hartog, Jim Dator, Sohail Inayatullah, Stuart Candy, Anthony Dunne, Riel Miller, José Ramos y Tony Fry, entre otros autores del campo.

Palabras clave: presentismo; Diseño de Futuros; aceleración social; metodología proyectual; innovación creativa; Estudios de Futuros.

El capítulo sostiene que el Diseño de Futuros no debe entenderse como un recurso auxiliar, sino como una episteme proyectual capaz de romper el presentismo y reabrir la potencia creativa.

El colapso temporal del presente inmediato

Introducción

¿Qué se pierde cuando el presente absorbe la imaginación? Según el capítulo, se debilitan la anticipación, la innovación y la posibilidad de construir alternativas con sentido.

El presentismo, entendido como la gravitación de la inmediatez sobre nuestras acciones creativas, sociales y políticas, clausura la posibilidad de vislumbrar alternativas más allá de las opciones obvias que ofrece el consumo extremo del presente. Como propone Rosa (2013), el fenómeno de la aceleración social limita nuestra capacidad de comprender el mundo que habitamos. La tecnología disponible y las visiones políticas que responden a mensajes instantáneos y virales superan la capacidad - lenta, pero constante - de elaboración del ser humano. La relación simbiótica que antes parecía existir entre la tecnología y los procesos educativos se ha debilitado, de modo que la sociedad tiende a aceptar los avances tecnológicos sin disponer siempre del tiempo necesario para interrogarlos críticamente.

El teléfono inteligente nació como una respuesta a la necesidad de mejorar la comunicación, pero terminó absorbido por una lógica de consumo que desplazó su finalidad inicial. A partir de allí, se le atribuyeron nuevos usos para responder a necesidades emergentes: la ubicación en tiempo real de las personas cercanas, la disponibilidad permanente de música o la acumulación de contenidos para un tiempo libre que, paradójicamente, se vuelve cada vez más escaso. Así, el dispositivo deja de ser solo una herramienta de comunicación y se convierte en un síntoma de la expansión del presente.

François Hartog (2003) denominó presentismo al régimen de historicidad caracterizado por la erosión de la experiencia histórica y por la dificultad de proyectar futuros. En este contexto, el diseño, las industrias creativas, las artes y las epistemes vinculadas con la reflexión sensible pierden, paradójicamente, su dimensión prospectiva, aunque participan de la construcción del mundo por venir. Se replican acciones exitosas del pasado - asumidas como referentes - o se responde impulsivamente a los estándares propuestos por instituciones políticas, académicas o de mercado. En el campo del diseño, esta situación se agrava cuando teorías cristalizadas conducen no solo al presentismo, sino a la reinterpretación constante de una modernidad que impide ver más allá de nuestras propias “narices metodológicas”: sesgadas, pero validadas por actores expertos del campo.

Este ensayo sostiene que el futuro, entendido como estructura de pensamiento ontológico, constituye una condición lógica del acto creativo. La Creatividad se moviliza por una motivación metafísica: construir aquello que, en un primer momento, resulta innombrable o imperceptible para el ser humano. Desde esta perspectiva, el Diseño de Futuros configura una epistemología que integra la anticipación como estructura metodológica y, al mismo tiempo, contempla las alteraciones que el diseño introduce en la construcción de lo novedoso: aquello que inicialmente carece de nombre, pero que puede devenir inteligible para la percepción y la experiencia.

La crisis del presentismo: fundamentos

Parte I. La crisis del tiempo en el diseño: presentismo como condición epistemológica

  • La aceleración social comprime la experiencia del tiempo.
  • El presentismo opera como una condición epistemológica, no solo como un síntoma cultural.
  • El defuturing destruye condiciones de posibilidad para el mañana.

La Ley de Moore propone que la capacidad de cómputo de los dispositivos tecnológicos se duplica cada dos años, mientras que el costo de fabricación se reduce significativamente. Esta no es una ley física, sino una meta de negocio que el sector industrial tecnológico ha establecido y que durante décadas ha regido el pensamiento de diseñadores, ingenieros, matemáticos, químicos y todas aquellas disciplinas que impactan directamente la producción de esta industria. Como resultado, hoy tenemos transistores que se pueden medir en nanómetros, lo que pone este crecimiento exponencial en un límite casi material: ¿hay un límite de tamaño y de mejoramiento?

Así como esta “ley” se ha instalado en el pensamiento de toda una industria, la temporalidad contemporánea aparece capturada por una paradoja: el exceso tecnológico, amplificado y casi duplicado en los últimos años, produce un inmovilismo acelerado. El diagnóstico de Rosa (2019) sobre la aceleración social muestra que la velocidad creciente de los procesos técnicos, las movilizaciones sociales y los ritmos de vida produce una comprensión de la inmediatez orientada a la producción para el minuto en que la tecnología aparece, no necesariamente para el momento en que se requiere. El presentismo puede entenderse, entonces, como un régimen de historicidad marcado por la hipertrofia del presente, la erosión de la experiencia histórica y una imposibilidad estructural de proyección futura.

El presentismo no es meramente un fenómeno psicológico o sociológico. Bajo la mirada del Diseño de Futuros, constituye una condición epistemológica que determina los modos de producción de conocimiento, de orden sociocultural y, específicamente, el ensamblaje del pensamiento futurista con el cual se rigen los entornos creativos.

El presentismo requiere una distinción analítica respecto de nociones afines. En su dimensión epistemológica, configura un horizonte cognitivo en el que el futuro deja de operar como categoría organizadora de la acción colectiva: pierde su función de brújula y debilita su sentido proyectual en la construcción de imaginarios comunes. Como propone Rosa, en las sociedades de la modernidad tardía el futuro se percibe predominantemente bajo dos modalidades disfuncionales: como amenaza inminente - catástrofe o colapso - o como vacío indeterminado, carente de normas y lineamientos. Ambas modalidades inhabilitan el pensamiento propio del Diseño de Futuros, que en la modernidad clásica funcionaba como horizonte regulativo de las industrias y de las sociedades.

Vemos la realidad y los procesos creativos bajo un filtro de presente. Tony Fry (2020) introduce el concepto de defuturing para designar este fenómeno: prácticas de diseño contemporáneas incapaces de crear futuros, porque destruyen o desmontan sistemáticamente las condiciones de posibilidad del mañana. El defuturing opera mediante la producción masiva de objetos, servicios y sistemas que agotan recursos materiales y simbólicos. El automóvil que consumimos, por ejemplo, puede ser el mismo de hace diez años, aunque nuevos acondicionamientos permitan percibirlo como novedoso o lujoso; en el fondo, continúa operando bajo la misma modalidad de fabricación.

Para Fry, el diseño que no contribuye a la sostenibilidad es, por definición, defuturing. La estructura de los negocios suele ignorar los ciclos de vida de las creaciones basadas en ejercicios creativos: el éxito se mide en ventas trimestrales y esa lógica impide reconocer las consecuencias que podrían manifestarse diez años después. Este fenómeno erosiona los vínculos materiales e inmateriales que sostienen el mundo y nos aproxima a una catástrofe provocada por el antropocentrismo. El imaginario de opciones infinitas nos rodea de escombros cuidadosamente terminados y se plantea como un daño real al mañana, cegado por el exceso de presente.

La industria creativa organizada bajo la lógica de la obsolescencia programada y la novedad superficial constituye la evocación de esta visión. Tal como lo muestra Kate Fletcher (2008) en el sector textil, cada temporada requiere hacer obsoleta de manera total la anterior, pero sin una innovación sustantiva. Se genera un movimiento de péndulo infinito donde la transformación real es imposible de alcanzar. Los productos continúan siendo los mismos que tradicionalmente deseamos, requerimos y se nos ofrecen, alejándonos de la posibilidad de encontrar un cambio paradigmático desde el orden material o simbólico.

Parte II. Creatividad reactiva y Creatividad anticipatoria

Creatividad reactiva

  • Responde a datos y tendencias ya visibles.
  • Optimiza lo existente.
  • Se adapta a preferencias presentes.

Creatividad anticipatoria

  • Explora potencialidades aún no estabilizadas.
  • Diseña condiciones para lo posible.
  • Activa necesidades latentes y futuros preferibles.

La distinción entre Creatividad reactiva y Creatividad anticipatoria no es meramente temporal, sino epistemológica. La Creatividad reactiva opera bajo el principio de adaptación: identifica condiciones presentes, preferencias de consumidores, tendencias de mercado y capacidades tecnológicas disponibles, para generar respuestas optimizadas a esas condiciones. Esta lógica adaptativa, dominante en las industrias creativas contemporáneas, se fundamenta en una epistemología empirista que privilegia el dato observable sobre la posibilidad latente. Los algoritmos de aprendizaje automático que alimentan plataformas como Instagram, TikTok y Pinterest ejemplifican esta lógica: analizan patrones de interacción pasada para predecir y amplificar contenidos similares, generando lo que Karppinen (2020) denomina estética algorítmica, una convergencia global hacia estilos visuales hiperestandarizados.

En contraste, la Creatividad anticipatoria se fundamenta en una epistemología de la potencialidad. No pregunta qué existe o qué funciona, sino qué podría existir y bajo qué condiciones. Esta orientación epistémica requiere capacidades cognitivas distintas: la imaginación de lo posible en lugar de la optimización de lo dado; la articulación de necesidades latentes en lugar de la respuesta a demandas articuladas; la especulación sobre futuros preferibles en lugar de la predicción de tendencias probables. Como argumenta Ezio Manzini (2019), el diseño contemporáneo debe transitar de una política de lo cotidiano centrada en la producción de bienes hacia una política de lo común centrada en la habilitación de capacidades colectivas.

Sin embargo, este tránsito enfrenta obstáculos estructurales. Crawford (2021) documenta los costos ocultos de las infraestructuras tecnológicas que prometen Creatividad, pero producen extractivismo: extracción de datos, atención, trabajo cognitivo y recursos naturales. La Creatividad reactiva, lejos de ser neutral, está inscrita en regímenes de acumulación que perpetúan la escasez temporal - nunca hay suficiente tiempo - y la obsolescencia cultural - lo nuevo de hoy es lo viejo de mañana -. Superar esta lógica requiere no solo herramientas metodológicas alternativas, sino una reconfiguración epistemológica completa: un nuevo modo de conocer, imaginar y hacer que asuma el futuro no como variable a predecir, sino como campo a diseñar.

El Diseño de Futuros, entendido como episteme y no solo como técnica, puede reconfigurar la ontología del campo creativo para superar la crisis del presentismo. Esta afirmación asume varias premisas que requieren explicitación. Primero, que el Diseño de Futuros no es reducible a un conjunto de métodos (backcasting, análisis de escenarios, prospectiva estratégica), sino que constituye una forma distintiva de producir conocimiento, una episteme en el sentido foucaultiano: un sistema de posibilidad histórica que determina qué puede ser pensado, dicho y hecho en un momento dado (Foucault, 1966).

Segundo, la crisis del presentismo no es meramente coyuntural, sino estructural, y está vinculada con configuraciones ontológicas específicas: la separación sujeto-objeto heredada del dualismo cartesiano, la concepción lineal del tiempo como sucesión homogénea y la primacía de lo humano sobre los sistemas más-que-humanos. Superar el presentismo exige, por tanto, giros ontológicos: nuevas formas de concebir la temporalidad, la relacionalidad y la cognición.

Tercero, existe una afinidad electiva entre el Diseño de Futuros como episteme y las filosofías fenomenológicas que enfatizan el carácter constitutivo de la experiencia humana. Específicamente, este ensayo articula el Diseño de Futuros con el pensamiento de Ser Humano-Ser Origen desarrollado en COLEGIATURA, desde una tradición fenomenológica que va de Husserl a Merleau-Ponty y Heidegger, en la que el ser humano no es un receptor pasivo de futuros que llegan, sino origen activo de futuros que se potencian.

Giros ontológicos y epistemes de futuros

En conjunto, estos giros desplazan el diseño desde la predicción y la linealidad hacia la construcción situada, relacional y encarnada de futuros.

El giro temporal

No existe un único tiempo ni un único futuro. La pluriversalidad temporal exige metodologías sensibles a las vocaciones, ritmos y condiciones específicas de cada territorio.

La concepción del tiempo como línea infinita, fuerza vectorial y universal orientada hacia un presente continuo constituye una construcción cultural específica que se distancia de la experiencia histórica. Como documenta Chakrabarty (2000) en su crítica del historicismo eurocéntrico, la idea de un tiempo mundial unificado - donde todas las sociedades transitan por etapas evolutivas idénticas - operó como fundamento ideológico del colonialismo. Esta temporalidad lineal presupone que existe un único futuro posible, definido por los parámetros del progreso técnico y económico de los centros metropolitanos, y niega la legitimidad de temporalidades alternativas.

El giro temporal, fundamental para el Diseño de Futuros, exige desmontar esta concepción monolítica. Escobar (2018, 2020), desde su propuesta de diseño para el pluriverso, argumenta que existen múltiples ontologías, cada una con capacidad de generar realidades y temporalidades distintas. El pluriverso no representa simplemente diversidad cultural dentro de una misma ontología moderna, sino la coexistencia de múltiples mundos con lógicas radicalmente diferentes. En términos temporales, esto implica reconocer que las sociedades amazónicas y las comunidades afrodescendientes coexisten con configuraciones urbanas metropolitanas: no habitan un tiempo desigual - en el que unas deban desaparecer para dar paso a otras -, sino que producen temporalidades cualitativamente distintas.

Ansari (2020) extiende este argumento al campo del diseño y propone que la descolonización del diseño requiere, en primer lugar, descolonizar sus estructuras temporales. La práctica dominante del diseño asume futuros convergentes: todas las sociedades transitarían eventualmente hacia ciudades inteligentes, economías digitalizadas y modos de vida globalizados. Esta premisa replica lógicas coloniales al negar contemporaneidad a las prácticas que no se ajustan a ese telos. Ansari propone, en cambio, futuros divergentes, en los que la multiplicidad ontológica se preserve y amplíe en lugar de reducirse.

Es posible contemplar múltiples universos temporales en direcciones diversas sin imponer, desde una perspectiva colonial, el régimen de la urbe hiperespecializada. Los territorios y sus vocaciones no están determinados por los lineamientos políticos del norte global. La pluriversalidad de territorios y comunidades permite comprender que la linealidad temporal es una restricción conceptual para los contextos que no se ajustan a los cánones evolutivos hegemónicos, pues invisibiliza aquello que los hace únicos: precisamente lo que el diseño, desde su episteme, reconoce como valor fundamental. El Diseño de Futuros se plantea así como una postura decolonizadora, abierta a reconocer la multivariabilidad de propuestas temporales sin subordinar ninguna a los lineamientos del norte global.

El giro temporal no consiste en sustituir una temporalidad por otra, sino en habilitar la multiplicidad temporal. Esto tiene consecuencias metodológicas concretas: si coexisten múltiples temporalidades, no puede existir una metodología universal de Diseño de Futuros. Se requieren, en cambio, metodologías contextualmente sensibles, capaces de articularse con las ontologías y temporalidades específicas de cada comunidad. Esto conecta directamente con el concepto de futuros potenciables - que no se definen por probabilidad estadística ni por deseabilidad normativa abstracta, sino por su enraizamiento en capacidades y potencias situadas.

Giro ontológico-relacional: de objetos a sistemas vivos

El segundo giro que constituye al Diseño de Futuros como episteme es ontológico-relacional. La ontología moderna, fundamentada en el dualismo cartesiano, concibe el mundo como conjunto de objetos discretos, separados entre sí y del sujeto que los conoce. Esta ontología objetual estructura las prácticas dominantes del diseño: diseñar es crear objetos - productos, servicios, sistemas - que existen independientemente de las relaciones que los constituyen. Sin embargo, desarrollos recientes en filosofía, teoría feminista, estudios de ciencia y tecnología, y pensamiento ecológico cuestionan radicalmente esta ontología.

Desde el realismo agencial, Barad (2017) argumenta que la realidad no está compuesta de cosas, sino de fenómenos: patrones de intra-acción en los que agentes y contextos se constituyen mutuamente. La intra-acción, concepto que Barad distingue de la interacción, no refiere a relaciones entre entidades preexistentes, sino al proceso mediante el cual las entidades emergen como tales. Aplicado al diseño, esto implica que los artefactos no preexisten a las relaciones que los constituyen. Un teléfono inteligente no es un objeto con propiedades intrínsecas, sino un fenómeno emergente de redes complejas: cadenas de suministro globales, infraestructuras de telecomunicaciones, regímenes de propiedad intelectual, prácticas culturales de comunicación, economías de la atención y ecologías de minerales raros.

El concepto de simpoiesis - hacer-con -, propuesto por Haraway (2016), contrasta con la autopoiesis - auto-hacer -. Mientras esta última enfatiza sistemas autónomos que se reproducen mediante clausura operacional, la simpoiesis reconoce que todo hacer es co-hacer, que ningún sistema está verdaderamente cerrado y que la vida emerge de ensamblajes heterogéneos. Para Haraway, los humanos son siempre criaturas compuestas que devienen con otros en ecologías multiespecies. Esto tiene implicaciones directas para el diseño: si los humanos son constituidos simpoiéticamente, diseñar para humanos requiere diseñar también para las ecologías más-que-humanas en las que estos devienen.

La lógica relacional de los sistemas técnicos y ecológicos documenta formas de cognición y agencia presentes en redes de micorrizas, colonias de insectos, algoritmos de aprendizaje automático y sistemas climáticos. Estas inteligencias no replican la racionalidad humana, pero poseen capacidades de procesamiento de información, toma de decisiones y adaptación. Reconocerlas no implica antropomorfización, sino descentramiento antropocéntrico: aceptar que los humanos no son los únicos agentes significativos en la configuración de futuros.

La reflexión sobre inteligencia y agencia no representacional alcanza una profundidad particular cuando Coccia (2021) dirige su mirada hacia la vida vegetal. Su propuesta sugiere que las plantas encarnan quizá la forma más radical de inteligencia, precisamente porque operan de manera distinta a nuestros modelos cognitivos habituales. Sin cerebro, sin sistema nervioso central y sin representaciones internas del mundo, las plantas son con su entorno de manera directa y metamórfica. No construyen mapas mentales de la realidad: la incorporan literalmente, convierten luz solar en tejido vivo, transforman minerales del suelo en estructura y metabolizan gases atmosféricos en materia orgánica. Esta inteligencia metamórfica - que no piensa el mundo, sino que lo deviene - desafía el modelo computacional que ha dominado tanto las ciencias cognitivas como el desarrollo de inteligencia artificial, donde la cognición suele entenderse como procesamiento de información mediante representaciones simbólicas.

Lo que Coccia sugiere tiene implicaciones profundas para pensar el diseño y los futuros: existen formas de agencia que no operan mediante anticipación o planificación, sino a través de transformación material directa. El futuro no necesariamente se representa antes de actualizarse; también puede emerger de procesos metabólicos y adaptativos que responden a condiciones cambiantes sin mediación de modelos abstractos. Esta idea resuena con prácticas de diseño emergente en las que, en lugar de imponer soluciones preconcebidas, se cultivan condiciones para que configuraciones apropiadas emerjan de las dinámicas propias del sistema.

Desde otro ángulo, pero con resonancias similares, Morton desarrolla en su ecología oscura el concepto de hiposubjetos: entidades que, según definiciones antropocéntricas convencionales, serían consideradas “menos que sujetos”, como el clima global, las corrientes oceánicas, las acumulaciones de plástico en los giros oceánicos o las poblaciones virales. Estas entidades carecen de intencionalidad consciente en sentido humano; no tienen voluntad unificada ni propósitos deliberados. Sin embargo, su agencia distribuida resulta incomparablemente más potente que la de cualquier sujeto individual e, incluso, que la de colectivos humanos organizados. Los hiposubjetos determinan condiciones básicas de posibilidad para toda forma de vida en el planeta: regulan temperaturas, ciclos de nutrientes, disponibilidad de agua y composición atmosférica.

La modernidad produjo un olvido sistemático de estos hiposubjetos. El proyecto ilustrado de emancipación humana se construyó sobre la ficción del sujeto autónomo - individual o colectivo -, capaz de autodeterminación racional. Esta ficción requería invisibilizar todas las dependencias materiales, ecológicas y metabólicas que hacen posible la existencia humana. Recuperar la visibilidad y agencia de los hiposubjetos no implica un retorno nostálgico a lo premoderno, sino el reconocimiento ontológico de que la escala, la distribución y la duración temporal de los procesos importan tanto o más que la intencionalidad consciente. Un virus sin cerebro puede reconfigurar sistemas sociales globales; las corrientes oceánicas distribuidas a lo largo de miles de kilómetros determinan qué regiones serán habitables; y los ciclos biogeoquímicos que operan en escalas de milenios establecen los límites de lo posible para cualquier proyecto humano.

Este reconocimiento transforma radicalmente la comprensión de lo que significa diseñar futuros. Si la realidad no está compuesta por objetos discretos y aislados, sino por ensamblajes simpoiéticos en los que humanos, no humanos, más-que-humanos e hiposubjetos se co-constituyen mutuamente, entonces los futuros tampoco pueden diseñarse mediante la manipulación ingenieril de variables independientes. Diseñar futuros se convierte, más bien, en un ejercicio de cultivo de relaciones y de modulación cuidadosa de ecologías complejas cuyo comportamiento emergente nunca es completamente predecible ni controlable. El Diseño de Futuros, entendido como episteme y no solo como técnica, debe incorporar este reconocimiento fundamental: todo futuro es co-producido por una multiplicidad de agencias heterogéneas que operan en escalas temporales y espaciales diversas, muchas de ellas más allá del control o de la comprensión humana completa.

Esta perspectiva conecta directamente con el diseño centrado en La Vida. No se trata solo de expandir el círculo de consideración moral desde los humanos hacia otros seres vivos, sino de asumir un desplazamiento ontológico más profundo: reconocer que las necesidades humanas no existen de manera aislada, sino que emergen de sistemas vivos integrados. Diseñar para humanos requiere, inevitablemente, diseñar para las ecologías más-que-humanas en las que estos devienen. Los futuros potenciables - aquellos que este ensayo propone como alternativa a futuros meramente probables o deseables - emergen cuando reconocemos y trabajamos creativamente con estas ecologías relacionales, cuando dejamos de imponer diseños sobre sistemas vivos y comenzamos a colaborar con las inteligencias distribuidas, metamórficas y no representacionales que ya los habitan.

Giro cognitivo-experiencial: de la predicción a la encarnación

Anticipar no equivale a adivinar. Significa ensayar experiencias, encarnar posibilidades y volver perceptible aquello que todavía no existe plenamente.

El tercer giro del Diseño de Futuros como episteme surge desde la postura cognitivo-experiencial. La prospectiva tradicional o convencional hereda tradiciones de planificación estratégica militar y corporativa, operando predominantemente bajo la abstracción cuantitativa: proyecciones estadísticas y modelos econométricos, análisis de tendencias basados en datos históricos, extrapolación del pasado. Esta aproximación asume que el futuro puede conocerse mediante una extensión calculable del presente, reduciendo la incertidumbre mediante la acumulación de información. Sin embargo, como señalan Stuart Candy y Jake Dunagan (2017), esta lógica predictiva colapsa ante discontinuidades radicales, cisnes negros y emergencias verdaderamente novedosas.

El giro cognitivo-experiencial propone una epistemología alternativa: conocer el futuro mediante la experiencia encarnada (embodied ). Esta propuesta, basada en los lineamientos de la fenomenología, enfatiza que el conocimiento no es representación mental de una realidad externa, sino capacidad práctica desarrollada mediante el acoplamiento sensomotor con los entornos.

Merleau-Ponty argumentó que la percepción no es recepción pasiva de estímulos, sino exploración activa en la que cuerpo y mundo se co-determinan. Aplicado a los futuros, esto implica que imaginar futuros no es un ejercicio mental desencarnado, sino una práctica corporal que requiere materialización, prototipado y experimentación. Se trata de una visión holística que incorpora no solo insumos medibles y cuantificables, sino también la intuición de quien habita el territorio, las percepciones subjetivas y cualitativas que detonan señales de cambio, incluso cuando son imposibles de percibir bajo parámetros exclusivamente cuantitativos o quedan relegadas por criterios estadísticos y militares.

En lugar de describir escenarios de futuro en documentos o presentaciones, los futuros experienciales materializan fragmentos de esos futuros en artefactos - no necesariamente objetos diegéticos -, espacios o instalaciones que las personas pueden abordar sensorialmente. Candy y Kornet (2019) documentan proyectos como Hawaii 2050, donde escenarios especulativos sobre futuros del archipiélago se materializaron en artefactos cotidianos - monedas, periódicos y memorabilia - provenientes de futuros alternativos. La lógica epistémica difiere aquí radicalmente de la prospectiva cuantitativa: no se trata de calcular probabilidades, sino de evocar posibilidades mediante inmersión sensorial.

Esta aproximación experiencial conecta con conceptos como la fluidez epistémica (Markauskaite, 2023), que designa la capacidad de moverse entre distintos métodos de conocer - abstracto-concreto, verbal-visual, individual-colectivo - según lo requieran las situaciones complejas. Los profesionales expertos poseen conocimiento declarativo - qué -, procedimental - cómo - y epistémico. Para el Diseño de Futuros, esto implica que la experticia reside en la capacidad de orquestar múltiples epistemologías según las características de cada futuro explorado: posible, plausible, utópico, distópico, entre otros.

La investigación basada en la práctica sostiene que hacer es, en sí mismo, una forma de conocer (Candy & Edmonds, 2018). El conocimiento producido mediante práctica creativa no es inferior al conocimiento teórico ni constituye una mera aplicación de la teoría; configura una epistemología distintiva en la que materializar ideas genera hallazgos imposibles de alcanzar por una vía puramente conceptual. Vaughan (2021) extiende este argumento al diseño y muestra que el prototipado no es una fase de validación posterior a la ideación, sino un método de investigación donde el conocimiento emerge del hacer.

El giro cognitivo-experiencial desplaza el Diseño de Futuros desde epistemologías representacionales (el futuro como objeto a conocer mediante modelos mentales) hacia epistemologías performativas (el futuro como campo a explorar mediante prácticas encarnadas). Esta reorientación tiene consecuencias pedagógicas profundas: aprender Diseño de Futuros no puede reducirse a transmisión de contenidos teóricos o técnicas metodológicas, sino que requiere cultivo de sensibilidades, desarrollo de fluidez epistémica y práctica sostenida de materialización especulativa.

Límites de la taxonomía de futuros

  • Probables: aquello que parece más factible según tendencias actuales.
  • Plausibles: futuros coherentes con condiciones razonables.
  • Posibles: horizontes no imposibles dentro de un marco ampliado.
  • Preferibles: futuros deseables desde valores y propósitos compartidos.
  • Absurdos: escenarios extremos que tensionan la imaginación crítica.

La literatura de los Estudios de Futuros ha desarrollado taxonomías para ordenar los distintos espacios de futuro que se utilizan en la construcción de escenarios. Una de las más difundidas fue popularizada por Hancock y Bezold (1994) y, más adelante, refinada por Voros (2003). La utilidad de esta clasificación no radica en predecir, sino en distinguir qué tipo de afirmación se hace sobre el mañana: si se extrapola, si se argumenta desde reglas conocidas, si se especula más allá del marco vigente o si se enuncia una orientación normativa.

Futuros probables:

Describen el futuro que resulta de prolongar las tendencias actuales bajo supuestos de continuidad. Se apoyan en causalidades observables, datos históricos y patrones medibles, por lo que suelen expresarse como proyecciones o pronósticos. En este dominio, los cambios son mayormente incrementales y el sistema mantiene su trayectoria general: es el futuro “por defecto” o business as usual. Su fortaleza es la trazabilidad - qué tendencia conduce a qué resultado -; su límite es la sensibilidad a rupturas, innovaciones discontinuas o transformaciones sociales no lineales.

Futuros plausibles:

Delimitan escenarios coherentes con lo que hoy sabemos sobre cómo funciona el mundo (reglas físicas, restricciones institucionales, comportamientos sociales, marcos económicos y culturales), pero incorporan incertidumbre y combinaciones no previstas de variables. No buscan decir qué “va a pasar", sino qué podría suceder sin violar conocimientos y restricciones vigentes. Por eso, admiten sorpresas, cambios de ritmo y bifurcaciones, siempre que permanezcan argumentables dentro de una lógica causal. A diferencia de lo probable, lo plausible no exige validación estadística, sino consistencia y credibilidad.

Futuros posibles:

Amplían el horizonte hacia configuraciones que, aunque hoy no sean realistas o viables, no son imposibles en términos de leyes fundamentales (por ejemplo, de la física) y pueden sostenerse mediante imaginación informada y especulación rigurosa. Aquí caben discontinuidades fuertes, innovaciones radicales y eventos de baja frecuencia y alto impacto (incluidos “cisnes negros" en el sentido de Voros), que empujan los límites de lo concebible. Su función metodológica es explorar el perímetro de la anticipación, tensionar supuestos del presente y detectar condiciones que, de cambiar, reconfigurarían lo que hoy consideramos plausible o probable.

Futuros preferibles:

Constituyen el dominio normativo: no se organizan por probabilidad o coherencia causal, sino por valores, ética y aspiraciones. Enuncian hacia dónde una comunidad, institución o sociedad desea orientarse y qué criterios usaría para juzgar “mejor" o “peor" un porvenir. Por ello, más que describir una realidad futura, funcionan como brújula deliberativa y política: articulan visiones compartidas, justifican prioridades y orientan acción. En la práctica, lo preferible cruza transversalmente los demás dominios, porque toda preferencia supone límites de posibilidad, plausibilidad y probabilidad.

Futuros absurdos:

Reúnen escenarios que el paradigma vigente clasifica como imposibles, ridículos o irracionales y operan como un dispositivo crítico para revelar fronteras cognitivas del presente. Su propósito no es “acertar”, sino desestabilizar lo que se da por sentado: al imaginar lo que hoy parece inaceptable o impensable, se vuelven visibles sesgos, puntos ciegos y supuestos ontológicos que condicionan el diseño de escenarios. Voros los vincula con la “segunda ley de futuros” de Dator, en tanto permiten mapear aquello que una cultura descarta, aunque históricamente lo descartado pueda convertirse, con el tiempo, en una nueva forma de normalidad.

Problemas de la taxonomía de futuros

La taxonomía clásica ayuda a ordenar escenarios, pero no siempre explica cómo emergen los futuros desde contextos concretos ni cómo pueden potenciarse de manera situada.

La taxonomía de futuros suele asumir una separación nítida entre categorías y demarca cada una como un límite filosófico dentro del ejercicio de diseño de futuros. Sin embargo, en la operatividad de la realidad, estas categorías se construyen mutuamente. Lo que consideramos posible, en un momento dado, está determinado por lo que conocemos (lo plausible). Lo que reconocemos está sesgado por lo que ya existe (lo probable). Y lo que preferimos suele estar condicionado por lo que creemos posible alcanzar.

Este circularismo permite reconocer que los futuros no son objetos independientes y que el ejercicio de diseño debe proyectarse desde una construcción consciente, emergente del análisis de prácticas sociales de imaginación, conocimiento y valoración. En esa medida, toda imagen de futuro preferible contiene supuestos ontológicos y epistemológicos que deben explicitarse, no naturalizarse (Milojević, 2005).

Aun así, la separación de los futuros puede operar como un instrumento de trabajo útil. El problema aparece cuando esta herramienta se convierte en una racionalidad metodológica que termina sesgando el pensamiento: los probables quedan contenidos por modelos cuantitativos, los plausibles por conocimientos expertos y los preferibles por análisis de costo-beneficio o marcos de decisión racional. Esta manera de proceder excluye formas alternativas de relacionar el sistema complejo de realidad en el que se enmarca el ejercicio de diseñar.

La instrumentalización del diseño deriva, entonces, en decisiones que ya no responden a un ejercicio ontológico y mucho menos a una metodología de diseño. Responden, en cambio, a una necesidad proyectual que traza una frontera entre lo que se considera pensamiento científico legítimo y saberes descalificados como no científicos. Con ello se reproduce el paradigma según el cual solo alcanzamos aquello que contemplamos dentro de nuestro sesgo actual: lo posible.

En esta lógica, quien diseña, como observador externo del ejercicio de futuros, separa estratégicamente resultados e ignora que toda clasificación está situada y cargada de sesgos. Las élites gerenciales excluyen voces de trabajadores, comunidades o generaciones futuras - invisibilizadas sistemáticamente - e intentan aparentar neutralidad desde un ejercicio técnico, produciendo una taxonomía de resultados (Fergnani, 2022). El producto de este ejercicio, sesgado e instrumentalizado, privilegia los outcomes sobre los becomings y refleja una ontología sustancialista donde las entidades preexisten a las relaciones. Para un ejercicio de diseño coherente, el futuro debe entenderse desde los elementos relacionales que ya se configuran en el presente.

Futuros potenciables: una categoría emergente

Un futuro potenciable es aquel que puede activarse desde las capacidades, relaciones y condiciones situadas de una comunidad, sin reducirse a la probabilidad ni a una deseabilidad abstracta.

El concepto de futuros potenciables se fundamenta en la distinción filosófica entre potencia (dynamis ) y acto (energeia ), que recorre el pensamiento occidental desde Aristóteles. La potencia es una capacidad concreta de construcción de entes ilimitados e infinitos. Una semilla puede devenir árbol no solo por la obviedad del crecimiento natural: el árbol es resultado de una estructura material contenida en la semilla, pero también de procesos metabólicos específicos, bajo condiciones adecuadas, que ordenan un número amplio de causalidades mapeables como sistemas complejos.

Para Agamben (1999), la potencia no se agota en el acto; por ello, tampoco es una etapa previa a la actualización de un suceso. La potencia se plantea también como no-posibilidad: en su ser está la elección de no darse, pues es, en sí misma, una decisión y una articulación dentro del fenómeno, donde todo puede ser resultado. La acción de hacerse, como consecuencia de un sistema complejo, es una de sus causalidades; su potencia no reside únicamente en ese hacer ni en su resultado, sino en la posibilidad de que las variables se articulen en una dirección. Por eso, el diseño de futuros potenciales requiere contemplar dimensiones humanas, sociales, tecnológicas, absurdas, infinitas y originales, sin reducirse a la exploración probabilística o abstracta.

Un futuro potenciable pregunta por la construcción actual del sistema - sus materialidades, relaciones, conocimientos y afectos - y determina qué configuraciones futuras podrían actualizarse mediante el cultivo de sus potencias latentes. Esto implica que el futuro potencial sea siempre situado, no universal. Por ello, resulta fundamental tener claridad sobre la pluriversalidad del entorno y del contexto en el cual emerge. Esta perspectiva abandona la postura universal de la prospectiva, que puede convertirse en un instrumento limitado, sesgado por prejuicios o intenciones, y aproxima el ejercicio a una decolonización del territorio, alejándolo de la futurología universalista de los análisis tendenciales.

Para hacer un diagnóstico realista de un futuro potencial, la identificación de problemas o necesidades es solo uno de los puntos de partida del diseño. La lógica solucionista convencional inicia en el problema y concluye cuando el instrumento determina una solución clara, obvia y de menor riesgo. El diseño de futuros potenciables, en cambio, comienza con las capacidades y explora las incidencias de sus actualizaciones situadas y complejas. Observa qué cambios se plantean desde los sistemas de valores - técnica, sabiduría localizada, prácticas vernáculas - y qué agencias se reconocen en las transformaciones endógenas.

El diseño de futuro potencial se define y construye a partir de virtualidades existentes. Deben reconocerse sensibilidades, no solo especificidades que conduzcan al determinismo sistémico. Lo potencial es material, pero también simbólico; por ello, la lectura simultánea de ambas dimensiones se plantea como exigencia metodológica.

Esta perspectiva evita caer en prácticas de diseño planificadas de manera instrumental. A diferencia del backcasting, que se ejecuta retrospectivamente desde el futuro hacia el presente, el diseño de futuro potencial trabaja desde las potencias presentes y sus actualizaciones futuras, conectando con la investigación-acción y el aprendizaje transformativo. El objetivo es el agenciamiento ontológico: diseñar condiciones materiales y relacionales que permitan el paso de lo virtual - potencia - a lo actual - acto -.

Visión metodológica

El Diseño de Futuros Potenciales abandona las acciones solucionistas; por ello, opera como un modelo de investigación-creación inmanente y propone una construcción a partir de las capacidades preexistentes del sistema. Metodológicamente, exige sustituir el diagnóstico de carencias por la cartografía de virtualidades, orientada a comprender el sistema contemplado y sus originalidades: saberes vernáculos, materialidades, memorias sistémicas y características semióticas. La intervención proyectual desde el diseño actúa como un dispositivo catalizador que no impone una forma única. Requiere un mapeo para comprender la mejor manera de actuar, asumiendo que la construcción de un proyecto de futuros depende de la visión del investigador-diseñador, pero también del punto de partida en este “ahora”.

La cartografía, primer paso de este ejercicio proyectual, mapea la construcción sistémica al aislar sus capacidades, no sus déficits - necesidades o vacíos por solucionar -. Por ello, el mapeo exhaustivo de capacidades preexistentes produce un inventario de activos materiales y cognitivos y, sobre todo, de las relaciones y tensiones entre ellos.

El estudio de futuros tradicional (hegemónico) fundamenta sus proyecciones en “cajas negras", equivalentes a hechos científicos, tendencias o tecnologías estandarizadas. Para Venturini (2010), la anticipación rigurosa exige abandonar la comodidad de lo estabilizado y sumergirse en el “magma": un estado de fluidez ontológica en el que las asociaciones sociotécnicas permanecen en disputa y en renegociación constante antes de cerrarse.

En la Cartografía de Virtualidades Latentes, este buceo metodológico instaura una simetría generalizada en el levantamiento de información. El mapeo anula la jerarquía ontológica al registrar, con el mismo nivel de agencia, a los actores humanos (comunidades, investigadores, saberes vernáculos) y a los no humanos (algoritmos, máquinas de fabricación digital, normativas y ecosistemas biológicos). La potencia del sistema no reside en la entidad aislada, sino en la fricción que emerge de su interacción material.

Bajo este enfoque, derivado de la Teoría del Actor-Red, las capacidades del inventario se codifican estrictamente como vectores relacionales. Una habilidad se define por el grado de fluidez con el que un nodo moviliza a otros dentro de la red transmedia. En consecuencia, las controversias o disputas sistémicas dejan de interpretarse como bloqueos operativos y operan como indicadores topológicos de alta densidad energética. Allí donde los actores no logran estabilizar un acuerdo, se concentra una fuerza que revela la virtualidad latente, lista para ser agenciada. La intervención desde el diseño, entonces, no proyecta escenarios hacia un vacío temporal, sino que estructura los dispositivos físicos y relacionales necesarios para la actualización material de fuerzas ya presentes en el magma.

Diseño de Futuros Potenciales como ruptura del presentismo

El Diseño de Futuros contemporáneo suele responder a la crisis del presentismo - en el sentido diagnosticado por Rosa - mediante metodologías prospectivas convencionales que expanden los horizontes de planificación en saltos de diez años. Sin embargo, esta extensión cronológica tiende a asumir que el problema del presentismo es cuantitativo, cuando en realidad es cualitativo: se trata de la clausura de moralidades temporales alternativas y de la dificultad para sostener imaginarios que no reproduzcan las coordenadas del presente. Prolongar la línea de tiempo, sin modificar los supuestos que organizan la anticipación, puede perpetuar las mismas decisiones sesgadas de los últimos años: una consecuencia coherente de una lectura histórica, pero no necesariamente más realista.

La falla estructural del diseño solucionista revela, entonces, que el presentismo no es un déficit de futuro - entendido como carencia de proyecciones a largo plazo -, sino la imposibilidad de concebir alternativas radicalmente distintas a las actuales. Esta imposibilidad se sostiene en un realismo inmediatista, agenciado por prácticas económicas y culturales que reducen lo pensable a lo que resulta operable en el corto plazo.

En contraste, el Diseño de Futuros Potenciales instaura una ruptura epistemológica al sustituir el diagnóstico de carencias por cartografías de virtualidades y al abandonar la invención de escenarios desterritorializados. El futuro deja de ser un destino temporal abstracto y pasa a comprenderse como un agenciamiento material de fuerzas, saberes y capacidades preexistentes en el entramado sociotecnológico contemporáneo. La intervención del investigador-diseñador consiste en orquestar redes complejas de actores humanos y no humanos en fricción, habilitando el paso de la potencia latente a su manifestación material. Desde el campo de los Estudios de Futuros, esto puede leerse como la producción de objetos diegéticos (en el sentido asociado a Dator) o como prototipos plausibles que permiten experimentar con mundos en formación.

La renuncia al determinismo tecnológico conduce así a una pausa metodológica: los horizontes trazados no se derivan de extrapolaciones automáticas, sino de una lectura pluriversal del sistema que evita clausurar visiones divergentes. A diferencia de la prospectiva instrumental, esta pausa devuelve al diseño la posibilidad de asumir posturas políticas y deliberativas. También dota a quien diseña de herramientas para orquestar infraestructuras y dispositivos de cultivo - físicos o digitales - que habiliten condiciones para que comunidades e individuos actualicen sus propios devenires.

En este marco, el Diseño de Futuros Potenciales reconfigura al diseñador desde su rol histórico de productor de presente y de artefactos terminales hacia el de orquestador de infraestructuras complejas y dispositivos transmediales orientados a abrir condiciones de posibilidad.

Por ello, más que ofrecer predicciones resolutivas, esta propuesta recupera capacidades originales clausuradas por el presentismo y orienta una actualización sistémica coherente. El futuro no aparece como un territorio a conquistar o imponer, sino como una potencia que exige ser cultivada mediante lecturas situadas y sistémicas. En consecuencia, la prospectiva potencial articula un rigor científico-proyectual al entender el entorno, el contexto, la cultura y la política como componentes de un andamiaje vivo, evitando la ilusión de una arquitectura cerrada o completamente operativizada.

COLEGIATURA, a través de la Maestría en Diseño de Futuros, asume esta responsabilidad ontológica. El programa descarta la formación de futurólogos dedicados a la predicción y, en su lugar, propone perfiles de orquestadores: agentes capaces de habilitar la emergencia de futuros potenciables mediante una praxis sistémica. Esta postura exige persistencia institucional, experimentación inmanente y humildad epistémica.

En consecuencia, este ensayo concluye desde una apertura fenomenológica. Ante la indeterminación estructural de los sistemas complejos, toda afirmación es provisoria y toda metodología es transitoria. La propuesta evita imponer modelos definitivos y, en su lugar, instaura un marco de indagación colectiva. El objetivo radica en materializar escenarios regenerativos y facilitar que la virtualidad emerja desde las potencias presentes, listas para su actualización material.

Superar el presentismo implica transformar tanto la temporalidad como la práctica creativa: pasar del consumo acelerado de novedades al diseño de futuros potenciales con capacidad de abrir posibilidades reales.

Referencias

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Herramientas para el proceso creativo del ser humano en un cambio de consciencia

Resumen

El artículo desarrolla una propuesta integral para comprender el proceso creativo como un recorrido consciente que involucra todas las dimensiones del ser humano en relación con el Sistema Vida. En el contexto de una transformación profunda de la humanidad - marcada por cambios en la comprensión de la consciencia, la interdependencia y el sentido -, la Creatividad se presenta no como una técnica aislada, sino como una práctica evolutiva.

El marco teórico articula aportes del pensamiento complejo (Morin, 1990), la teoría del caos (Lorenz, 1993), el liderazgo basado en el propósito (Sinek, 2009), el Ikigai japonés (García & Miralles, 2016), los arquetipos de Carl Gustav Jung (1954) y la cognición corporizada (Varela et al., 1991; Lakoff & Johnson, 1999). Desde esta articulación, la creación se comprende como un fenómeno sistémico, simbólico y encarnado.

El marco conceptual plantea que el proceso creativo no es lineal, sino integrador, y se despliega en movimientos que van desde el despertar de la consciencia - mediante el reconocimiento de condicionamientos culturales y personales - hasta la integración de los componentes mental, vital-emocional, físico y trascendente. A ello se suma la clarificación del propósito como fuerza organizadora, la lectura del Sistema Vida como red compleja, el acceso a lo simbólico mediante arquetipos e intuición, la capacidad de habitar la incertidumbre creativa y, finalmente, el diseño y la encarnación del proyecto en coherencia interna.

La tesis central sostiene que la Creatividad auténtica surge cuando existe alineación entre consciencia, cuerpo, emoción, propósito y contexto. Crear, en este sentido, es un acto de coherencia y evolución, más que de simple producción.

Palabras clave: Creatividad, consciencia, Sistema Vida, pensamiento complejo, propósito, cognición corporizada.

El capítulo propone que la Creatividad no es solo una técnica de producción, sino una práctica evolutiva de consciencia que integra cuerpo, emoción, pensamiento, propósito y Sistema Vida.

Introducción

No estamos simplemente atravesando una época de transformaciones tecnológicas o sociales. Estamos presenciando un giro más profundo: un cambio en la manera como el ser humano se percibe a sí mismo, comprende su lugar en el mundo y decide intervenirlo. Se trata de un desplazamiento ontológico. Ya no basta con producir, innovar o competir; surge la necesidad de crear desde un nivel de consciencia más amplio.

Vivimos un tiempo caracterizado por la aceleración de los cambios tecnológicos, culturales, ecológicos y simbólicos. Las transformaciones contemporáneas no solo reconfiguran los sistemas productivos y comunicativos, sino también la manera como el ser humano se comprende a sí mismo y crea conocimiento. En este contexto, la Creatividad ya no puede entenderse únicamente como una competencia técnica o una habilidad profesional, sino como una capacidad ontológica del ser humano en proceso de consciencia.

Las nuevas corrientes disciplinares - desde la teoría de la complejidad, la neurociencia contemplativa, el pensamiento sistémico, la prospectiva estratégica, la psicología transpersonal y los estudios sobre Creatividad e innovación - coinciden en que el proceso creativo no es lineal, ni exclusivamente racional ni puramente individual. Es un fenómeno emergente que involucra dimensiones mentales, emocionales, corporales, relacionales y simbólicas.

La Creatividad puede comprenderse como una manifestación del Potencial ilimitado del Ser cuando integra consciencia, coherencia y propósito. En esta perspectiva, crear no consiste simplemente en producir objetos o proyectos, sino en intervenir la realidad desde un estado expandido de consciencia.

El presente artículo propone una estructura de siete movimientos que configuran un proceso creativo integral en tiempos de cambio. Cada movimiento articula herramientas prácticas y fundamentos conceptuales, en diálogo con nuevas corrientes teóricas y con el marco axiológico de Ser Humano-Ser Origen. Más que un método cerrado, se plantea como un mapa evolutivo que permite al creador transitar del automatismo cultural a la manifestación consciente.

Cada apartado aborda un momento del proceso creativo y profundiza en herramientas específicas que pueden orientar ese tránsito.

Marco teórico

Nuevas conversaciones disciplinares sobre Creatividad, complejidad y consciencia

El proceso creativo contemporáneo no puede comprenderse desde una única disciplina ni desde una sola tradición de pensamiento. La Creatividad, observada con detenimiento, aparece como un fenómeno transversal que involucra epistemología, psicología, teoría de sistemas, filosofía, ciencias cognitivas y estudios organizacionales. En las últimas décadas, diversas corrientes han comenzado a dialogar entre sí, lo que ha generado una comprensión más amplia y profunda del acto de crear.

Estas conversaciones no solo enriquecen el campo teórico; también transforman la manera en que concebimos el proceso creativo. Ya no es posible reducirlo a inspiración individual ni a técnica metodológica. La Creatividad emerge como fenómeno complejo, relacional, simbólico y encarnado.

Pensamiento complejo y teoría del caos: la Creatividad como fenómeno no lineal

Uno de los aportes más significativos a esta ampliación proviene del pensamiento complejo. Edgar Morin, en Introducción al pensamiento complejo (1990), critica el paradigma simplificador que fragmenta la realidad en partes aisladas y pierde de vista las interdependencias que constituyen los sistemas vivos. Morin propone un pensamiento que articule, relacione y reconozca la multidimensionalidad de lo real.

Aplicado al proceso creativo, esto implica comprender que una idea no surge en el vacío. Surge de una red de influencias: historia personal, contexto cultural, condiciones emocionales, estructuras sociales y relaciones simbólicas. Cuando la Creatividad se simplifica como “talento individual”, se invisibilizan las tramas que la hacen posible.

Morin insiste en que lo complejo no es lo complicado, sino aquello que está tejido en conjunto (complexus ). Crear, entonces, no es agregar elementos dispersos, sino tejer conexiones nuevas dentro de un entramado existente. El creador no inventa desde la nada: reorganiza relaciones.

Esta perspectiva encuentra resonancia en la teoría del caos desarrollada por Edward Lorenz. En The Essence of Chaos (1993), Lorenz explica cómo los sistemas dinámicos complejos pueden presentar comportamientos impredecibles debido a su sensibilidad a las condiciones iniciales. El llamado “efecto mariposa” - la metáfora según la cual el aleteo de una mariposa puede influir en la formación de un huracán - no es una exageración poética, sino una ilustración de cómo pequeñas variaciones pueden generar transformaciones exponenciales.

En términos creativos, esto tiene implicaciones profundas. Una conversación aparentemente trivial, una lectura casual o un error inesperado pueden convertirse en el punto de bifurcación que redefine por completo un proyecto. La incertidumbre no es una falla del proceso; es una condición inherente a los sistemas vivos.

La Creatividad, vista desde el pensamiento complejo y la teoría del caos, deja de ser lineal. No progresa necesariamente de manera ordenada desde una idea inicial hasta un resultado final previsible; más bien, evoluciona mediante reorganizaciones sucesivas, momentos de crisis, ajustes y emergencias inesperadas.

Esta comprensión exige un cambio de actitud en el creador. En lugar de buscar control absoluto, necesita desarrollar capacidad de navegación. En lugar de temer al desorden, necesita reconocer su potencial generativo. Crear implica habitar la tensión entre estructura y apertura.

Propósito y LiderazgoConsciente: la arquitectura invisible del sentido

Otra conversación fundamental en el campo contemporáneo gira en torno al propósito. Si la teoría de la complejidad explica la dinámica estructural del proceso creativo, la reflexión sobre el propósito ilumina su dimensión intencional.

Simon Sinek, en Start With Why (2009), propone una inversión radical de la lógica organizacional tradicional. Mientras muchas personas y empresas comienzan definiendo qué hacen y cómo lo hacen, Sinek sostiene que las organizaciones verdaderamente inspiradoras comienzan por el porqué. Ese porqué no se refiere a la rentabilidad, sino a la causa profunda que da sentido a la acción.

El modelo del Círculo Dorado - por qué, cómo y qué - no es simplemente una herramienta comunicativa. Es una arquitectura conceptual que reordena la creación. Cuando el qué precede al porqué, el proyecto puede ser eficiente, pero carecer de alma. Cuando el porqué organiza el proceso, cada decisión adquiere coherencia.

Este énfasis en el propósito encuentra eco en el concepto japonés de Ikigai. En Ikigai: Los secretos de Japón para una vida larga y feliz, García y Miralles (2016) describen esta noción como la razón de ser que emerge en la intersección entre lo que se ama, aquello en lo que se es competente, lo que el mundo necesita y aquello que puede sostener la vida materialmente. Aunque el modelo ha sido simplificado en su difusión occidental, su raíz cultural proviene de una tradición que vincula sentido, comunidad y continuidad vital.

Ambos enfoques convergen en una idea central: la Creatividad sostenible no se sostiene únicamente en la novedad o en la eficiencia, sino en una fuerza organizadora profunda. El propósito actúa como campo gravitacional del proyecto: orienta decisiones, filtra oportunidades y sostiene en momentos de dificultad.

Sin propósito, la Creatividad se dispersa. Con propósito, la energía se organiza.

En el contexto de un cambio de consciencia, el propósito adquiere una dimensión aún más relevante. No se trata solo de lograr metas, sino de responder a la pregunta por el sentido de la intervención en el Sistema Vida. La Creatividad deja de ser un acto aislado y se convierte en una expresión de posicionamiento existencial.

Psicología profunda y arquetipos: la dimensión simbólica de la creación

Si el pensamiento complejo amplía la comprensión estructural y el propósito organiza la intención, la psicología profunda de Carl Gustav Jung aporta una dimensión adicional: la simbólica.

En The Archetypes and the Collective Unconscious (1954), Jung plantea que la psique humana no se reduce a experiencias individuales. Existe un inconsciente colectivo compuesto por arquetipos: patrones universales que estructuran imágenes, narrativas y comportamientos a lo largo de culturas y épocas.

Los arquetipos no son personajes literales, sino dinamismos psíquicos. El Explorador representa la búsqueda de libertad y descubrimiento; el Creador encarna la necesidad de expresión original; el Sabio simboliza la búsqueda de verdad; el Cuidador expresa protección y servicio; y el Transformador, o Mago, alude a la capacidad de metamorfosis.

En el proceso creativo, estos arquetipos actúan como fuerzas organizadoras invisibles. Un proyecto puede declararse innovador, pero, si en su núcleo opera el arquetipo del Cuidador, su energía estará orientada a acompañar más que a romper estructuras. Del mismo modo, un emprendimiento puede adoptar un discurso colaborativo, pero, si el arquetipo dominante es el Gobernante, tenderá a buscar control y estructura.

ReConocer el arquetipo subyacente no es un ejercicio esotérico, sino una herramienta de coherencia. Permite al creador identificar la narrativa profunda que moviliza su intervención. Jung (1954) insistía en que aquello que no se hace consciente se manifiesta como destino. En Creatividad, lo que no se reconoce simbólicamente tiende a operar de manera inconsciente.

Integrar la dimensión arquetípica significa admitir que la Creatividad no es puramente racional. Está atravesada por imaginarios, mitologías personales y colectivas, así como por fuerzas simbólicas que orientan el sentido. Un proceso creativo maduro no ignora esta dimensión: la integra críticamente.

Cognición corporizada: el cuerpo como fuente de pensamiento creativo

Finalmente, las ciencias cognitivas contemporáneas han cuestionado la idea de que la mente opera aislada del cuerpo. Varela, Thompson y Rosch (1991) sostienen que la cognición emerge de la interacción entre organismo y entorno. Lakoff y Johnson (1999), por su parte, argumentan que nuestras estructuras conceptuales están profundamente arraigadas en la experiencia corporal.

Esta perspectiva, conocida como cognición corporizada, redefine la comprensión del proceso creativo. Si pensar es una actividad encarnada, el estado corporal incide directamente en la calidad del pensamiento. La postura, la respiración, el ritmo cardiaco, la tensión muscular y los niveles de energía no son variables secundarias: forman parte del sistema cognitivo.

La Creatividad no ocurre en un cerebro aislado, sino en un cuerpo situado en un contexto. Las caminatas que aclaran ideas, las pausas que desbloquean decisiones y los cambios de entorno que generan nuevas perspectivas son expresiones de esta interdependencia.

Desde esta mirada, el proceso creativo requiere atención a la dimensión física como componente estructural. No se trata de romantizar el cuerpo, sino de reconocer su función epistemológica. Pensar es también sentir, moverse y respirar.

La cognición corporizada cierra el círculo abierto por el pensamiento complejo: la Creatividad es relacional no solo en el plano social o simbólico, sino también en el plano orgánico. Mente y cuerpo forman un sistema integrado dentro del Sistema Vida.

Marco conceptual

La cartografía propuesta no es un método cerrado. Es un mapa vivo que orienta al creador para pasar del automatismo cultural a una manifestación consciente y coherente.

Una cartografía viva del proceso creativo consciente

El proceso creativo que aquí se propone no pretende ser una metodología cerrada ni una secuencia mecánica de pasos. Más bien, se asemeja a una cartografía. Y una cartografía no obliga a recorrer un territorio en línea recta: orienta, muestra relieves, señala conexiones y permite múltiples trayectorias.

Hablar de cartografía implica reconocer que la Creatividad es un fenómeno complejo, no lineal y profundamente humano. No se trata de cumplir etapas en orden, sino de atravesar dimensiones que se interrelacionan. A veces, el propósito se clarifica antes de que el creador haya integrado plenamente sus componentes internos; otras veces, es el caos el que obliga a redefinir el sentido; en ocasiones, la dimensión simbólica emerge cuando el proyecto ya está avanzado. El proceso es dinámico.

Esta cartografía se sostiene sobre una premisa fundamental: el ser humano no crea en aislamiento. Crea en relación con el Sistema Vida. El Sistema Vida no es únicamente el entorno social inmediato; es la red amplia de relaciones, significados, estructuras culturales, dinámicas económicas y procesos ecológicos en los que toda acción está inscrita. Cada intervención modifica el Sistema Vida y, al mismo tiempo, es moldeada por él.

Comprender el proceso creativo desde esta perspectiva implica abandonar la ilusión del creador como individuo autónomo que impone su voluntad sobre el mundo. Más bien, el creador se reconoce como nodo dentro de una red viva. Su Creatividad es relacional.

Por eso, esta cartografía no separa interioridad y exterioridad. Cada movimiento interno - despertar, integrar, clarificar propósito - tiene efectos en la manera como el creador se vincula con el Sistema Vida. Y cada tensión del entorno influye en la configuración interna del proceso creativo.

Lo que se propone, entonces, es un recorrido integrador donde se entrelazan la lucidez sobre los marcos mentales heredados; la integración de los componentes mental, vital-emocional, físico y trascendente; la clarificación del propósito como fuerza organizadora; la lectura consciente del Sistema Vida; la apertura a la dimensión simbólica; la capacidad de habitar la incertidumbre; y la encarnación coherente del proyecto.

No es un método técnico; es una práctica de consciencia aplicada a la creación.

Cuando el proceso creativo se entiende como cartografía viva, el creador deja de obsesionarse con “hacerlo correctamente” y comienza a preguntarse algo más profundo: ¿estoy creando desde la coherencia?, ¿mi proyecto refleja integración o fragmentación?, ¿mi intervención dialoga con el Sistema Vida o intenta imponerse sobre él?

En ese punto, la Creatividad deja de ser solo innovación. Se convierte en responsabilidad.

1. Despertar: reconocer desde dónde estamos creando

Todo proceso creativo comienza en un lugar que casi nunca se observa: el punto de partida interior. Antes de que exista una idea, un diseño o una propuesta, ya existe un marco desde el cual se percibe la realidad. Y ese marco rara vez es completamente consciente.

Creamos desde creencias heredadas, desde narrativas culturales que hemos naturalizado y desde experiencias tempranas que definieron lo que consideramos posible o imposible. Creamos también desde temores, deseos de reconocimiento, urgencias económicas o búsquedas de sentido. El problema no es que estas fuerzas existan; el problema es ignorarlas. Cuando no se reconocen, gobiernan silenciosamente el proceso creativo.

Despertar implica introducir una pausa deliberada en medio de la inercia. Supone preguntarse con honestidad: ¿qué idea de éxito estoy persiguiendo?, ¿esta creación responde a una convicción profunda o a una expectativa externa?, ¿estoy interviniendo por coherencia o por reacción? Esta indagación no es retórica. Es fundacional.

Las prácticas contemplativas, desarrolladas durante siglos en tradiciones orientales como el budismo y el hinduismo, han insistido en la importancia de la observación interior. Aunque en la actualidad muchas de estas prácticas han sido traducidas al lenguaje científico - como ocurre en los estudios de Jon Kabat-Zinn sobre regulación atencional -, lo esencial no es la técnica, sino la recuperación de la capacidad de observar sin identificarse de inmediato con cada pensamiento. Cuando el creador logra ver sus propios automatismos, comienza a recuperar libertad.

La bitácora reflexiva se convierte, entonces, en un dispositivo epistemológico. Escribir no para publicar ni para impresionar, sino para ver. Al escribir, el pensamiento se externaliza y se vuelve observable. Surgen patrones repetitivos, miedos constantes y justificaciones recurrentes. Lo que parecía natural se revela como construcción.

En este despertar también es necesario reconocer el cruce de paradigmas culturales que nos habitan. La tradición occidental moderna ha privilegiado el análisis, la productividad y la segmentación de problemas. La tradición oriental ha subrayado la presencia, la unidad y la integración. El creador contemporáneo se mueve entre ambos mundos. Si se inclina exclusivamente hacia la estructura, corre el riesgo de producir sin profundidad. Si se inclina únicamente hacia la contemplación, puede perder concreción. Despertar es reconocer estas tensiones internas y aprender a habitarlas creativamente.

Las Áreas de Manifestación - Intelectual, Relacional, Laboral, Física, Abundancia y Lúdica - funcionan como espejos silenciosos del estado creativo. Si el área Intelectual está activa, pero la Lúdica se encuentra ausente, la creación puede volverse rígida. Si el área Laboral ocupa todo el espacio y la Relacional está descuidada, el proyecto puede carecer de resonancia humana. Si el área Física está deteriorada, la energía creadora se agota prematuramente. Observar estas áreas no es un ejercicio administrativo, sino un acto de coherencia vital. La Creatividad no ocurre en compartimentos aislados: atraviesa la totalidad de la experiencia.

Sin despertar, la creación es repetición. Con despertar, comienza a ser elección.

2. Integrar: alinear los componentes del ser

La Creatividad madura aparece cuando estas dimensiones dejan de operar separadas y comienzan a sostener una misma dirección de sentido.

Si el despertar permite reconocer desde dónde estamos creando, la integración exige preguntarnos con qué estamos creando. La Creatividad no emerge de una entidad abstracta llamada “mente”, sino de un ser humano completo, encarnado, emocional, histórico y abierto al sentido. Cuando ese ser está fragmentado, el proyecto inevitablemente reproduce esa fractura. Cuando está alineado, la creación adquiere coherencia interna, estabilidad y potencia.

El componente mental suele recibir la mayor atención en los procesos creativos formales. Se le exige claridad conceptual, pensamiento crítico, capacidad analítica y dominio técnico. Sin duda, estas capacidades son fundamentales. Morin (1990) advierte que el pensamiento simplificador fragmenta la realidad y produce cegueras cognitivas. Integrar mentalmente implica superar esa fragmentación, reconocer interdependencias y sostener tensiones sin reducirlas prematuramente. Un creador con pensamiento complejo puede articular múltiples variables sin perder dirección.

Sin embargo, el pensamiento por sí solo no moviliza una acción sostenida. Aquí aparece el componente vital-emocional. Damasio (1994) demostró que las emociones no son interferencias irracionales en la toma de decisiones, sino condiciones necesarias para elegir. Pacientes con daño en áreas cerebrales vinculadas a la emoción podían razonar lógicamente, pero eran incapaces de decidir. La Creatividad funciona de manera similar: sin energía emocional, las ideas permanecen inertes.

El entusiasmo no es un lujo romántico; es energía organizada. La frustración tampoco es un enemigo; es información. Cuando una emoción intensa aparece durante un proceso creativo, el trabajo no consiste en reprimirla, sino en comprender qué señala. Muchas veces una resistencia emocional indica incoherencia entre propósito y acción. Otras veces revela miedo a la exposición o al fracaso. En cualquier caso, la emoción es brújula.

El componente físico, con frecuencia relegado, constituye el soporte material del proceso creativo. La investigación en cognición corporizada - desarrollada por autores como Varela, Thompson y Rosch (1991) - sostiene que la mente no es un sistema aislado que opera desde una torre de control abstracta; es una función emergente de la interacción entre cerebro, cuerpo y entorno. Pensar es un acto corporalizado. Esto significa que la postura frente al escritorio, el ritmo de respiración ante un desafío, el nivel de descanso acumulado o la calidad del movimiento cotidiano influyen directamente en la calidad del pensamiento.

Un creador agotado no solo tiene menos energía; también tiene menor flexibilidad cognitiva. Un cuerpo tensionado de manera prolongada tiende a producir pensamiento rígido. Un cuerpo disponible favorece la apertura asociativa. Integrar el componente físico no implica convertir el proceso creativo en una rutina atlética, sino reconocer que cada decisión ocurre en un organismo vivo.

El componente trascendente, finalmente, introduce una dimensión que desborda la utilidad inmediata. Frankl (1946) plantea que el sentido es la motivación primaria del ser humano. Cuando una acción se percibe como significativa, adquiere profundidad y resistencia frente a la adversidad. La trascendencia no requiere una formulación religiosa: puede expresarse como compromiso ético, vocación social o contribución cultural. Lo trascendente conecta el proyecto con algo mayor que el beneficio individual.

Integrar estos cuatro componentes no es una tarea instantánea. Requiere observación continua. El creador puede preguntarse periódicamente si su mente está saturada de ruido o clara en su dirección; si su emoción sostiene el proyecto o lo contradice; si su cuerpo acompaña o protesta; si su sentido profundo permanece vivo o se ha diluido en la rutina. Cuando estas dimensiones convergen, el proyecto deja de ser una tarea externa y se convierte en una extensión orgánica del ser.

La integración no elimina la tensión: la organiza. Y en esa organización comienza a consolidarse una Creatividad madura.

3. Propósito: la fuerza que organiza la creación

Si integrar implica alinear las dimensiones internas del ser, formular el propósito significa otorgarle dirección a esa coherencia. Un creador puede estar mentalmente claro, emocionalmente disponible, físicamente dispuesto y trascendentalmente conectado; pero, si no sabe hacia dónde orienta su energía, la Creatividad se dispersa. El propósito actúa como centro gravitacional: organiza, filtra y sostiene.

En el ámbito contemporáneo del liderazgo, Sinek (2009) propone que las organizaciones y personas que logran inspirar comienzan por una pregunta fundamental: ¿por qué existimos? Sinek argumenta que la mayoría comunica desde el qué - los productos o servicios - y el cómo - los procesos o metodologías -, pero pocas inician desde el porqué. Ese porqué no es un eslogan ni una declaración estratégica vacía: es la causa profunda que justifica la acción.

Aplicado al proceso creativo personal, comenzar por el porqué transforma radicalmente la manera de diseñar. Un proyecto concebido desde el qué suele concentrarse en la forma externa: qué voy a producir, qué características tendrá, qué resultados espero obtener. Cuando se comienza desde el porqué, en cambio, la pregunta cambia de naturaleza: ¿qué transformación deseo activar?, ¿qué vacío quiero contribuir a llenar?, ¿qué convicción profunda sostiene este esfuerzo?

El propósito no solo orienta hacia afuera; también organiza hacia adentro. Funciona como criterio de discernimiento. En momentos de bifurcación - cuando surgen múltiples posibilidades -, el propósito permite decidir sin dispersión. Cuando aparece el cansancio, recuerda el sentido. Cuando emergen críticas externas, ayuda a distinguir entre ajustes necesarios y desviaciones incoherentes.

En paralelo con esta propuesta occidental, el concepto japonés Ikigai ofrece una comprensión culturalmente situada del propósito. García y Miralles (2016) popularizaron en Occidente esta noción vinculada a la longevidad en Okinawa. Aunque su representación gráfica ha sido simplificada como la intersección entre lo que se ama, lo que se sabe hacer, lo que el mundo necesita y aquello por lo que se puede recibir remuneración, el concepto original es más existencial que diagramático. Ikigai significa literalmente “razón de ser” o “razón para levantarse cada mañana”.

Lo interesante del Ikigai es que no separa pasión y contribución. El propósito no se entiende únicamente como autorrealización individual, sino como punto de encuentro entre vocación y servicio. Desde esta perspectiva, un proyecto creativo no alcanza plenitud si solo satisface al creador: necesita dialogar con una necesidad real del Sistema Vida.

Sin embargo, formular el propósito no consiste simplemente en completar una ecuación entre talentos y mercado. Es un acto de introspección exigente. Decir “mi proyecto existe porque...” obliga a confrontar motivaciones profundas. ¿Existe para obtener reconocimiento? ¿Para alcanzar seguridad económica? ¿Para resolver una herida personal? ¿Para aportar a una transformación social? Las respuestas no son excluyentes, pero requieren honestidad.

Aquí vuelve a aparecer el componente trascendente del ser. Frankl (1946) sostenía que el sentido no se inventa arbitrariamente; se descubre en relación con una responsabilidad. El propósito auténtico suele estar vinculado a una responsabilidad asumida frente a algo que se percibe como valioso. Cuando el creador identifica aquello que considera innegociable, el propósito comienza a definirse.

El propósito también actúa como estructura narrativa. Desde la psicología profunda, puede afirmarse que todo propósito está impregnado de una energía arquetípica. Jung (1954) plantea que los arquetipos son patrones universales que orientan la experiencia humana. Un propósito puede estar movilizado por el arquetipo del Creador, que busca originalidad y expresión; por el del Sabio, que persigue comprensión; por el del Cuidador, que desea proteger y sostener; o por el del Transformador, que impulsa cambios profundos.

ReConocer la energía arquetípica del propósito no significa encasillarlo, sino comprender su dinamismo. Si un proyecto está impulsado por el arquetipo del Explorador, necesitará libertad y expansión; si está movilizado por el Cuidador, requerirá vínculos y sostenibilidad relacional. Ignorar esta energía genera incoherencias estratégicas. Escucharla, en cambio, aporta consistencia.

El propósito no elimina la incertidumbre, pero la vuelve transitable. Actúa como eje interno cuando el entorno fluctúa. En contextos de transformación ontológica - donde las concepciones tradicionales sobre éxito, trabajo y realización están siendo replanteadas -, el propósito se convierte en brújula. No ofrece mapas detallados, pero sí dirección.

Cuando el propósito es claro, la Creatividad deja de ser un impulso disperso y se convierte en fuerza organizada. Y en esa organización comienza a consolidarse una intervención consciente en el Sistema Vida.

4. Leer el Sistema Vida: comprender redes visibles e invisibles

Si el propósito organiza la energía interna del creador, el siguiente movimiento exige ampliar la mirada hacia el entorno. Ningún proyecto surge en el vacío. Toda creación ocurre dentro de una trama dinámica de relaciones, tensiones, narrativas culturales, estructuras económicas, imaginarios simbólicos y procesos ecológicos que configuran aquello que podemos denominar Sistema Vida. Leer este sistema no es un ejercicio accesorio: es una condición de responsabilidad creativa.

La modernidad acostumbró a pensar la intervención como una acción sobre objetos delimitados: un producto, un servicio, una obra. Sin embargo, el pensamiento complejo ha mostrado que la realidad no se compone de partes aisladas, sino de interdependencias. Morin (1990) sostiene que todo sistema vivo está constituido por relaciones que lo hacen simultáneamente autónomo y dependiente. Crear implica ingresar en esas relaciones y modificarlas, aunque sea de manera sutil.

Leer el Sistema Vida requiere, en primer lugar, abandonar la ilusión de neutralidad. Ninguna propuesta es neutra. Toda intervención altera equilibrios existentes, activa resistencias, despierta expectativas o desestabiliza estructuras previas. Incluso el silencio es una forma de intervención. Comprender esto amplía la consciencia ética del proceso creativo.

Pero la lectura del sistema no se reduce a identificar actores visibles. Implica percibir dinámicas menos evidentes: imaginarios colectivos, narrativas dominantes y tensiones culturales latentes. El creador atento observa qué conversaciones están emergiendo en su contexto, qué miedos se repiten en el discurso social y qué aspiraciones parecen compartidas aunque no siempre sean verbalizadas. En este sentido, la Creatividad es también una forma de escucha.

Lorenz (1993) demostró que los sistemas complejos son altamente sensibles a pequeñas variaciones iniciales. El denominado “efecto mariposa” ilustra cómo una perturbación mínima puede desencadenar transformaciones significativas en un sistema dinámico. En el ámbito creativo, esto significa que una intervención aparentemente modesta puede producir consecuencias amplias si conecta con un punto de inestabilidad existente. La pregunta, entonces, no es solo qué quiero crear, sino dónde y cómo esa creación interactuará con el sistema.

Leer el Sistema Vida implica reconocer también campos de resonancia. Las ideas no prosperan únicamente por su originalidad, sino por su capacidad de conectar con necesidades profundas. Una propuesta puede fracasar no porque carezca de calidad, sino porque no sintoniza con el momento cultural. Del mismo modo, una intervención sencilla puede expandirse si responde a una tensión colectiva latente.

Esta lectura exige sensibilidad relacional. El creador no interviene objetos: interviene relaciones. Una propuesta educativa afecta no solo contenidos académicos, sino concepciones sobre aprendizaje, autoridad, autonomía y futuro. Un proyecto empresarial no solo ofrece bienes o servicios; altera dinámicas laborales, percepciones de valor y hábitos de consumo. Un acto artístico no solo produce una obra; transforma la percepción del espectador y, potencialmente, su relación con el entorno.

Aquí aparece nuevamente la dimensión trascendente del proceso creativo. Leer el Sistema Vida es reconocer que toda acción participa de una ecología mayor. La Creatividad madura no busca imponerse sobre el sistema, sino dialogar con él. Esto no implica conformismo; implica consciencia de interdependencia.

En este punto, el creador comienza a comprender que no trabaja sobre superficies aisladas, sino dentro de un campo dinámico. Su proyecto deja de ser una iniciativa individual para convertirse en un nodo dentro de una red más amplia. Y en esa comprensión emerge una responsabilidad ampliada: crear no solo para producir novedad, sino para contribuir a la evolución consciente del sistema al que pertenece.

5. Revelar lo invisible: intuición, símbolo y arquetipo

Hasta aquí, el proceso creativo ha implicado despertar consciencia, integrar dimensiones internas, clarificar el propósito y leer el Sistema Vida. Sin embargo, existe un territorio adicional que no puede abordarse únicamente mediante el análisis racional. La Creatividad auténtica exige descender a una zona menos controlada, donde operan intuiciones, imágenes, símbolos y energías psíquicas que preceden a la formulación conceptual. Revelar lo invisible no significa abandonar la razón, sino ampliarla.

La tradición moderna tendió a desconfiar de lo intuitivo y a asociarlo con lo impreciso. Sin embargo, diversos estudios contemporáneos han mostrado que la intuición no es lo opuesto a la inteligencia, sino una forma de procesamiento complejo que integra información acumulada de manera no lineal. El cerebro no opera exclusivamente mediante razonamientos conscientes; gran parte de su actividad se desarrolla fuera del foco atencional inmediato. En procesos creativos, esta dimensión es decisiva.

La escritura automática, promovida por André Breton en el Manifiesto del surrealismo (1924), buscaba precisamente abrir un canal hacia contenidos que la censura racional bloquea. Breton proponía escribir sin planificación previa, permitiendo que asociaciones espontáneas emergieran sin corrección inmediata. Aunque el surrealismo operaba en un contexto artístico específico, la práctica revela un principio más amplio: cuando se suspende temporalmente el control lógico, aparecen conexiones inesperadas.

No se trata de aceptar acríticamente todo lo que surge, sino de permitir que el material inconsciente se manifieste para luego dialogar con él. En el proceso creativo contemporáneo, este gesto puede adoptar múltiples formas: escritura libre, dibujo espontáneo, improvisación sonora o caminatas reflexivas en las que las ideas se ordenan sin presión productiva. Lo esencial es generar espacios donde la mente no esté permanentemente orientada a la eficiencia.

En este territorio simbólico adquiere especial relevancia la psicología profunda de Carl Gustav Jung. En The Archetypes and the Collective Unconscious (1954), Jung plantea que la psique humana está estructurada por arquetipos: patrones universales que organizan la experiencia y la imaginación colectiva. Estos arquetipos no son personajes literarios, sino dinamismos energéticos que influyen en la manera como interpretamos el mundo.

En el proceso creativo, reconocer el arquetipo que moviliza un proyecto permite comprender su fuerza subyacente. Una iniciativa que encarna el arquetipo del Creador buscará originalidad, estética y expresión auténtica. Una que esté impulsada por el Sabio priorizará conocimiento, claridad y verdad. El Cuidador orientará su energía hacia protección y sostenibilidad; el Explorador, hacia expansión y descubrimiento; el Transformador, hacia la ruptura de estructuras obsoletas.

Identificar el arquetipo dominante no implica encasillar el proyecto en una etiqueta rígida, sino reconocer su energía predominante. Cuando esta energía se desconoce, pueden generarse incoherencias. Por ejemplo, un proyecto con vocación de Transformador que se comunica con un lenguaje excesivamente conservador pierde fuerza narrativa. En cambio, cuando el arquetipo está alineado con la forma, el discurso y la acción, la intervención adquiere potencia simbólica.

La visualización profunda complementa esta exploración. Imaginar con detalle la materialización del proyecto - no solo su éxito externo, sino la experiencia interna de habitarlo - activa procesos neuronales similares a los de la experiencia real. Investigaciones en neurociencia han mostrado que el cerebro no distingue completamente entre una experiencia intensamente imaginada y una vivida. Esta práctica permite detectar tensiones internas antes de que se manifiesten externamente.

Revelar lo invisible implica, entonces, escuchar aquello que no siempre se formula en palabras claras. Implica atender sueños recurrentes, imágenes persistentes y metáforas que aparecen espontáneamente en la narrativa personal. Muchas veces, el proyecto creativo ya está insinuado en esas imágenes antes de adquirir forma concreta.

Este movimiento del proceso no elimina el análisis previo, sino que lo enriquece. La intuición aporta dirección; el símbolo, profundidad; y el arquetipo, coherencia narrativa. Cuando el creador aprende a dialogar con estas dimensiones, la Creatividad deja de ser únicamente estratégica y se convierte en experiencia significativa.

6. Habitar el caos: crear en la incertidumbre

En algún momento del proceso creativo - aun cuando el despertar ha ocurrido, la integración se ha logrado, el propósito se ha clarificado, el Sistema Vida ha sido leído y lo invisible ha comenzado a revelarse - aparece inevitablemente el caos. No como accidente, sino como condición estructural de todo sistema vivo.

La Creatividad auténtica no transcurre en línea recta. Avanza, retrocede, se reorganiza, duda y bifurca. La modernidad productivista intentó imponer la ilusión de procesos controlables y predecibles, pero la realidad de los sistemas complejos contradice esa expectativa. Lorenz (1993) mostró que sistemas dinámicos aparentemente estables pueden transformarse radicalmente ante pequeñas variaciones iniciales. Este descubrimiento no fue solo matemático; fue epistemológico. Significó aceptar que la incertidumbre no es un defecto del conocimiento, sino una propiedad del mundo.

En el proceso creativo, esta comprensión exige un cambio de actitud. El caos no es desorden absoluto, sino un orden aún no reconocido. Morin (1990) señala que el pensamiento complejo integra orden y desorden, estabilidad y fluctuación, sin reducir un término al otro. Crear implica habitar esa tensión.

Cuando un proyecto atraviesa una crisis - una idea que parecía sólida comienza a mostrar fisuras, una hipótesis pierde fuerza o una decisión genera consecuencias imprevistas -, el impulso inmediato suele ser controlar, forzar o regresar a una supuesta seguridad anterior. Sin embargo, muchas veces la crisis es una bifurcación necesaria. En teoría del caos, una bifurcación es un punto donde el sistema puede reorganizarse en una nueva estructura. En Creatividad, es el momento en que el proyecto puede transformarse en algo más coherente con su propósito profundo.

Habitar el caos implica sostener la incertidumbre sin precipitar soluciones prematuras. No es pasividad: es madurez. Requiere tolerancia a la ambigüedad y confianza en la capacidad de adaptación. El creador aprende a diferenciar entre desorientación productiva y dispersión inconsciente. La primera abre posibilidades; la segunda diluye energía.

Aquí adquiere relevancia el prototipado adaptativo, presente en metodologías contemporáneas de diseño centrado en las personas. Este enfoque propone construir versiones tempranas de una idea, probarlas en el entorno real, recibir retroalimentación y ajustar. La lógica no es perfeccionar en aislamiento, sino aprender en interacción. El error deja de ser evidencia de incompetencia y se convierte en fuente de información.

Sin embargo, más allá de la metodología, habitar el caos es una disposición interior. Significa aceptar que el proyecto no será idéntico a la imagen inicial. Significa permitir que el Sistema Vida influya y transforme la propuesta. Significa reconocer que el propósito puede profundizarse a medida que se enfrenta a la realidad.

En esta etapa, el componente vital-emocional suele experimentar oscilaciones intensas. Aparecen dudas, miedos y entusiasmo intermitente. Integrar estas emociones es crucial para no abandonar prematuramente el proceso. El componente físico también se ve implicado: el cuerpo puede tensionarse ante la incertidumbre. ReConocer esa tensión y regularla conscientemente evita que el caos externo se convierta en desorganización interna.

Desde una perspectiva arquetípica, esta etapa suele estar asociada con el Transformador o el Iniciado. Jung (1954) señala que todo proceso de individuación implica atravesar zonas de sombra donde las certezas previas se disuelven. En términos creativos, el caos es la zona liminal donde la forma anterior muere para dar lugar a una nueva.

Habitar el caos no significa romantizar la dificultad, sino comprender su función evolutiva. La Creatividad lineal produce repetición; la Creatividad que atraviesa el caos produce transformación.

Cuando el creador acepta que la incertidumbre es parte del proceso, deja de luchar contra ella y comienza a trabajar con ella. Y en ese trabajo surge una forma más orgánica, coherente y viva del proyecto.

7. Diseñar y encarnar: cuando la idea toma cuerpo

Después de atravesar el despertar, la integración, la clarificación del propósito, la lectura del Sistema Vida, la revelación de lo invisible y la experiencia del caos, el proceso creativo alcanza un punto decisivo: la manifestación concreta. Diseñar no es simplemente producir una forma externa; es traducir una coherencia interna en experiencia vivida. Y encarnar no es ejecutar técnicamente un proyecto: es habitarlo con el propio ser.

En esta etapa, la narrativa adquiere un papel central. Los seres humanos no comprenden el mundo únicamente a través de datos o argumentos abstractos; lo comprenden mediante historias. McKee (1997) afirma que toda narrativa significativa implica conflicto, transformación y sentido. No existe historia sin tensión ni transformación sin desafío. Un proyecto creativo que aspira a resonar necesita reconocer cuál es el conflicto que aborda y qué transformación propone.

Diseñar implica, entonces, estructurar una experiencia que permita vivir esa transformación. La arquitectura narrativa no se limita a redactar un discurso atractivo; organiza la secuencia de vivencias que el proyecto ofrecerá. Si se trata de una propuesta educativa, el diseño no solo define contenidos, sino el recorrido emocional del estudiante. Si se trata de una intervención cultural, el diseño contempla cómo el espectador transitará desde una percepción inicial hacia una comprensión ampliada. Si es una iniciativa empresarial, el diseño incluye la experiencia completa del usuario, desde el primer contacto hasta la consolidación de la confianza.

Aquí la coherencia es fundamental. El arquetipo identificado previamente debe estar alineado con la forma que adopta el proyecto. Un proyecto movilizado por el arquetipo del Sabio necesita claridad conceptual y profundidad argumentativa. Uno impulsado por el Creador requiere innovación estética y expresión auténtica. Si el arquetipo es el Cuidador, la experiencia deberá transmitir protección y confianza. Jung (1954) sostiene que los arquetipos operan como organizadores de sentido; ignorarlos genera disonancia simbólica.

En el contexto contemporáneo, la inteligencia artificial emerge como herramienta poderosa dentro del proceso de diseño. Puede asistir en la generación de ideas, el análisis de datos, la simulación de escenarios y la optimización de procesos. Sin embargo, su valor no reside en sustituir la Creatividad humana, sino en amplificarla. La inteligencia artificial opera sobre patrones existentes; la consciencia humana introduce criterio, ética y sentido. Cuando el creador utiliza estas herramientas sin perder coherencia interna, la tecnología se convierte en extensión de su capacidad, no en reemplazo de su discernimiento.

Diseñar también implica asumir límites. No toda idea puede materializarse exactamente como fue imaginada. El encuentro con recursos disponibles, tiempos concretos y condiciones reales exige decisiones. Aquí vuelve a activarse el pensamiento complejo descrito por Morin (1990): integrar múltiples variables sin reducir la riqueza del proyecto. Diseñar es negociar entre ideal y realidad sin traicionar el propósito.

Pero el momento más decisivo de esta etapa no es técnico; es existencial. Encarnar significa verificar que el proyecto no contradiga al creador. Significa preguntarse si lo que se presenta externamente está alineado con lo que se vive internamente. El cuerpo vuelve a ser indicador. ¿Hay tensión cuando se comunica la propuesta? ¿Hay entusiasmo genuino? ¿Existe coherencia entre discurso y práctica?

La encarnación también exige valentía. Presentar un proyecto al Sistema Vida implica exponerse a evaluación, crítica y reinterpretación. Sin embargo, la Creatividad que no se manifiesta permanece incompleta. Frankl (1946) recordaba que el sentido se realiza en la acción responsable. Encarnar es asumir esa responsabilidad.

Cuando un proyecto es verdaderamente encarnado, deja de ser un objeto externo y se convierte en extensión del ser. No es algo que el creador tiene, sino algo que el creador es en movimiento. La coherencia entre mente, emoción, cuerpo y sentido se vuelve perceptible para quienes interactúan con la propuesta. Esa coherencia es, en última instancia, lo que otorga credibilidad y potencia transformadora.

El proceso creativo culmina así no en una simple presentación, sino en una integración vivida. La idea toma cuerpo, pero también el cuerpo toma la idea. Y en esa reciprocidad se cierra - y al mismo tiempo se renueva - el ciclo creativo.

Discusión

El recorrido propuesto en este artículo sugiere que el proceso creativo no puede reducirse a una técnica, a una secuencia metodológica ni a una competencia profesional aislada. Las conversaciones disciplinares revisadas - pensamiento complejo, teoría del caos, propósito organizador, arquetipos junguianos y cognición corporizada - convergen en una afirmación común: la Creatividad es un fenómeno integral que involucra totalidad.

Sin embargo, esta afirmación abre tensiones importantes que merecen discutirse.

En primer lugar, comprender la Creatividad desde el pensamiento complejo implica abandonar la comodidad de los modelos lineales. En entornos académicos y organizacionales todavía predomina la expectativa de procesos previsibles y resultados controlables. La teoría del caos introduce una dimensión incómoda: la imprevisibilidad no es error metodológico, sino característica estructural de los sistemas vivos. Esto obliga a replantear la evaluación del proceso creativo. ¿Cómo valorar un proceso que necesariamente atraviesa bifurcaciones, incertidumbre y reorganizaciones sucesivas? Tal vez el criterio no deba ser únicamente la eficiencia, sino la capacidad adaptativa y la coherencia interna.

En segundo lugar, la centralidad del propósito plantea una discusión ética. Si el porqué organiza la energía creadora, entonces la Creatividad no es neutral. Todo acto creativo expresa una posición frente al Sistema Vida. El Ikigai, en su formulación cultural japonesa, no separa la realización individual del BienEstar colectivo. Esta convergencia sugiere que la Creatividad sostenible requiere articulación entre realización personal y responsabilidad social. La pregunta ya no es solo “¿es innovador?”, sino “¿qué tipo de realidad fortalece esta creación?”.

En tercer lugar, la incorporación de la dimensión arquetípica introduce una discusión sobre el papel del inconsciente en la producción académica y profesional. Tradicionalmente, los espacios formales han privilegiado la racionalidad explícita, relegando lo simbólico a ámbitos artísticos o terapéuticos. Sin embargo, ignorar la dimensión arquetípica no la elimina; simplemente la desplaza hacia lo inconsciente. Un proyecto puede declararse transformador mientras reproduce narrativas de dominación; puede promover colaboración mientras opera desde arquetipos de control. Hacer consciente la energía simbólica que moviliza un proceso creativo permite mayor coherencia y evita contradicciones internas.

Finalmente, la cognición corporizada desafía uno de los supuestos más arraigados en la cultura académica: la primacía absoluta de la mente abstracta. Si pensar es una actividad encarnada, entonces el agotamiento físico, la desconexión corporal y la hiperestimulación afectan directamente la calidad de las decisiones creativas. Esta perspectiva abre un debate sobre las condiciones mismas en que se produce conocimiento. ¿Puede haber Creatividad profunda en contextos de desgaste crónico? ¿Qué implicaciones tiene esto para la formación y la práctica profesional?

Estas discusiones convergen en un punto central: el proceso creativo exige integración. Integración entre orden y caos, entre intención y apertura, entre racionalidad y símbolo, entre mente y cuerpo, entre individuo y Sistema Vida.

Además, el enfoque propuesto desplaza la idea de Creatividad como atributo individual hacia una comprensión relacional. Crear no es imponer una visión sobre el entorno; es dialogar con el Sistema Vida. Cada intervención modifica redes visibles e invisibles. En este sentido, la Creatividad adquiere dimensión ecológica; no en el sentido limitado de sostenibilidad ambiental, sino como consciencia de interdependencia.

Otra discusión relevante surge al considerar el componente trascendente del ser. En un contexto contemporáneo donde muchas veces se privilegia lo inmediato y lo utilitario, hablar de trascendencia puede parecer abstracto. Sin embargo, Frankl (1946) demostró que el sentido es condición de resiliencia humana. En procesos creativos prolongados - investigaciones, emprendimientos, transformaciones institucionales -, la claridad trascendente opera como sostén frente a la frustración. Sin ella, el proceso puede diluirse ante la primera crisis.

Finalmente, la articulación de las Áreas de Manifestación - Intelectual, Relacional, Laboral, Física, Abundancia y Lúdica - introduce una discusión sobre la coherencia vital. La Creatividad no puede circunscribirse a un proyecto aislado si el resto de las áreas se encuentra en disonancia. Un proyecto intelectualmente brillante puede colapsar si el Área Relacional está deteriorada; una intervención socialmente potente puede agotarse si el Área Física está descuidada; una propuesta inspiradora puede perder continuidad si el Área de Abundancia no se gestiona adecuadamente. La coherencia integral no es idealismo: es sostenibilidad.

Conclusiones

El capítulo afirma que crear es participar activamente en la evolución de la realidad. Esa participación exige algo más que técnica: exige integración, propósito y consciencia.

El recorrido desarrollado en este artículo permite afirmar que la Creatividad, en el contexto de un cambio de consciencia, no es un simple acto técnico ni un rasgo de personalidad. Es un proceso ontológico. Crear implica transformarse mientras se transforma el entorno.

El pensamiento complejo nos recuerda que la realidad es interdependiente. La teoría del caos enseña que la incertidumbre es constitutiva. El propósito organiza la energía y orienta la dirección. Los arquetipos revelan la dimensión simbólica que opera en profundidad. La cognición corporizada integra mente y cuerpo como unidad. La cartografía conceptual articula estas dimensiones en un proceso vivo.

Desde esta perspectiva, el proceso creativo puede comprenderse como un movimiento que atraviesa tres grandes niveles simultáneos: interioridad, relación y manifestación. En la interioridad se integran los componentes mental, vital-emocional, físico y trascendente. En la relación se reconoce la pertenencia al Sistema Vida. En la manifestación se concreta la intervención coherente.

El cambio de consciencia que atraviesa la humanidad no exige únicamente nuevas tecnologías o modelos de gestión; exige mayor coherencia en quienes crean. La calidad de la intervención dependerá del nivel de integración del creador. Si la Creatividad surge desde la fragmentación, reproducirá fragmentación. Si surge desde la coherencia, tenderá a generar integración.

Así, el proceso creativo se convierte en práctica de responsabilidad. No solo responsabilidad profesional, sino existencial. Cada proyecto expresa una comprensión del ser humano y del mundo. Cada intervención contribuye a reforzar ciertas narrativas y a debilitar otras.

En este sentido, la pregunta final no es únicamente metodológica - ¿cómo mejorar mi proceso creativo? -, sino ética y ontológica: ¿desde qué nivel de consciencia estoy creando?, ¿qué tipo de relaciones fortalece mi intervención en el Sistema Vida?, ¿mi proyecto encarna la coherencia que proclama?

La Creatividad, entendida como cartografía viva, no concluye con la entrega de un producto. Continúa en la manera como el creador habita aquello que ha producido. Un proyecto verdaderamente creativo no solo se presenta: se encarna.

En última instancia, crear es participar activamente en la evolución de la realidad. Y esa participación exige algo más que técnica: exige integración, propósito y consciencia.

Referencias

Breton, A. (1924). Manifiesto del surrealismo.

Damasio, A. R. (1994). Descartes’ error: Emotion, reason, and the human brain. G. P. Putnam’s Sons.

Frankl, V. E. (1946). Man’s search for meaning. Beacon Press.

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Jung, C. G. (1954). The archetypes and the collective unconscious. Princeton University Press.

Kabat-Zinn, J. (1990). Full catastrophe living: Using the wisdom of your body and mind to face stress, pain, and illness. Delacorte.

Lakoff, G., & Johnson, M. (1999). Philosophy in the flesh: The embodied mind and its challenge to Western thought. Basic Books.

Lorenz, E. N. (1993). The essence of chaos. University of Washington Press.

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Morin, E. (1990). Introduction à la pensée complexe. ESF.

Sinek, S. (2009). Start with why: How great leaders inspire everyone to take action. Portfolio.

Varela, F. J., Thompson, E., & Rosch, E. (1991). The embodied mind: Cognitive science and human experience. MIT Press.

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Creatividad Estratégica como diseño consciente: una reformulación ontológica del pensamiento estratégico contemporáneo

Resumen

El pensamiento estratégico moderno se consolidó bajo un paradigma de planeación racional orientado al control predictivo y a la optimización de ventajas competitivas. Sin embargo, la aceleración tecnológica, la complejidad sistémica y la incorporación de inteligencia artificial (IA) en los procesos organizacionales han transformado radicalmente las condiciones ontológicas del entorno estratégico. Aunque la literatura ha avanzado hacia enfoques adaptativos, capacidades dinámicas y estrategia como práctica, persiste una brecha conceptual respecto de la comprensión ontológica de la acción estratégica en ensamblajes humano-tecnológicos. Este artículo sostiene que la Creatividad Estratégica puede comprenderse como una evolución del pensamiento estratégico, al desplazar el énfasis desde la predicción y el control hacia el diseño consciente de futuros en sistemas complejos. A partir de una revisión crítica del paradigma clásico, del diálogo con la teoría de la complejidad, la prospectiva y el giro ontológico contemporáneo, se propone la categoría Ser Humano-Ser Origen como matriz conceptual para fundamentar la responsabilidad ontológica en la configuración de realidades organizacionales. Se argumenta que la estrategia no solo responde al entorno, sino que lo performa, y que esta comprensión amplía el horizonte epistemológico y formativo del campo estratégico. Finalmente, se presentan implicaciones para la gobernanza organizacional, el liderazgo y la formación estratégica en contextos híbridos humano-IA.

Palabras clave: Creatividad Estratégica, pensamiento estratégico, complejidad, agencia distribuida, inteligencia artificial, diseño consciente, ontología organizacional.

1. Introducción

Durante gran parte del siglo XX, el pensamiento estratégico se configuró como disciplina orientada a la racionalización de la acción organizacional. Desde los aportes fundacionales de Ansoff (1965) hasta el modelo estructural de Porter (1980), la estrategia fue concebida como proceso deliberado mediante el cual una organización analizaba su entorno, identificaba oportunidades y amenazas, y formulaba planes coherentes con sus objetivos. Este paradigma descansaba sobre una premisa central: el entorno, aunque complejo, era susceptible de representación objetiva; la incertidumbre podía reducirse mediante información y análisis; y el futuro podía proyectarse a partir de tendencias observables.

La consolidación de esta racionalidad estratégica respondió a un contexto histórico específico. Las economías industriales operaban bajo dinámicas relativamente estables, con ciclos tecnológicos más largos y mercados menos interconectados. En ese escenario, la planeación estratégica formal ofrecía una ventaja significativa en términos de coherencia y alineación organizacional.

Sin embargo, las condiciones contemporáneas han transformado radicalmente ese supuesto. La digitalización global, la interconectividad en tiempo real, la automatización de procesos cognitivos y la emergencia de inteligencia artificial generativa han configurado entornos caracterizados por volatilidad estructural, no linealidad causal y emergencia constante (Bennett & Lemoine, 2014; Cascio, 2020). La incertidumbre ya no es un elemento circunstancial, sino una condición estructural del entorno organizacional.

En este nuevo escenario, las organizaciones no operan únicamente frente a mercados definidos, sino en ecosistemas híbridos donde interactúan sujetos humanos, algoritmos, datos masivos, plataformas digitales y sistemas automatizados. La agencia, entendida como capacidad de producir efectos en el mundo, ya no puede atribuirse exclusivamente a actores humanos. Las tecnologías inteligentes participan activamente en procesos de análisis, predicción y toma de decisiones (Latour, 2005; Barad, 2007).

A pesar de esta transformación, gran parte de la literatura estratégica continúa operando bajo una ontología implícita que concibe la estrategia como instrumento humano de control frente a un entorno externo. Incluso los enfoques más recientes - como las capacidades dinámicas o la estrategia como práctica -, si bien amplían la comprensión del proceso estratégico, no siempre abordan de manera explícita la dimensión ontológica de la agencia distribuida y la performatividad organizacional.

Aquí se identifica la brecha conceptual que motiva este artículo: la ausencia de una reformulación ontológica del pensamiento estratégico acorde con la complejidad contemporánea y con la emergencia de ensamblajes humano-tecnológicos.

Este trabajo sostiene que la Creatividad Estratégica puede comprenderse como una evolución ontológica del pensamiento estratégico. No se trata de sustituir la planeación, sino de expandirla hacia un enfoque de diseño consciente que reconozca:

  • La naturaleza compleja y no lineal de los sistemas organizacionales.
  • La agencia distribuida en ensamblajes humano-IA.
  • La responsabilidad ontológica en la configuración de futuros posibles.

Desde esta perspectiva, la estrategia no solo responde al entorno; contribuye a configurarlo.

El acto estratégico es performativo: produce realidades organizacionales y sociales.

Para desarrollar esta tesis, el artículo se estructura en cuatro momentos. En primer lugar, se realiza una revisión crítica del paradigma clásico del pensamiento estratégico y sus evoluciones contemporáneas. En segundo lugar, se exploran los aportes del pensamiento complejo, la prospectiva y el giro ontológico en relación con la agencia distribuida. En tercer lugar, se propone un marco conceptual que articula la categoría Ser Humano-Ser Origen con la noción de Creatividad Estratégica. Finalmente, se discuten implicaciones epistemológicas, organizacionales y formativas, así como la contribución teórica del modelo propuesto.

2. Marco teórico

2.1 La racionalidad estratégica clásica: planeación, estructura y control

El pensamiento estratégico moderno se consolidó como campo disciplinar a partir de la necesidad de sistematizar la toma de decisiones organizacionales en contextos de crecimiento industrial. Ansoff (1965) introdujo una concepción formal de la estrategia como proceso de planeación corporativa, orientado al crecimiento mediante la alineación entre productos, mercados y capacidades internas. En esta perspectiva, la estrategia es un dispositivo racional que reduce incertidumbre a través del análisis sistemático.

Posteriormente, Porter (1980) formalizó el análisis estructural del entorno competitivo mediante el modelo de las cinco fuerzas. En su propuesta, la rentabilidad de una organización depende fundamentalmente de la estructura del sector en el que opera. La estrategia consiste en posicionarse adecuadamente frente a dichas fuerzas, ya sea mediante liderazgo en costos, diferenciación o enfoque.

Ambas aproximaciones comparten una ontología implícita que puede denominarse representacional: el entorno es concebido como una realidad objetiva, susceptible de ser representada fielmente mediante análisis. La organización es entendida como agente racional capaz de interpretar esa representación y actuar estratégicamente para optimizar su posición.

Esta ontología representacional descansa sobre tres supuestos fundamentales:

  • El entorno es relativamente estable o al menos predecible en sus tendencias generales.
  • La información disponible permite modelar escenarios futuros con suficiente precisión.
  • La agencia estratégica reside primariamente en la organización humana.

Durante varias décadas, estos supuestos resultaron funcionales. Sin embargo, el avance de la globalización, la digitalización y la aceleración tecnológica ha erosionado progresivamente estas condiciones.

2.2 La crítica a la planeación formal y la emergencia estratégica

Mintzberg (1994) planteó una de las críticas más influyentes al paradigma clásico. En The Rise and Fall of Strategic Planning, argumentó que la planeación formal excesivamente estructurada podía rigidizar a las organizaciones e impedir su adaptación creativa. Propuso distinguir entre estrategia deliberada - aquella que responde a intenciones explícitas - y estrategia emergente - aquella que surge de patrones de acción consistentes en el tiempo.

Esta distinción amplió la comprensión del proceso estratégico al reconocer la importancia del aprendizaje organizacional y de la adaptación incremental. Sin embargo, la propuesta de Mintzberg, aunque crítica, no abandona completamente la ontología representacional. La organización continúa siendo el sujeto que interpreta y responde a un entorno externo.

En paralelo, la teoría de capacidades dinámicas (Teece et al., 1997) introdujo la noción de que la ventaja competitiva depende de la habilidad organizacional para integrar, construir y reconfigurar competencias internas y externas en entornos cambiantes. Esta perspectiva reconoce la importancia de la adaptabilidad continua.

No obstante, incluso en este enfoque, el entorno es concebido como algo dado frente a lo cual la organización desarrolla capacidades de ajuste. La pregunta por la coconfiguración de la realidad permanece marginal.

2.3 Strategy -as- practice y el giro hacia la acción situada

La corriente de strategy-as-practice (Whittington, 2006; Jarzabkowski, 2005) representó un giro significativo al desplazar el foco desde la estrategia como plan hacia la estrategia como práctica social. Desde esta perspectiva, la estrategia no es solo un documento o una decisión puntual, sino un conjunto de actividades, discursos y rutinas que se despliegan en contextos organizacionales específicos.

Este enfoque introdujo mayor sensibilidad hacia la dimensión relacional del acto estratégico. Sin embargo, aunque se centra en la práctica, no necesariamente desarrolla una ontología explícita sobre cómo la estrategia configura realidades más allá del ámbito organizacional inmediato.

La literatura de strategy-as-practice se ha concentrado en describir procesos microorganizacionales, pero ha abordado con menor profundidad las implicaciones ontológicas de la agencia distribuida en entornos digitales y algorítmicos.

2.4 Complejidad y sistemas no lineales

El pensamiento complejo de Morin (2008) ofrece herramientas conceptuales fundamentales para comprender la insuficiencia del paradigma lineal. Según Morin, los sistemas complejos se caracterizan por interdependencia, recursividad y emergencia. Los efectos retroalimentan causas y las dinámicas no pueden comprenderse mediante causalidades simples.

Aplicado al ámbito estratégico, esto implica que la organización no actúa en un entorno aislado y estable, sino en redes interconectadas donde múltiples variables interactúan simultáneamente. La no linealidad significa que pequeñas decisiones pueden generar transformaciones desproporcionadas.

Esta comprensión tensiona el paradigma clásico de planeación, que presupone proporcionalidad y estabilidad relativa.

2.5 VUCA, BANI y la fragilidad estructural contemporánea

El marco VUCA, desarrollado inicialmente en contextos militares y luego adoptado en gestión organizacional, describió entornos volátiles, inciertos, complejos y ambiguos (Bennett & Lemoine, 2014). Posteriormente, Cascio (2020) propuso el concepto BANI para enfatizar la fragilidad, la ansiedad y la no linealidad como rasgos distintivos de la contemporaneidad.

La noción de fragilidad es particularmente relevante. En sistemas altamente interconectados, eventos aparentemente menores pueden desencadenar crisis sistémicas. La pandemia global de 2020 es ejemplo paradigmático de esta dinámica.

En tales condiciones, la planeación estratégica basada en proyecciones lineales pierde eficacia. La incertidumbre deja de ser variable que puede reducirse y se convierte en condición estructural.

2.6 Prospectiva y pluralidad de futuros

La prospectiva estratégica, particularmente en los trabajos de Godet (2001) y Miller (2018), propone comprender el futuro no como destino único, sino como conjunto de posibilidades abiertas. La anticipación no es predicción determinista, sino exploración reflexiva de alternativas.

Miller (2018) enfatiza que imaginar futuros posibles no es ejercicio especulativo, sino práctica que incide en decisiones presentes. La anticipación tiene carácter performativo: al imaginar escenarios, configuramos orientaciones de acción.

Sin embargo, la prospectiva suele mantenerse dentro de una ontología donde la organización anticipa un entorno externo. La pregunta sobre cómo la estrategia misma participa en la producción de realidades más amplias permanece parcialmente abierta.

2.7 Giro ontológico y agencia distribuida

El giro ontológico en ciencias sociales cuestiona la concepción representacional del mundo (Escobar, 2018). Desde esta perspectiva, las prácticas humanas no solo describen la realidad; la configuran. No existe una única realidad objetiva, sino múltiples configuraciones relacionales.

La teoría del actor-red (Latour, 2005) sostiene que la agencia se distribuye en redes donde interactúan humanos y no humanos. Las tecnologías no son simples herramientas pasivas; intervienen activamente en la producción de efectos.

Barad (2007), desde el realismo agencial, propone el concepto de intraacción para señalar que las entidades no preexisten a sus relaciones, sino que emergen en ellas. Esta idea tiene implicaciones profundas para el pensamiento estratégico contemporáneo.

En contextos donde algoritmos generan análisis predictivos, recomendaciones estratégicas e incluso contenidos creativos, la agencia ya no puede atribuirse exclusivamente a actores humanos. La estrategia ocurre en ensamblajes híbridos.

2.8 Vacío identificado en la literatura

A partir de esta revisión, se identifica un vacío conceptual relevante:

  • El paradigma clásico se basa en ontología representacional.
  • Las perspectivas adaptativas amplían la flexibilidad, pero no reformulan la ontología.
  • La estrategia como práctica se centra en microprocesos, pero no desarrolla suficientemente la dimensión ontológica.
  • La literatura sobre IA aplicada a la estrategia tiende a enfatizar la eficiencia, pero no problematiza la coagencialidad.

Existe, por tanto, la necesidad de una reformulación ontológica del pensamiento estratégico que integre complejidad, agencia distribuida y responsabilidad ética.

Es en este punto donde se propone la Creatividad Estratégica como evolución conceptual.

3. Marco conceptual

3.1 De la ontología representacional a la ontología relacional del acto estratégico

La revisión anterior permite afirmar que gran parte del pensamiento estratégico clásico opera bajo una ontología representacional: el mundo existe como realidad objetiva independiente; el sujeto estratégico lo analiza; y la estrategia emerge como respuesta racional frente a ese análisis. En esta lógica, la función principal de la estrategia consiste en alinear la organización con una estructura externa previamente dada.

Sin embargo, si aceptamos los aportes del pensamiento complejo (Morin, 2008), del giro ontológico (Escobar, 2018) y del realismo agencial (Barad, 2007), esta comprensión resulta insuficiente. La realidad organizacional no es simplemente un entorno externo que se representa; es un campo relacional en permanente configuración.

Desde una ontología relacional, las organizaciones no “operan en” un entorno como si este fuera una entidad fija y estable. Más bien, participan activamente en su configuración. La estrategia no es solo un instrumento de adaptación; es una práctica que produce efectos materiales, simbólicos y sociales.

Cuando una organización decide adoptar un modelo digital, por ejemplo, no solo se adapta a una tendencia tecnológica; reconfigura relaciones laborales, modifica interacciones con clientes, transforma flujos de información y altera dinámicas sectoriales. La decisión estratégica es performativa: contribuye a constituir el mundo organizacional.

En este sentido, la estrategia debe comprenderse como práctica ontológicamente productiva. No se limita a responder al entorno; participa en su cocreación.

3.2 Ser Humano-Ser Origen como fundamento ontológico

En este marco, la categoría Ser Humano-Ser Origen adquiere relevancia conceptual. Lejos de constituir una afirmación meramente identitaria, esta categoría puede entenderse como una matriz ontológica que reconoce al sujeto como fuente de sentido y posibilidad.

La tradición fenomenológica (Husserl, 1931/2012) sostuvo que la conciencia no es simple receptora pasiva de estímulos, sino instancia constitutiva de sentido. Heidegger (1927/2010) amplió esta perspectiva al comprender al ser humano como proyecto en devenir, cuya existencia se define por su apertura a posibilidades.

Trasladada al campo estratégico, esta comprensión implica que el sujeto organizacional no es mero ejecutor de planes diseñados a partir de cálculos externos. Es agente configurador de posibilidades. La estrategia no emerge únicamente del análisis; emerge de la capacidad humana de imaginar, decidir y asumir responsabilidad frente a los efectos de su acción.

Ser Humano-Ser Origen significa reconocer que la Creatividad no es atributo accesorio ni competencia diferenciadora marginal. Es potencia natural constitutiva del Ser Humano-Ser Origen y se expresa en su actuar estratégico. La imaginación, lejos de oponerse al análisis racional, es componente esencial en la configuración de futuros posibles.

Esta categoría permite, además, sostener una posición ética en contextos híbridos humano-IA. Aunque la agencia se distribuya en ensamblajes sociotécnicos, la responsabilidad última no puede delegarse completamente a sistemas algorítmicos. La conciencia humana sigue siendo el locus de deliberación ética.

3.3 Creatividad Estratégica: definición y alcances

A partir de lo anterior, la Creatividad Estratégica puede definirse como:

La capacidad de diseñar conscientemente futuros organizacionales en sistemas complejos, integrando análisis racional, imaginación prospectiva, agencia distribuida y responsabilidad ontológica, y generando modelos, metodologías, sistemas y prácticas estratégicas en el devenir individual, social u organizacional.

Esta definición implica un desplazamiento conceptual significativo.

En el paradigma clásico, la estrategia se orienta a la optimización dentro de parámetros relativamente definidos. En la Creatividad Estratégica, la pregunta ya no es únicamente cómo competir mejor dentro de un entorno dado, sino qué tipo de entorno y de relaciones organizacionales se desea coconfigurar.

Este desplazamiento supone al menos cuatro dimensiones integradas:

  • Dimensión analítica: Mantiene la importancia del análisis estructural, la evaluación de recursos y la comprensión sectorial.
  • Dimensión compleja: Reconoce la interdependencia y la no linealidad de los sistemas.
  • Dimensión prospectiva: Integra la exploración de futuros posibles como práctica deliberada.
  • Dimensión ontológica: Asume que la acción estratégica es performativa y conlleva responsabilidad en la configuración de realidades.

La Creatividad Estratégica no niega la planeación; la reubica dentro de un horizonte más amplio de diseño consciente.

3.4 Agencia distribuida y cocreación estratégica

En entornos contemporáneos, la inteligencia artificial participa activamente en procesos de análisis y toma de decisiones. Los sistemas de machine learning identifican patrones de comportamiento, generan predicciones y sugieren cursos de acción.

Desde la perspectiva del actor-red (Latour, 2005), estos sistemas pueden entenderse como actantes que intervienen en redes de decisión. Sin embargo, el reconocimiento de agencia distribuida no implica equivalencia moral entre humanos y tecnologías.

La Creatividad Estratégica asume que la agencia es relacional, pero que la responsabilidad ética permanece anclada en la consciencia humana. La tecnología amplifica capacidades; no sustituye la deliberación moral.

Esta comprensión evita dos extremos problemáticos:

  • El tecnodeterminismo, que atribuye a la tecnología una autonomía absoluta.
  • El humanocentrismo ingenuo, que ignora la influencia material de los sistemas tecnológicos.

La cocreación estratégica ocurre en ensamblajes híbridos donde humanos y tecnologías interactúan. La Creatividad estratégica consiste en orientar conscientemente esos ensamblajes hacia futuros deseables.

3.5 Modelo conceptual integrador

A partir de las secciones anteriores, puede proponerse un modelo conceptual integrador donde la Creatividad Estratégica emerge en la intersección de cuatro ejes:

  • Planeación racional.
  • Complejidad sistémica.
  • Agencia distribuida humano-IA.
  • Responsabilidad ontológica.

Este modelo no elimina los aportes de la tradición estratégica, sino que los amplía. La planeación continúa siendo relevante, pero deja de ocupar el centro exclusivo del pensamiento estratégico.

En este marco, el acto estratégico se redefine como práctica de diseño consciente que reconoce la naturaleza relacional y performativa de la acción organizacional.

4. Discusión

4.1 Estrategia como práctica ontológicamente productiva

Uno de los desplazamientos centrales planteados en este artículo consiste en reconocer que la estrategia no es simplemente una herramienta técnica orientada a la adaptación o a la optimización, sino una práctica ontológicamente productiva. Esta afirmación implica una transformación profunda en la manera como se comprende el acto estratégico.

En la ontología representacional que subyace al pensamiento estratégico clásico, el mundo es concebido como realidad externa, relativamente estable y susceptible de ser analizada objetivamente. La estrategia emerge como respuesta racional frente a esa realidad. El entorno se representa; la organización decide; la estrategia se ejecuta.

Sin embargo, desde una ontología relacional - inspirada en el giro ontológico contemporáneo (Escobar, 2018) y en el realismo agencial (Barad, 2007) - la realidad no es un dato estático, sino una configuración emergente de relaciones. Las prácticas humanas no solo describen el mundo; participan en su constitución.

Aplicado al campo estratégico, esto implica que la decisión no se limita a responder a un mercado dado; contribuye a configurarlo. Las organizaciones no operan simplemente dentro de estructuras preexistentes; intervienen activamente en la producción de dinámicas económicas, tecnológicas y culturales. En este sentido, la estrategia es performativa: produce mundo.

Este reconocimiento obliga a ampliar el horizonte epistemológico del pensamiento estratégico. La neutralidad técnica se revela como ficción parcial. Toda decisión estratégica implica posicionamiento, configuración de relaciones y distribución de efectos.

4.2 Tensión con el paradigma instrumental del management

El management contemporáneo continúa privilegiando métricas de desempeño, eficiencia operativa y ventaja competitiva como criterios centrales de evaluación estratégica. Si bien estas dimensiones son relevantes, resultan insuficientes en entornos caracterizados por complejidad sistémica, fragilidad estructural y agencia distribuida.

La racionalidad instrumental tiende a fragmentar la realidad en variables cuantificables y optimizables. Sin embargo, la ontología relacional reconoce que los sistemas organizacionales están insertos en redes ampliadas donde las decisiones generan efectos no lineales y recursivos (Morin, 2008).

La Creatividad Estratégica no niega la importancia del análisis ni de la eficiencia; cuestiona su centralidad exclusiva. En contextos donde las decisiones organizacionales inciden en dinámicas sociales, ambientales y tecnológicas amplificadas, el horizonte estratégico debe expandirse hacia la responsabilidad ontológica.

Este desplazamiento no supone abandonar el rigor analítico, sino integrarlo dentro de una comprensión más amplia del acto estratégico como práctica de diseño consciente.

4.3 Cuestionamiento ontológico a los modelos de negocio

La discusión anterior adquiere especial relevancia al examinar la noción de modelo de negocio. Herramientas ampliamente difundidas como el Business Model Canvas (Osterwalder & Pigneur, 2010) han permitido sistematizar la arquitectura de creación de valor organizacional a partir de bloques estructurados: propuesta de valor, segmentos de clientes, fuentes de ingreso, actividades clave, entre otros.

Estas representaciones han sido fundamentales para la innovación empresarial. No obstante, operan bajo una lógica predominantemente estructural y representacional: el modelo de negocio es concebido como arquitectura interna que puede diseñarse, ajustarse y escalarse.

Desde una ontología relacional, esta comprensión resulta incompleta. El modelo de negocio no es simplemente esquema organizativo interno; es dispositivo performativo que interviene en la configuración de redes económicas y sociales. Cuando una organización adopta un modelo basado en plataformas digitales, por ejemplo, no solo redefine su estructura de ingresos; transforma relaciones laborales, modifica interacciones con usuarios, redistribuye poder informacional y reconfigura ecosistemas sectoriales.

El modelo de negocio, por tanto, no es neutro. Es una forma de organización del mundo.

La literatura dominante tiende a evaluar modelos de negocio principalmente en términos de eficiencia, escalabilidad y rentabilidad. La Creatividad Estratégica introduce un cuestionamiento adicional: ¿qué tipo de relaciones, dependencias y estructuras de poder estamos produciendo mediante determinado modelo?

En contextos de economía digital y explotación masiva de datos, esta pregunta adquiere mayor relevancia. La arquitectura del modelo condiciona no solo la captura de valor, sino la distribución de capacidades y vulnerabilidades en redes ampliadas.

4.4 Modelo de negocio como proceso relacional dinámico

A partir de lo anterior, el modelo de negocio puede comprenderse menos como estructura estática y más como proceso relacional dinámico. No es únicamente un diagrama que describe cómo se crea y captura valor; es un conjunto de relaciones en permanente configuración.

Este desplazamiento conceptual tiene al menos tres implicaciones:

  • El modelo de negocio debe evaluarse no solo en términos financieros, sino en términos sistémicos y relacionales.
  • El rediseño del modelo es un proceso continuo y no un evento puntual.
  • Las decisiones sobre arquitectura de valor requieren reflexión ética ampliada.

La Creatividad Estratégica integra estas dimensiones al proponer que el diseño del modelo de negocio es un acto consciente que participa en la configuración de futuros posibles.

4.5 Inteligencia artificial y coagencialidad estratégica

La incorporación de inteligencia artificial en procesos estratégicos amplifica la complejidad del debate. Los sistemas algorítmicos generan análisis predictivos, optimizan cadenas de suministro y personalizan experiencias de usuario. Desde una perspectiva instrumental, esto representa un aumento de eficiencia.

No obstante, desde la teoría del actor-red (Latour, 2005), los sistemas tecnológicos son actantes que intervienen en redes de decisión. Desde el realismo agencial (Barad, 2007), las decisiones estratégicas emergen en intraacciones donde humanos y tecnologías coconfiguran resultados.

La agencia, por tanto, es distribuida. Sin embargo, la responsabilidad ética no puede delegarse completamente a sistemas automatizados. La Creatividad Estratégica propone integrar las capacidades analíticas de la inteligencia artificial dentro de una deliberación consciente que evalúe consecuencias sistémicas.

La cuestión no es si integrar IA o no, sino cómo orientarla hacia configuraciones organizacionales coherentes con horizontes ampliados de responsabilidad.

4.6 Implicaciones organizacionales

Desde el modelo propuesto, las organizaciones enfrentan al menos tres desplazamientos estratégicos:

  • De la planeación cerrada a la arquitectura abierta: Las estructuras deben diseñarse para reconfiguración continua en entornos no lineales.
  • De la optimización aislada a la interdependencia sistémica: Las decisiones deben evaluarse considerando efectos en redes ampliadas.
  • De la delegación tecnológica acrítica a la cocreación consciente: la integración de inteligencia artificial requiere gobernanza reflexiva.

Estos desplazamientos no eliminan la necesidad de análisis riguroso, pero lo sitúan dentro de un horizonte relacional más amplio.

4.7 Implicaciones formativas y epistemológicas

Si el pensamiento estratégico evoluciona ontológicamente, la formación estratégica también debe transformarse. Los programas tradicionales enfatizan herramientas analíticas, pero la Creatividad Estratégica exige integrar:

  • Pensamiento complejo.
  • Prospectiva y diseño de futuros.
  • Alfabetización tecnológica crítica.
  • Reflexividad ética.

La educación superior, como espacio de producción y transmisión de conocimiento estratégico, enfrenta el reto de formar sujetos capaces de habitar incertidumbre sin paralizarse y de interactuar críticamente con sistemas inteligentes.

En términos epistemológicos, esto implica reconocer que el conocimiento estratégico no es únicamente técnico; es práctica reflexiva que articula análisis, imaginación y responsabilidad.

4.8 Contribución teórica

La contribución central de este artículo puede sintetizarse en cuatro dimensiones:

  • Identifica la persistencia de una ontología representacional en gran parte del pensamiento estratégico.
  • Integra complejidad, prospectiva y agencia distribuida en una reformulación conceptual coherente.
  • Define la Creatividad Estratégica como evolución ontológica del campo.
  • Amplía el debate hacia el cuestionamiento performativo de los modelos de negocio.

En conjunto, estos elementos posicionan la Creatividad Estratégica no como técnica adicional, sino como ampliación epistemológica del pensamiento estratégico contemporáneo.

5. Conclusiones

La evolución del pensamiento estratégico no puede comprenderse únicamente como ampliación metodológica. Lo que este artículo ha intentado mostrar es que la transformación contemporánea exige una reformulación ontológica del campo. El paradigma clásico de planeación estratégica, sustentado en una ontología representacional, resultó eficaz en contextos de relativa estabilidad estructural. Sin embargo, en entornos caracterizados por complejidad sistémica, fragilidad estructural y agencia distribuida humano-tecnológica, sus supuestos resultan insuficientes.

La digitalización, la interconectividad global y la inteligencia artificial han alterado las condiciones de posibilidad de la acción estratégica. Las organizaciones no operan frente a un entorno fijo; participan activamente en su configuración. La estrategia, por tanto, no puede limitarse a la optimización de variables predefinidas. Es práctica performativa que interviene en la producción de relaciones, estructuras y futuros posibles.

En este marco, la Creatividad Estratégica se propone como evolución integradora del pensamiento estratégico. No reemplaza la planeación ni el análisis estructural, sino que los reubica dentro de un horizonte ampliado de diseño consciente. Este desplazamiento supone integrar cuatro dimensiones fundamentales: análisis racional, complejidad sistémica, agencia distribuida y responsabilidad ontológica.

La categoría Ser Humano-Ser Origen permite fundamentar esta integración. Reconoce al sujeto estratégico como potencia creadora capaz de imaginar, decidir y asumir responsabilidad frente a los efectos de su acción. En contextos híbridos humano-IA, esta categoría resulta especialmente relevante: aunque la agencia se distribuya tecnológicamente, la deliberación ética permanece en la consciencia humana.

Uno de los aportes centrales del artículo radica en el cuestionamiento ontológico a los modelos de negocio. Tradicionalmente evaluados desde criterios de eficiencia y rentabilidad, los modelos de negocio son aquí comprendidos como dispositivos performativos que configuran redes económicas, sociales y tecnológicas. Desde la Creatividad Estratégica, el diseño del modelo no es solo ejercicio técnico; es intervención estructural en ecosistemas ampliados. Esta perspectiva amplía el debate más allá del reduccionismo economicista, sin abandonar el rigor analítico.

Asimismo, el reconocimiento de la agencia distribuida obliga a repensar la integración de inteligencia artificial en procesos estratégicos. La tecnología no puede ser concebida únicamente como herramienta neutra. Participa en la configuración de decisiones y estructuras de valor. La Creatividad Estratégica propone una integración consciente, evitando tanto el tecnodeterminismo como el humanocentrismo ingenuo.

Desde el punto de vista epistemológico, el artículo contribuye a desplazar el campo estratégico hacia una comprensión relacional del acto organizacional. Este desplazamiento tiene implicaciones formativas relevantes. La educación superior - como espacio de producción y transmisión de conocimiento estratégico - enfrenta el reto de formar sujetos capaces de habitar incertidumbre, comprender sistemas complejos e interactuar críticamente con tecnologías inteligentes. La formación estratégica no puede reducirse a herramientas analíticas; debe integrar reflexión ontológica y diseño prospectivo.

En síntesis, la transición de la planeación al diseño consciente no implica abandonar la estrategia, sino madurarla. Frente a entornos VUCA-BANI y ensamblajes humano-tecnológicos, las organizaciones que prosperen serán aquellas capaces de asumir conscientemente su papel en la configuración de futuros posibles.

La Creatividad Estratégica se posiciona así como ampliación epistemológica del pensamiento estratégico contemporáneo. No es técnica adicional, sino horizonte integrador que articula análisis, imaginación y responsabilidad en contextos de cambio e incertidumbre.

Referencias

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Diseño de Modas y pluralidad para futuros desde Ser Humano-Ser Origen

Resumen

Una articulación sobre corrientes teóricas contemporáneas que aborden intersecciones del Diseño de Modas permite comprender su inserción en la realidad cultural, social y ontológica del presente. A partir de enfoques relacionales, y culturales, se sitúa el diseño como una práctica generadora de conocimiento que configura modos de existencia y sistemas de valores. El análisis integra aportes de la antropología del cuerpo, la sociología de la moda, los estudios culturales, la investigación-creación y la prospectiva, reconociendo el vestir como lenguaje sensible y político. En diálogo con los pilares de lo femenino, lo masculino y lo íntimo, se presenta el Diseño de Modas como un campo formativo que promueve la pluralidad, el Potencial ilimitado del ser humano y la consciencia en la representación del ser. Desde el Pensamiento Institucional Ser Humano-Ser Origen, el capítulo propone una lectura del diseño de modas orientada a la Transformación Consciente Individual y Social, proyectando a la moda como agente activo en la construcción de futuros plurales y sostenibles.

Palabras clave: Diseño de Modas; cuerpo y representación; cultura material e inmaterial; subjetividad; pluralidad; transformación consciente; prospectiva del diseño.

El capítulo comprende el Diseño de Modas como un campo relacional donde cuerpo, representación, cultura material y consciencia configuran futuros plurales desde Ser Humano-Ser Origen.

Introducción

¿Cómo puede el Diseño de Modas dejar de operar solo como producción de prendas para convertirse en una práctica que transforma modos de existencia, valores culturales y formas de representación?

El Diseño de Modas atraviesa un momento que excede los debates técnicos y estéticos para instalarse en el centro de conversaciones más amplias; comprender esta reconfiguración exige su reconocimiento como forma de conocimiento capaz de intervenir en sistemas de valores, configurar modos de existencia y anticipar escenarios de transformación cultural. El propósito de este texto es contextualizar el Diseño de Modas como campo disciplinar en diálogo activo con corrientes teóricas contemporáneas provenientes de la antropología del cuerpo, la sociología de la moda, los estudios culturales, la investigación-creación y la prospectiva del diseño. Lejos de proponer una síntesis exhaustiva, el capítulo traza una lectura situada que permite comprender de qué manera estas corrientes iluminan tensiones reales del campo: la crisis ecológica y sus implicaciones para la producción de moda, la reconfiguración de la identidad y la corporalidad, la irrupción tecnológica y sus consecuencias para la Creatividad, y la necesidad urgente de modelos formativos que preparen diseñadores capaces de operar con criterio ético en escenarios de alta incertidumbre. Estas tensiones se abordan desde tres ejes investigativos que estructuran la capacidad de respuesta disciplinar ante los desafíos del presente: el eje Regenerativo y Coevolutivo, que sitúa el diseño en diálogo con los sistemas vivos y orienta la práctica hacia lógicas de simbiosis y biomímesis; el eje de Biopolítica y Políticas Públicas, que examina la moda como campo donde cuerpo, representación y normativa se entrelazan con la construcción de ciudadanía; y el eje de Economía Circular y Bioeconomía, que articula sostenibilidad, tecnología y circularidad como lineamientos del quehacer proyectual.

Para ello, el capítulo se organiza en dos momentos articulados seguidos de una discusión prospectiva. El marco contextual sitúa el Diseño de Modas en la intersección de debates disciplinares, interdisciplinares y transdisciplinares del presente. El marco conceptual propone una relación de valor entre conceptos y prácticas, abordando el cuerpo como dimensión epistemológica, el vestir como lenguaje sensible y político, y el diseño como práctica relacional que produce sentido e interviene en la construcción de subjetividades. La discusión final proyecta las trayectorias de pensamiento que el campo deberá habitar en los próximos años, identificando los retos y oportunidades que se configuran en el horizonte disciplinar. Este abordaje se inscribe en el Pensamiento Institucional COLEGIATURA Ser Humano-Ser Origen, desde el cual el diseño se comprende como práctica orientada a la Transformación Consciente Individual y Social, y el diseñador como sujeto capaz de articular Creatividad, responsabilidad ética y pluralidad de modos de existencia en la construcción de futuros compartidos.

Marco contextual

  • Regenerativo y coevolutivo: diseño en diálogo con sistemas vivos, simbiosis, biomateriales y biomímesis.
  • Biopolítica y políticas públicas: cuerpo, representación, ciudadanía y marcos normativos.
  • Economía circular y bioeconomía: sostenibilidad, tecnología, circularidad y responsabilidad productiva.

Situarnos en la comprensión de la moda como fenómeno cultural necesita de una lectura del fenómeno cultural, social, simbólico, económico y comunicacional, que articula la creación, producción, circulación y consumo de vestuario e imagen, desde una perspectiva crítica, creativa y estratégica. Esto implica que además de abordar la prenda como objeto material, se amplía la concepción a la comprensión de sistemas de significación y construcción de identidad; un campo de creación estética y comunicacional que abre las posibilidades de transformación cultural y social permitiendo la expresión del PerfilOriginal desde la Creatividad consciente. En coherencia con el Pensamiento Institucional Ser Humano-Ser Origen, el Diseño de Modas se comprende como forma de conocimiento orientada a la acción, capaz de configurar futuros y transformar sistemas culturales desde la consciencia. El Diseño de Modas resuelve problemas formales y funcionales y opera como práctica intelectual y proyectual que produce sentido, interviene contextos reales y reconfigura modos de vida.

En este marco, los pilares formativos Lo Femenino, Lo Masculino y Lo Íntimo estructuran una comprensión crítica y plural de la representación. Lo Femenino investiga y experimenta la corporalidad como territorio simbólico, desnaturalizando los discursos que han fijado estereotipos y habilitando lecturas sobre performatividad y Potencial ilimitado. Lo Masculino revisa los imaginarios culturales que han configurado roles e identidad, ampliando la reflexión hacia nuevas formas de habitar el cuerpo y el vestir. Lo Íntimo indaga la historia del cuerpo y del vestido como construcción social del yo, entendiendo el cuerpo como soporte físico-simbólico donde convergen memoria, emoción y autonomía; un espacio ético y político desde el cual el diseño emerge como práctica de introspección consciente. Estos pilares cuestionan los dualismos tradicionales y proponen una visión relacional de la existencia, reconociendo que cuerpo, materia, tecnología y cultura co-constituyen los modos de ser y de crear. Las modas, funcionan como campo de creación estética y proyectual, es un espacio donde convergen tensiones culturales globales, desde la crisis climática y la justicia ambiental hasta las reconfiguraciones de género, corporalidad y subjetividad.

Los pilares no operan como categorías cerradas, sino como campos de lectura para comprender cuerpo, identidad, memoria, representación y pluralidad.

Informes recientes sobre sostenibilidad y producción textil muestran que, pese a algunos avances en materiales reciclados y eficiencia energética, la huella de la industria permanece elevada y continúa contribuyendo significativamente a las emisiones globales y a la extracción de recursos no renovables (Textile Exchange, 2025; Fashion Revolution, 2025). Esto lleva a repensar estrategias productivas y conceptuales, reconociendo a la moda como terreno para articular cultura, ética y economía circular. La moda también se encuentra en diálogo con tendencias sociales más amplias de reconfiguración de identidades, cuerpos y representaciones.

La sostenibilidad no aparece como tema accesorio: obliga a revisar materiales, procesos, consumo, trazabilidad y las formas culturales mediante las cuales la moda produce valor.

Los ejes investigativos de la carrera consolidan este posicionamiento contextual propiciando el encuentro con otros saberes y expandiendo las posibilidades disciplinares bajo un marco de impacto consolidado. El eje Regenerativo y Coevolutivo integra principios de simbiosis, biomateriales y biomímesis para comprender el diseño como práctica que aprende de los sistemas vivos y coevoluciona con ellos, desplazando la lógica extractiva hacia una lógica regenerativa. El eje Biopolítica y Políticas Públicas examina la moda como campo donde el cuerpo, la representación y la educación se entrelazan con estructuras normativas y decisiones colectivas, situando el diseño como mediador cultural capaz de incidir en marcos regulatorios y en la construcción de ciudadanía, así como en la comprensión Biopolítica de los sujetos constantemente atravesados por la imagen y las posibilidades de esta. El eje Economía Circular y Bioeconomía articula sostenibilidad, tecnología y circularidad como lineamientos estructurales del quehacer proyectual, promoviendo modelos productivos coherentes con la interdependencia entre cultura y naturaleza.

El Marco Contextual del programa se configura desde abordajes disciplinares, interdisciplinares y transdisciplinares que vinculan diseño, arte, biología, ciencias sociales, e ingeniería, entre otros saberes para comprender la complejidad del presente. El Diseño de Modas se posiciona como territorio relacional donde se articulan cuerpo, cultura, tecnología y política, contribuyendo a la construcción de sistemas más conscientes, sostenibles y plurales. Reafirmando la responsabilidad de generar propuestas de valor para la humanidad, al impactar universos simbólicos y materiales hacia modos de existencia conscientes, colaborativos y coherentes con la vida. Los tres ejes investigativos son la infraestructura epistemológica y proyectual que habilita al Diseño de Modas para intervenir los desafíos estructurales del presente: la crisis ecológica, la transformación de las subjetividades y la reconfiguración de los modelos productivos. De manera articulada, estos ejes configuran un campo de acción estratégica que posiciona al Diseño de Modas como disciplina capaz de anticipar escenarios, formular respuestas sistémicas y contribuir activamente a la construcción de futuros regenerativos, equitativos y culturalmente conscientes.

Marco conceptual

El diseño se entiende aquí como una práctica orientada a la acción: no solo traza formas, sino que configura conocimiento, transforma sistemas arraigados y abre condiciones para futuros compartidos.

El Diseño de Modas como denominación de carrera original COLEGIATURA requiere volver al origen, la etimología de la palabra diseño pasa por la palabra italiana designare, dibujo; esta a su vez del latín designare: marcar, trazar, ordenar y disponer. Como sustantivo, el diseño se entiende desde la posibilidad de crear con una intención, plan, propósito, meta o forma, la transformación del mundo con un propósito. El diseño entonces es una actividad orientada a la acción y la configuración de futuros. La concepción del diseño implica inherentemente la generación activa de conocimiento al vincularse estrechamente con el hacer y el trabajo intelectual (Escobar, 2016, p. 17). El diseño, entendido desde esta perspectiva, trasciende la mera aplicación de conocimientos preexistentes, posicionándose como un "diseño de sistemas de conocimiento" o sistemas de investigación; una dimensión que se considera fundamental para el trabajo intelectual en general (Escobar, 2016, p. 48, 49). Esto implica la generación de nuevo conocimiento útil, tanto desde los procesos o los productos se está generando una transformación consciente con un impacto tangible y de vanguardia. El diseño, desde una perspectiva ampliada, interviene en situaciones contextuales reales con el objetivo de modificar sistemas arraigados. La crisis contemporánea no exige menos que cambiar "toda una forma de vida y todo un estilo de creación de mundos", situando al diseño en una posición fundamental para las transiciones culturales y ecológicas (Escobar, 2016, p. 45).

La denominación de Las Modas como fenómeno cultural busca generar capacidades para reflexionar sobre el sistema de representaciones culturales de la moda, mediante la investigación aplicada, el desarrollo de proyectos, la lectura del entorno directo e indirecto, y el análisis de la información. Todo esto en función de lo ya planteado sobre el diseño, una necesidad de transformar los sistemas desde los sistemas de valores culturales. Las relaciones culturales, sociales y políticas que comprenden las modas presentan un fenómeno cultural complejo y se sitúa en la intersección entre cultura, consumo y tendencias, lo que permite analizar las dinámicas sociales y sus transformaciones a lo largo del tiempo. Esta triada, cultura, consumo y tendencias, siempre está situada contextualmente y presenta un sistema cíclico de flujos interrelacionados que reflejan y a la vez moldean dinámicas sociales, lo cual permite la configuración de criterios para decisiones individuales y colectivas en torno a la representación y como estas están intrínsecamente vinculadas con normativas sociales y construcciones identitarias. El acto personal de vestirse es, en esencia, "un acto de preparar el cuerpo para el mundo social, hacerlo apropiado, aceptable, de hecho, hasta respetable y posiblemente incluso deseable" (Entwistle, 2002, pág. 12) El oficio de vestirse, es un ejercicio que, desde la comprensión de la identidad y las búsquedas de la representación, permite la maleabilidad de los cuerpos al actuar desde la consciencia para impactar sistemas de valores transformándolos. Las posibilidades de la representación de cada individuo son parte de un ejercicio que nace en lo íntimo y se manifiesta desde lo femenino y lo masculino como dimensiones del ser para presentar la pluralidad y la potencia del Ser Humano-Ser Origen.

Vestirse es preparar el cuerpo para el mundo social. Por eso, el Diseño de Modas incide en la forma como cada sujeto se representa, se reconoce y participa en la vida colectiva.

Desde una perspectiva relacional el Diseño de Modas es un campo donde la subjetividad emerge de un entramado amplio de relaciones entre áreas de manifestación que incluyen lo intelectual, relacional, laboral, físico, lúdico y abundancia desde cuerpos, materialidades, prácticas y entornos, esto se traducen en valores culturales y estéticos que dialogan con Ser Humano-Ser Origen, la Creatividad surge de un campo vivo, interdependiente y siempre en devenir con... La política ontológica desestabiliza los dualismos fundacionales desdibujando polaridades como mente/cuerpo, o naturaleza/humanidad y se fundamenta en la relacionalidad, la cual sostiene que todas las entidades están tan profundamente interrelacionadas que "ninguna tiene una existencia intrínseca y separada, por sí misma" (Escobar, 2020, p. 8). Las modas configuran un lenguaje sensible y sistémico que permite explorar modos de existencia que dentro de muchas posibilidades también son colaborativos y sostenibles. Esto en lo proyectual permite modos estéticos, éticos y culturales que se activan desde la representación consciente del ser mientras se expande hacia prácticas de cuidado, comunidad y pluriversalidad. La postura crítica activa convoca, personal y colectivamente, a una "política y una ética de la interdependencia y el cuidado" como vías para abrir paso a mundos y saberes menos atravesados por ejes de dominación (Escobar, 2020, p. 7). Así entendido, el Diseño de Modas como territorio para re-conocer y re-valorar fenómenos culturales que atraviesan comportamientos del individuo, dinámicas sociales, asuntos vestimentarios, identidad, representación y lógicas de comunicación y expresión del individuo en la vida íntima, social y sensible, integrando la Creatividad, la Comunicación Esencial y la Felicidad como fuerzas que articulan futuros compartidos desde una Transformación Consciente Individual y Social.

Este abordaje de los pilares formativos: Lo Femenino, Lo Masculino y Lo Íntimo se relaciona con el «peligro de la historia única» (Adichie, 2018), un fenómeno que ocurre cuando se presenta a un pueblo o persona bajo un único relato repetidamente, lo cual finalmente la convierte en una lectura estereotípica de un individuo. Al reducir la complejidad del ser a una narrativa simple, se ignora la pluralidad de historias que conforman las expresiones culturales. El problema inherente a los estereotipos no es su falsedad, sino que son relatos "incompletos" y convierten un relato parcial en "el único relato" (Adichie, 2018, p. 8). Esta simplificación narrativa tiene consecuencias sobre el sujeto, dificultando el reconocimiento de lo que la autora denomina "común humanidad" (Adichie, 2018, p. 9). Las posibilidades formativas de la carrera revisan estos relatos para propiciar la comprensión de la pluralidad por parte de los estudiantes y así habilitar las posibilidades de la representación de la diversidad de cuerpos e identidades (Adichie, 2018, p. 17).

La pluralidad de cuerpos e identidades exige romper relatos únicos. Diseñar desde la moda implica habilitar narrativas múltiples, incompletas, vivas y culturalmente situadas.

La investigación en torno a los valores culturales no puede ignorar que el cuerpo ha sido históricamente un "objeto político", que está condicionado y en ese sentido se busca explorarlo, desarticularlo y recomponerlo (Foucault, 1976a, citado en Planella, 2015, p. 201) para fabricar cuerpos maleables que responden a una cultura situada. Frente a esta posibilidad de transformación del cuerpo el Diseño de Modas plantea una concepción que entiende al cuerpo no como un "cuerpo objeto" (Körper) pasivo, sino como la "dimensión existencial, subjetiva y relacional del ser humano" (Isidori, 2002, citado en Planella, 2015, p. 36, 37). Así, la ideación corporal proyectual encarna una forma consciente que permite a los sujetos ser creadores de significado y afirmar una subjetividad que expande los límites estéticos y de transformación que desde el espíritu de vanguardia busca la transformación de discursos que se presentan como estructuras hegemónicas (McLaren, 1997, citado en Planella, 2015, p. 186).

Estos pilares, articulados con el Pensamiento Institucional Ser Humano-Ser Origen, permiten comprender el diseño como una práctica relacional que produce sentido, cuida la diferencia y facilita modos de existencia más conscientes, dignos y plurales. El objetivo es "reconfigurar un universo simbólico y relacional en torno al cuerpo humano que, en vez de ser dominado, secuestrado, mutilado o colonizado, pueda despertar la conciencia de una nueva realidad individual y social" (Vilanou, 2003, citado en Planella, 2015, p. 230).

Discusión y conclusiones

La discusión proyecta el Diseño de Modas como un campo capaz de anticipar escenarios, formular respuestas sistémicas y construir futuros más conscientes, equitativos y coherentes con la vida.

El Diseño de Modas constituye un campo disciplinar que desborda los límites de lo estético y lo vestimentario para instalarse como territorio de transformación cultural, política y ontológica. Esta afirmación se sostiene en la articulación entre corrientes teóricas contemporáneas, una pedagogía orientada a la consciencia y un posicionamiento ético frente a los desafíos del presente y con mayor fuerza del futuro. Proponemos un diálogo con la comprensión del cuerpo como lugar epistemológico, una dimensión existencial desde la cual se produce sentidos, identidades y representación. Comprender el vestir desde esta perspectiva desplaza el problema del diseño hacia preguntas que no tienen respuestas técnicas; exigen pensamiento crítico, sensibilidad política y responsabilidad ética, tres condiciones que la formación en Diseño de Modas busca cultivar como parte de su identidad disciplinar.

El horizonte que se configura para el sector es un mapa de tensiones que el Diseño de Modas deberá habitar, negociar y transformar en los próximos años. Leerlas desde la formación significa reconocer que las decisiones más estratégicas del futuro de la industria son, en esencia, decisiones de diseño. Una de las búsquedas más urgentes apunta hacia la reconfiguración del cuerpo como centro ético del proyecto de Las Modas. La discusión contemporánea sobre diversidad corporal se ha convertido en la posibilidad proyectual de diseñar para la duración, para el confort sensorial de cuerpos diversos como posicionamiento ético alrededor de lo que habilita o clausura una prenda. Esto exige que los materiales, los procesos y los mensajes que construye el diseño sean coherentes entre sí, que la ética del cuidado no quede reservada al discurso conceptual y que se acuerpe en cada decisión formal y técnica. Pensar en ciclos largos, construir estética desde lo circular, anclar el producto a territorios y saberes que lo sostienen culturalmente son todas formas de afirmar que el cuerpo no es un soporte de tendencias sino un lugar de vida que merece ser habitado con consciencia. Así se convocan modelos de pensamiento que integren lo racional y lo sensible, capaces de generar manifestaciones culturales abiertas, creativas y responsables con la diversidad de formas de existir.

La irrupción de la inteligencia artificial y la aceleración tecnológica abren, simultáneamente, una de las discusiones más urgentes y menos resueltas del campo. El escenario deseable implica el criterio creativo y la curaduría humana para lo que la tecnología ejecuta y escala bajo parámetros claros de InteligenciaConsciencia. La Moda digital se dirige hacia una práctica que combine tecnología y con liderazgos conscientes y corresponsables, capaces de orientar el uso de la inteligencia artificial, los materiales e insumos y su trazabilidad y los marcos de sostenibilidad regulados. La gobernanza del diseño emerge aquí como campo de acción profesional desde las necesidades claras de la disciplina. Aprender a incidir en políticas, a proponer estándares sectoriales y a participar en la construcción de marcos normativos es también una competencia del diseñador contemporáneo que si bien está estrechamente relacionada con el impacto medio ambiental de la producción vestimentaria, no se limita a esta, es una necesidad amplia que integra regulaciones y normativas alrededor de la empleabilidad en moda, las necesidades identitarias y de representación desde los proyectos sociales y culturales de diferentes ámbitos.

La tecnología y la inteligencia artificial amplían las posibilidades del campo, pero requieren criterio creativo, curaduría humana y una orientación ética desde la InteligenciaConsciencia.

Hay además una transformación profunda en el modelo de valor de la moda que apunta a la reintroducción de objetos en circuitos de valor; el archivo entendido como repositorio patrimonial se convierte en fuente viva de investigación y creación; el vínculo entre quien diseña y quien usa se sostiene no necesariamente en el lanzamiento desde la novedad, además de esto se construyen puentes entre creador y consumidor donde el cuidado continuo de productos moda resignifican la relación con los objetos, con los otros y con el entorno. Educar en el uso, la reparación y la longevidad del objeto es, desde esta perspectiva, también un acto de diseño que permite lógicas afectivas de la economía del diseño donde la atención, el tiempo, la escucha y la presencia son ejes de creación e intercambio que proponen un modelo donde lo íntimo se expresa en prácticas interdependientes que integran consciencia, sensibilidad y pensamiento sostenible.

El archivo, la reparación, el cuidado y la longevidad del objeto moda abren una economía sensible donde el valor no depende únicamente de la novedad, sino de los vínculos que el diseño sostiene.

Estas discusiones revelan, en su conjunto, un Diseño de Modas contundente al momento de anticipar escenarios, formular respuestas sistémicas y contribuir activamente a la construcción de futuros más conscientes, equitativos y coherentes con la vida. Esa oportunidad se materializa desde una formación que asume la complejidad del presente al preparar profesionales que puedan leer el contexto ecológico, tecnológico y social como condiciones creativas, que comprendan las regulaciones globales sin perder de vista las particularidades culturales que dan sentido a lo local, y que usen la tecnología como extensión del pensamiento ético y no como sustituto del criterio humano. El espíritu de vanguardia que define la búsqueda formativa se sostiene en la capacidad de reconocer los problemas del presente para formar criterio donde otros forman habilidades, y de imaginar preguntas que la cultura, las áreas creativas y la industria aún no sabe que necesita hacerse. Generar nuevo conocimiento desde el Diseño de Modas articula contexto, consumo, tendencias y cultura con cuerpo, tecnología y consciencia como dimensiones inseparables de un mismo acto, y que desde esa articulación contribuye a la construcción de futuros donde el fenómeno cultural de la imagen y el vestir son una forma de habitar el mundo con responsabilidad y consciencia.

Referencias

Adichie, C. N. (2018). El peligro de la historia única. Literatura Random House.

COLEGIATURA COLOMBIANA. (s.f.). Pensamiento Institucional. Documento institucional.

COLEGIATURA COLOMBIANA. (2025). Investigar con… Sistema de Investigación Acción Participación Ser Humano-Ser Origen. Documento institucional.

Entwistle, J. (2002). El cuerpo y la moda: Una visión sociológica (A. Sánchez Mollet, Trad.). Paidós Ibérica. (Obra original publicada en 2000)

Escobar, A. (2016). Autonomía y diseño: La realización de lo comunal. Editorial Universidad del Cauca.

Escobar, A. (2020). Política pluriversal: Lo real y lo posible en el pensamiento crítico y las luchas latinoamericanas contemporáneas. Tabula Rasa, (36), 323-354. https://doi.org/10.25058/20112742.n36.13

Planella, J. (2015). Pedagogías de lo sensible: Cuerpo, cultura y educación. Desclée De Brouwer.

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Proxistir: el diseñador gráfico como curador de sentido en la era de la inteligencia artificial generativa

Resumen

El texto reflexiona sobre el rol del diseñador gráfico en un momento de transformación tecnológica profunda, marcado por la irrupción de la inteligencia artificial generativa de imágenes. El autor plantea que la experticia técnica tradicional - construida en el cuerpo, la repetición y el contacto con los materiales - se desplaza hacia una nueva forma de saber centrada en el lenguaje: el prompt como gesto creativo fundacional.

La pantalla, entendida como superficie sin fricción, transforma no solo el modo de producir, sino también el modo de pensar, al eliminar progresivamente la resistencia material que históricamente fue parte constitutiva del proceso creativo. Apoyado en Polanyi y Merleau-Ponty, el autor argumenta que el conocimiento tácito corporal no se vuelve obsoleto, sino que adquiere un valor renovado como archivo vivo de comprensión visual en un entorno saturado de imágenes genéricas.

Este desplazamiento no es inédito: tiene antecedentes en la imprenta, la fotografía y la computación gráfica. En cada caso, la redefinición del oficio tomó tiempo en consolidarse. Lo que esta iteración añade es la pregunta por la agencia humana en la producción cultural, en un contexto en el que las máquinas generan imágenes con una fluidez sin precedentes. La respuesta no es nostalgia ni rendición, sino la construcción de una práctica que integre rigor, conciencia cultural y responsabilidad. El diseñador emergente es, ante todo, un curador de sentido: alguien que evalúa críticamente, contextualiza y decide qué imágenes deben existir y desde qué valores.

Palabras Clave:

diseño gráfico; inteligencia artificial generativa; prompt; conocimiento tácito; imagen digital; pantalla; Creatividad; cuerpo y tecnología; curaduría de sentido; alfabetización visual; oficio gráfico; pensamiento crítico; imagen y cultura; fricción creativa; mediación tecnológica

1. INTRODUCCIÓN

1. INTRODUCCIÓN

La experticia del diseñador no desaparece: se desplaza hacia el juicio, la conciencia cultural y la responsabilidad frente a las imágenes que se ponen en el mundo.

¿Qué implica ser diseñador cuando la imagen puede convocarse con un texto breve, como quien pide un deseo a una fuente mágica? La pregunta no es retórica: instala una tensión real en el centro del oficio y obliga a revisar qué permanece cuando la herramienta parece hacerlo casi todo.

No es la primera vez que una tecnología reconfigura el rol del creativo gráfico. La imprenta, la fotografía y la computación gráfica lo precedieron, cada una desplazando saberes, redefiniendo prácticas y obligando a renombrar el trabajo de quienes hacen de la imagen su territorio. El bucle se repite, pero esta iteración tiene una escala diferente: la inteligencia artificial generativa no solo cambia el modo de producir imágenes; transforma el gesto, el cuerpo y la naturaleza misma del pensamiento creativo.

Este artículo se sitúa en ese intervalo todavía abierto, donde los roles emergentes aún no tienen nombre consolidado, pero ya definen una brecha entre quienes producen imagen genérica y quienes producen imagen con intención. El argumento que lo atraviesa es que la experticia del diseñador no desaparece: se desplaza hacia el juicio, la conciencia cultural y la responsabilidad frente a las imágenes que se ponen en el mundo.

2. MARCO TEÓRICO

2. MARCO TEÓRICO

En un entorno de abundancia de imágenes generadas sin fricción, lo que define al diseñador emergente no es su dominio técnico de las herramientas, sino su capacidad de articular sentido visual en coherencia con el contexto cultural.

El presente marco teórico articula los fundamentos conceptuales que permiten comprender la reconfiguración del rol del diseñador gráfico en el contexto de la inteligencia artificial generativa de imágenes, a partir de cuatro perspectivas teóricas complementarias. El punto de entrada es el posthumanismo filosófico de Rosi Braidotti, quien en The Posthuman (2013) propone una comprensión del sujeto contemporáneo no como entidad autónoma y esencialista, sino como ensamble dinámico constituido en la relación con otros agentes, materiales y sistemas técnicos. Desde esta perspectiva, el diseñador que opera con inteligencia artificial no puede comprenderse como un sujeto soberano que usa una herramienta externa: es, él mismo, parte de un ensamble humano-tecnológico en el que la agencia creativa se distribuye, negocia y reconfigura en cada interacción. Esta condición posthumana no implica la disolución del sujeto, sino su apertura a una forma de ser radicalmente relacional, en la que la identidad profesional y creativa se construye en el vínculo sostenido con los sistemas que habita.

Sobre esta base relacional, el pensamiento de Gilbert Simondon en Imaginación e invención (1965-1966) ofrece una comprensión procesual de la imagen y de su relación con la invención técnica. Para Simondon, la imagen no es un objeto estático, sino el resultado de un ciclo que articula disposiciones motrices previas a la experiencia, imágenes que emergen en el encuentro perceptivo con el entorno, imágenes-recuerdo que sedimentan la experiencia pasada y, finalmente, la invención técnica como producción de objetos y sistemas que materializan nuevas formas de relación entre el sujeto y el mundo. En el contexto del diseño mediado por IA, el prompt - instrucción textual que orienta al sistema generativo - puede interpretarse como un gesto de invención técnica: un acto que moviliza el capital perceptivo y cultural acumulado del diseñador y lo transforma en una instrucción capaz de activar y orientar procesos visuales complejos. La experticia, en este sentido, no desaparece: se desplaza hacia una nueva forma de mediación entre la intención creativa y el sistema técnico.

Esta mediación, sin embargo, requiere un sustento corporal que la fenomenología de Maurice Merleau-Ponty permite fundamentar. En Fenomenología de la percepción (1945), Merleau-Ponty argumenta que la conciencia no opera de manera independiente del cuerpo, sino que se constituye a través de la experiencia física sostenida. El gesto de dibujar no es únicamente un medio para producir una imagen: es una forma de pensarla desde adentro, una retroalimentación continua entre el ojo, la mano y la superficie que produce una comprensión visual difícilmente alcanzable por otra vía. Este planteamiento dialoga con el concepto de conocimiento tácito de Michael Polanyi (1966), ese saber que se expresa en el hacer, pero no puede reducirse a instrucciones explícitas. En un entorno de generación automatizada donde la pantalla no ofrece resistencia material, el archivo corporal vivo del diseñador - construido en años de práctica con materiales, herramientas y sistemas visuales - no es un anacronismo, sino el fundamento desde el cual es posible habitar el ensamble con la máquina con criterio y profundidad interpretativa.

Finalmente, Walter Benjamin (La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica, 1935) y Vilém Flusser (Filosofía de la fotografía, 1983) contextualizan históricamente estas transformaciones y advierten sobre sus implicaciones culturales. Benjamin muestra cómo cada ruptura técnica en la producción de imágenes reconfigura su estatuto cultural y sus formas de circulación; Flusser señala que el operador de un sistema técnico tiende a convertirse en una extensión funcional del aparato si no adopta una postura crítica capaz de forzar al dispositivo más allá de sus outputs estadísticamente predecibles. En conjunto, estos marcos convergen en una comprensión común: en un entorno de abundancia de imágenes generadas sin fricción, lo que define al diseñador emergente no es su dominio técnico de las herramientas, sino su capacidad de articular sentido visual en coherencia con el contexto cultural, operando como curador activo y responsable de las imágenes que se ponen en el mundo.

3. MARCO CONCEPTUAL

3. MARCO CONCEPTUAL

El prompt no es del todo técnico ni del todo literario; es una forma nueva de alfabetización que cruza la retórica - el arte de describir con precisión para conducir la máquina - con la semiótica - la comprensión de los sistemas de signos -.

¿Qué implica ser diseñador para un mundo digital en el que el ensamble humano-tecnológico excede los entornos especializados del trabajo y converge, con mayor permeabilidad, en los hábitos y rutinas de la cotidianidad?

La tendencia a hacer las cosas accesibles - más fáciles - impacta el uso de herramientas e instrumentos mediados por una experticia técnica. Esa relación se reduce con el paso del tiempo, al ritmo de las iteraciones tecnológicas. Esto plantea la pregunta por la posible desaparición de la habilidad cultivada mediante repeticiones propias de las estructuras de aprendizaje tal como las conocemos, allí donde el cuerpo expresa una gestualidad refinada que moviliza la intención creativa e incluye identidad, error y hallazgo como parte del resultado.

Esta brecha de habilidad, construida en el tiempo, se ve recortada por la exactitud, la inmaterialidad, la fácil edición de la imagen digital y, en especial, por la cercanía y baja complejidad de esta acción. La imagen acontece en una interfaz conversacional: el lenguaje natural, que antes se manifestaba para describir la imagen a posteriori, ahora se articula como un texto breve que enumera lo deseado en el resultado final, de manera similar a la dinámica de pedir un deseo a una lámpara u otras fuentes mágicas de transformación presentes en cuentos y mitos.

Aparece un nuevo yo gráfico: un sujeto creativo que se entiende en contexto al relacionar el mundo y sus dinámicas, filtrándolas en clave de interacción con la máquina y sincronizándose con su lógica lingüística. Surge entonces una pregunta: ¿ser diseñador implica ahora una experticia en el uso del lenguaje como herramienta descriptiva para la generación de imagen? En esa práctica se percibe una conversación con un interlocutor que, por momentos, se confunde; o, mejor, se percibe como la voz interior que articula el pensamiento: un eco de sí mismo que se construye mediante procesos de machine learning, identificando patrones, temáticas y términos recurrentes en un reflejo digital que se lee en un scroll vertical como lugar recurrente de gestión de la Creatividad.

La instrucción textual - el prompt - emerge como gesto fundacional del proceso creativo: un texto breve, descriptivo en sus intenciones, pero abierto en sus resultados, ocupa el lugar que antes tenían el boceto y el maquetado.

Lo inédito es la naturaleza híbrida de este lenguaje. El prompt no es del todo técnico ni del todo literario; es una forma nueva de alfabetización que cruza la retórica - el arte de describir con precisión para conducir la máquina - con la semiótica - la comprensión de los sistemas de signos -. De esta forma, el diseñador supera el uso casual de solicitudes de imágenes para conservar su rol como mediador de sentido, ahora en diálogo con un sistema entrenado en millones de referencias visuales, culturales y estilísticas.

La experticia, entonces, no desaparece; se desplaza hacia una nueva forma de saber que aún no tiene nombre consolidado, pero que ya define una brecha entre quienes producen imagen genérica y quienes producen imagen con intención.

El boceto siempre fue también un lenguaje: impreciso, tentativo, cargado de la mano que lo trazaba. El prompt es su contraparte contemporánea: igualmente tentativo, igualmente cargado de quien lo escribe, pero habitado por una voz que no es del todo propia. Ahí reside su tensión más interesante y su mayor desafío para el diseñador.

La relación entre texto e imagen adquiere hoy una relevancia inédita, y su dinámica se centraliza en la pantalla. ¿Qué actividad u oficio no demanda actualmente tiempo de pantalla? Si dominar el texto como punto de encuentro entre la intención y el funcionamiento de los nuevos medios define una competencia emergente, dirigir el cuerpo hacia la pantalla se convierte en el gesto que configura la actitud creativa. A diferencia de otros momentos, este gesto no deja huella en el material; aparece, más bien, como historial. La pantalla recibe sin resistencia y devuelve sin fricción, y es precisamente esa ausencia de resistencia la que transforma no solo el modo de producir, sino también el modo de pensar. La fricción, en los oficios que la precedieron, no era un obstáculo al proceso creativo: era parte constitutiva de él. En la dificultad del material, el pensamiento encontraba forma y el error podía convertirse en hallazgo. La pantalla, en cambio, propone una superficie infinitamente maleable, que todo lo acepta y todo lo corrige; una superficie que no opone carácter propio al gesto del diseñador y que, por eso mismo, exige de él una mayor claridad de intención: cuando el medio no pone resistencia, la dirección debe venir enteramente de quien lo habita.

Estas fuentes luminosas - las pantallas - configuran un estímulo externo que nos llama y modifica. Además de incidir en las lógicas del pensar, transforman el gesto y redirigen la actitud del cuerpo, que se expresa como atención: una actitud más cercana al reino vegetal, una estaticidad direccional en busca del estímulo lumínico como soporte vital. La sensación gustativa, la calidez o el frío, así como la vibración producida por el sonido, se traducen en representaciones digitales de alta definición que liberan al cuerpo del tránsito por el mundo: una desterritorialización de la experiencia sensible.

La pantalla aliena. Esto no es necesariamente un fenómeno nuevo, pero se ha intensificado con la evolución de la figura del espectador hacia la del usuario de la interacción, incluso en gestos aparentemente menores, como el hecho de que el uso del cuerpo demande menos energía y menor complejidad. La relación con el mundo se expresa por suaves roces sobre superficies de vidrio y polímeros. Transformar el fondo depende más del roce que de la percusión como gesto primigenio.

Imagen incluida en el capítulo
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Figura 1. Ejercicio de creación: taxis y kinesis son respuestas biológicas de los organismos del reino animal, en las que los sistemas modifican sus comportamientos respecto de un estímulo. Taxis designa un movimiento orientado hacia un estímulo o en contra de él - por ejemplo, bacterias que nadan hacia la luz: fototaxis -. Kinesis, en cambio, nombra un cambio en la actividad o velocidad según el estímulo, pero sin dirección específica. En relación con la interacción con el universo digital, este nuevo ensamble puede describirse como una digitotaxis: nuestro comportamiento reacciona y se dirige hacia esta fuente de luz.

En este ejercicio se exploró la combinación entre una estructura de análisis de un boceto - imagen de la izquierda - y un prompt de contexto y detalle. Estructuralmente, el resultado es funcional - imagen de la derecha -, aunque se observa ausencia de expresividad y un fuerte apego a la figuración.

Hay un saber que no cabe en las palabras. El filósofo Michael Polanyi lo denominó conocimiento tácito para referirse a aquello que sabemos hacer, pero no podemos explicar del todo: montar en bicicleta, reconocer un rostro familiar o trazar una línea con la presión justa. Este conocimiento no se transmite por instrucciones, sino por repetición, por error acumulado y por la relación sostenida entre el cuerpo, la herramienta y el material. Es un saber que vive en los músculos, en la coordinación fina, en el gesto que se afina con el tiempo.

El oficio gráfico, en sus formas más tradicionales, fue durante siglos un territorio de conocimiento tácito. Grabadores, tipógrafos, dibujantes, ilustradores y rotulistas habitaban un saber corporal que no era transferible de otra manera que no fuera la práctica directa y sostenida. Ese conocimiento dejaba marcas en el resultado, reconocibles como identidad, como estilo y como evidencia de una presencia humana en la imagen.

La digitalización inició una primera ruptura con este modelo al reemplazar la presión física por el clic, el trazo por el nodo vectorial y la mezcla manual del color por el selector hexadecimal. La imagen generativa profundiza esa ruptura: ahora el cuerpo puede ausentarse casi por completo del proceso de producción visual. Lo que antes demandaba años de entrenamiento motor hoy puede aproximarse con un texto de pocas líneas. La pregunta que emerge no es solo técnica, sino antropológica: ¿qué ocurre con el pensamiento cuando el cuerpo deja de participar en el proceso creativo?

La fenomenología ofrece aquí una perspectiva relevante. Merleau-Ponty planteó que percibimos y pensamos desde el cuerpo; es decir, que la conciencia no es independiente de la experiencia física, sino que se constituye a través de ella. Bajo esta mirada, el gesto de dibujar no es solo un medio para producir una imagen: es una forma de pensar la imagen, de habitarla desde adentro mientras se construye. La mano que traza aprende sobre la forma al mismo tiempo que la genera; hay una retroalimentación continua entre el ojo, la mano y la superficie, capaz de producir un tipo de comprensión visual que difícilmente surge de otra manera.

Esto no condena a la obsolescencia el aprendizaje corporal del diseño; por el contrario, le confiere un valor renovado. En un entorno saturado de imágenes producidas sin fricción, el conocimiento que nace del contacto físico con los materiales y las herramientas ofrece una forma de atención, cuidado y comprensión de la forma que la generación automatizada no puede replicar. El diseñador que ha trazado a mano, que ha compuesto tipos físicamente y que ha entendido el color mezclándolo lleva en su mirada una profundidad de lectura que enriquece cualquier proceso creativo, incluido el de escribir un prompt o evaluar críticamente una imagen generada. El cuerpo que aprendió no es un anacronismo: es un archivo vivo de sentido.

En este contexto, si bien los recursos tecnológicos disponibles facilitan de muchas maneras la vida y resignifican las dinámicas de sentido, también dejan atrás algunos modos - considerados valiosos u obsoletos - dentro del complejo diálogo entre Creatividad y productividad. Históricamente, el rol del “creativo gráfico” - término que incluye las diferentes figuras que han ejercido lo que hoy podemos homologar con el diseñador - se ha redefinido con la evolución técnica y tecnológica. Sucedió con los escribanos y la imprenta en el siglo XV, con la divulgación masiva de textos y la reproductibilidad técnica de las imágenes; con ello cambió quién podía leer, pensar y participar en la cultura. Sucedió nuevamente con la fotografía hacia mediados del siglo XIX, que desplazó el rol hegemónico del dibujo y la pintura. Esto dio lugar a nuevas estéticas que compusieron los estilos de vanguardia de ese periodo, al poner en crisis el oficio del artista y del ilustrador como pilar central de la representación del mundo, además de democratizar el acceso al universo de las imágenes personales.

Asimismo, a finales del siglo XX, la digitalización de la imagen y su generación asistida por software de diseño, complementada con medios de producción como las impresoras digitales y otras tecnologías de transferencia, corte y tratamiento de sustratos, abrió la posibilidad de la edición, una mayor precisión y una reproductibilidad que caracterizaron lo que en su momento se denominó artes gráficas o gráfica publicitaria. La computación gráfica no eliminó el diseño tradicional; replanteó el centro del oficio: del hacer basado en la lógica de los oficios manuales a una nueva motricidad y gestualidad que movilizan el pensamiento visual en una pantalla. Desde entonces, cada avance tecnológico vuelve a plantear la misma pregunta clave: ¿qué aporta el diseñador más allá de la herramienta?

El bucle se repite nuevamente, con una estructura similar y un impacto mayor. La inteligencia artificial no elimina al diseñador, pero reduce la brecha generada por la destreza técnica, tanto en lo analógico como en lo digital. En este nuevo escenario, lo escaso no es la imagen; por el contrario, abunda al punto de abrumar y generar ruido. En esta abundancia, lo que parece escasear es el pensamiento crítico y la intención en coherencia con el contexto cultural.

3.1 Persistir y resistir

3.1 Persistir y resistir

La resistencia no busca negar la tecnología, sino evitar que se vuelva incuestionable.

La persistencia en la retina es el fenómeno biológico mediante el cual una sensación formal permanece por fracciones de segundo en nuestra percepción visual, incluso después de que el estímulo luminoso ha desaparecido. Físicamente, esto ocurre porque las células fotorreceptoras del ojo - conos y bastones - no se desactivan de manera instantánea al cesar la luz; es decir, el estímulo persiste biológicamente mientras el sistema realiza un proceso de reacomodación para el siguiente estímulo. Este breve retraso - de aproximadamente 1/10 a 1/25 de segundo - permite que imágenes sucesivas se fundan en una sensación de continuidad y, por tanto, de sentido.

La persistencia como acontecimiento biológico parece resaltar un legado vigente: la imagen continúa como valor cultural, un objeto de creación que se manifiesta en lo pictórico, aunque lo supera al enlazarse con las construcciones mentales que, como sentido, construimos en forma de ideas, pensamientos, ensoñaciones, entre otras. La imagen ha estado presente y, al parecer, persistirá en una retina social que sublima los asuntos de interés para recrear y resignificar lo legítimo, lo ilegítimo y lo interpretativo, en diálogo con la noción de distinción propuesta por Bourdieu.

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Ejercicio de creación: en esta acción se integra la relación entre la imagen, las superficies, el espacio y el movimiento. El ejercicio nos ensambla como espectadores y como imagen, para comprender, desde un lugar distinto a la palabra y al discurso, una construcción que parece invisible al silicio.

¿Es esta permanencia de la imagen un parte de tranquilidad para el diseño gráfico? ¿Qué tendría que ocurrir para que la imagen, como dispositivo cultural, caduque? La cuestión de fondo es qué sucede en un mundo en el que las habilidades en los oficios, la complejidad técnica y una estética academizada se ven minimizadas, al pasar de ser objeto de estudio y aprendizaje a un proceso descorporalizado que opera como relación de datos en un modelo probabilístico al interior de una caja negra digital.

Por otro lado, el cambio es una constante histórica que no implica necesariamente la idea de progreso. De forma intuitiva y casi antagónica, la actitud que emerge ante la desacomodación de condiciones estables y ciertas es la resistencia. Resistir es afirmarse en una posición en lugar de desplazarse hacia lo desconocido: un esfuerzo que, aunque a menudo se percibe como cómodo, es estructuralmente necesario para generar sentido por oposición, en diálogo con el pensamiento estructural de Claude Lévi-Strauss. La resistencia no consiste aquí en negar el cambio ni en perpetuar un discurso estático sobre la producción de la imagen. Se trata de generar lugares y prácticas críticas frente a la tecnología dominante, que tiende a naturalizar sus lógicas y a ocultar sus efectos culturales, políticos y humanos. La resistencia no busca negar la tecnología, sino evitar que se vuelva incuestionable.

3.2 El horizonte de la proxistencia

3.2 El horizonte de la proxistencia

Proxistir es, entonces, la decisión consciente de sostener el sentido hacia el futuro sin renunciar al criterio como partícipes de la construcción de la cultura material.

¿Cuál es el resultado de este proceso dialógico, especialmente cuando el ritmo de las novedades que transforman el volumen y la difusión de la imagen es vertiginoso? Si persistir es mantenerse en el tiempo y resistir es afirmarse frente al cambio, resulta pertinente adoptar una posición hacia el futuro: proxistir; no hacia el pasado ni únicamente frente al presente, sino en dirección a lo que vendrá, caótica e irreversiblemente.

Proxistir es, entonces, la decisión consciente de sostener el sentido hacia el futuro sin renunciar al criterio como partícipes de la construcción de la cultura material. Si la persistencia opera como continuidad - la imagen que permanece en la retina social - y la resistencia como fricción crítica - la oposición estructural que produce sentido -, proxistir sería el resultado dialógico de ambas: una proyección responsable.

Como especialistas de la imagen, el valor del trabajo del diseñador gráfico no reside específicamente en la manera de generar, que se manifiesta en el asunto pictórico; lo que persiste es la imagen como valor cultural que articula sentido entre individuos y grupos. Esto no descarta las lógicas creativas y generativas entendidas ya como antiguas, sino que les confiere un valor diferente: su práctica y aprendizaje aún brindan la posibilidad de expandir la conciencia sobre la forma, el cuidado del detalle y la relación de sentido entre la imagen como significante - soportada en lo pictórico - y lo significado como construcción cultural. Este conocimiento no perderá vigencia, y su aplicación adquirirá mayor valor al permitir al diseñador, como parte de su responsabilidad profesional y cultural, promover la producción de imágenes legítimas y acordes con sus propósitos.

4. CONCLUSIONES

4. CONCLUSIONES

Lo que permanece como territorio específico - y cada vez más valioso - es la capacidad de articular sentido visual en coherencia con un contexto cultural: saber para qué se hace una imagen, para quién, desde qué valores y con qué consecuencias.

Cada vez que una tecnología ha redefinido los medios de producción visual, la pregunta sobre el rol del diseñador ha reaparecido con urgencia, sin perder de vista que también ha permitido la generación de nuevos escenarios de intervención. Cada vez, la respuesta a la reconfiguración ha tomado tiempo en consolidarse, porque los roles emergentes no se nombran solos: se construyen en la práctica, en la negociación entre lo que la herramienta hace posible y lo que la cultura necesita. Estamos en la parte inicial de ese intervalo.

Por el momento, el diseñador del presente no puede definirse únicamente por su dominio técnico de las herramientas digitales, aunque las sigue necesitando. Tampoco puede definirse solo por su capacidad de producir imagen, porque la imagen abunda. Lo que permanece como territorio específico - y cada vez más valioso - es la capacidad de articular sentido visual en coherencia con un contexto cultural: saber para qué se hace una imagen, para quién, desde qué valores y con qué consecuencias. Eso no lo resuelve ningún modelo generativo, porque no es un problema técnico, sino un problema de juicio, sensibilidad, responsabilidad y comprensión de cómo las imágenes operan en la cultura.

En ese sentido, el diseñador que emerge en este momento es, ante todo, un curador de sentido. No en la forma pasiva de quien selecciona entre opciones dadas, sino en el sentido activo de quien evalúa críticamente, contextualiza y toma decisiones informadas sobre qué imágenes deben existir y cuáles no, qué representaciones son legítimas y cuáles reproducen estereotipos o vacían de contenido a las comunidades que dicen representar.

Esta dimensión ética del oficio, que siempre estuvo presente, pero muchas veces fue subordinada a la urgencia productiva, ocupa ahora un lugar central.

Al mismo tiempo, el diseñador es un mediador entre la intención y la herramienta: alguien cuya formación le permite habitar la tensión entre el pensamiento crítico y la producción eficiente, entre el conocimiento histórico de la imagen y la apertura a los lenguajes visuales emergentes. Esta mediación no es neutral; implica una posición, una voz y una perspectiva que se construyen en la formación y en la práctica sostenida. El diseñador que conoce la historia de las vanguardias, que ha entrenado su mano y su ojo, que comprende cómo funciona un sistema tipográfico o cómo se construye la retórica visual de un póster, no está necesariamente mejor equipado para usar una herramienta generativa, sino para usarla con criterio.

El bucle se repite, sí, pero no es exactamente el mismo. Lo que esta iteración tecnológica pone en juego es más que el desplazamiento de una técnica por otra: es una pregunta sobre el tipo de agencia que le corresponde al ser humano en la producción cultural cuando las máquinas pueden generar apariencias con una fluidez sin precedentes. La respuesta del diseñador no debería ser la nostalgia por los modos anteriores ni la rendición entusiasta ante la eficiencia de los nuevos, sino la construcción deliberada de una práctica que integre el rigor del oficio, la conciencia cultural y la responsabilidad frente a las imágenes que se ponen en el mundo.

5. REFERENCIAS

Benjamin, W. (2003). La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica. Ítaca. (Obra original publicada en 1935)

Bourdieu, P. (1979). La distinction: Critique sociale du jugement. Les Éditions de Minuit.

Braidotti, R. (2013). The posthuman. Polity Press.

Bridle, J. (2018). New dark age: Technology and the end of the future. Verso.

Jobin, A., Ienca, M., & Vayena, E. (2024). The global landscape of AI ethics guidelines in creative industries. AI & Society, 39(2), 541-558. https://doi.org/10.1007/s00146-023-01752-8

Merleau-Ponty, M. (1945). Phénoménologie de la perception. Gallimard.

Polanyi, M. (1966). The tacit dimension. Doubleday.

Simondon, G. (2013). Imaginación e invención (P. Ires, Trad.). Editorial Cactus. (Obra original basada en cursos dictados en 1965-1966)

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Diseñar espacios para el escenario de La Vida

RESUMEN

Este artículo examina el estado actual del Diseño de Espacios\Escenario a partir de sus tradiciones fundacionales y de las transformaciones contemporáneas que redefinen la disciplina. Para ello, analiza las bases arquitectónicas, escenográficas y funcionalistas que históricamente estructuraron el campo y las contrasta con los nuevos paradigmas que emergen en el diseño global: espacialidades inmersivas, ecologías regenerativas, materialidades vivas, hibridaciones transdisciplinares y prácticas especulativas. Este contraste permite reconocer un desplazamiento desde concepciones estables del espacio hacia comprensiones dinámicas, relacionales y performativas. En una segunda parte, el artículo explora tendencias globales que configuran horizontes prospectivos para la disciplina y las vincula con problemáticas sociales contemporáneas como la justicia espacial, la participación comunitaria, la accesibilidad y la sostenibilidad. Finalmente, propone una visión prospectiva para el desarrollo académico del campo, señalando rutas metodológicas, competencias emergentes y saberes transversales que pueden orientar la actualización curricular. El texto busca comprender cómo el Diseño de Espacios\Escenario transita hacia un paradigma expandido que integra imaginación, responsabilidad social y experimentación técnica, fortaleciendo su potencial para interpretar y transformar el escenario de La Vida.

PALABRAS CLAVE: Espacio, vivencia, experiencia

1. INTRODUCCIÓN

El diseño contemporáneo se encuentra atravesado por transformaciones profundas que desestabilizan los enfoques tradicionales centrados en la forma, la función o la estética autónoma. La creciente complejidad de los sistemas socioculturales, la interdependencia ecológica, la digitalización de la vida y la emergencia de nuevas sensibilidades colectivas han generado un escenario donde el Diseño de Espacios\Escenario opera como un campo expandido que articula narrativas, cuerpos, materialidades vivas, tecnologías, atmósferas y comunidades. En este contexto, la disciplina se asume no como un ejercicio estático, sino como un proceso continuo de producción de significados, experiencias y mundos posibles.

Autores como Henri Lefebvre (1991), Christian Norberg-Schulz (1980) y Kevin Lynch (1960) abrieron el camino para comprender el espacio como una construcción social, simbólica y fenomenológica. Sin embargo, las discusiones contemporáneas impulsadas por Bruno Latour (2017), Donna Haraway (2016), Arturo Escobar (2018), Tony Fry (2011) y Benjamin Bratton (2016) amplían esta comprensión hacia perspectivas que reconocen al espacio como una ecología viva, un ensamblaje de relaciones multisistémicas y un campo de interacción entre especies, tecnologías y subjetividades. Estas transformaciones invitan a reconsiderar la tarea del diseño como una práctica ético-política que influye en la manera en que los seres humanos se perciben, se relacionan y habitan el mundo.

El Diseño de Espacios\Escenario, como disciplina situada entre la arquitectura, la escenografía, el arte, la tecnología y la creación de experiencias, adquiere un papel determinante en esta transición. Las prácticas espaciales ya no se limitan a la creación de ambientes funcionales o decorativos; se orientan hacia la producción de experiencias inmersivas, narrativas sensoriales, ecosistemas materiales regenerativos y dispositivos estéticos que movilizan la percepción, la memoria y el comportamiento. En esta línea, perspectivas como las de Richard Schechner (2013), Erin Manning (2013) y Anna Puigjaner (2019) amplían el entendimiento de los espacios como escenarios performativos y afectivos donde la vida social se coreografía a través de cuerpos, atmósferas y dispositivos espaciales.

En COLEGIATURA, esta transformación encuentra un marco conceptual singular: el Pensamiento Institucional Ser Humano-Ser Origen, que concibe al ser humano como portador de un Potencial ilimitado capaz de originar procesos creativos y transformadores. Desde esta mirada, el diseño espacial no es solo un acto técnico, sino una manifestación profunda de la FuerzaInterna, la sensibilidad y la consciencia del creador. Asimismo, la Matriz Estratégica OtroMundo de la institución potencia la comprensión del diseño como una práctica interdependiente que articula las funciones sustantivas de Docencia, Investigación y Extensión para promover la Transformación Consciente Individual y Social.

Esta introducción ampliada busca situar la relevancia contemporánea del Diseño de Espacios\Escenario y justificar la necesidad de proyectar su prospectiva. La disciplina se convierte así en un catalizador para imaginar futuros alternativos, construir experiencias significativas y activar relaciones más equilibradas entre seres humanos, tecnologías y territorios.

2. MARCO CONTEXTUAL

El campo del Diseño de Espacios\Escenario se ha configurado históricamente a partir de un entramado de prácticas arquitectónicas, escenográficas y artísticas que han delimitado su comprensión como una disciplina orientada a la estructuración de ambientes físicos destinados a la representación, el habitar o la interacción social. Tradicionalmente, estos enfoques se han sustentado en concepciones del espacio como contenedor estable y funcional, pensado desde parámetros de orden, proporción y control formal heredados de la arquitectura clásica y del racionalismo moderno (Giedion, 1948; Ching, 2014). En este sentido, la evolución del diseño espacial estuvo marcada durante siglos por una interpretación que privilegiaba la forma material y la organización técnica sobre la experiencia perceptiva y simbólica del individuo.

En la arquitectura clásica, los principios vitruvianos de estabilidad, utilidad y belleza orientaron una comprensión del espacio como entidad armónica, sometida a reglas universales de composición. Esta visión concebía el lugar como una estructura permanente y racional, diseñada para ser habitada de acuerdo con usos previamente definidos y en la que el usuario desempeñaba un papel eminentemente receptivo (Vitruvio, trad. 1960). La estabilidad y la claridad formal eran entendidas como valores intrínsecos de un diseño adecuado, reforzando la idea de que el espacio opera fundamentalmente como soporte y no como acontecimiento.

Una perspectiva similar, aunque adaptada a otros fines, se observa en las tradiciones escenográficas que desde el Renacimiento hasta gran parte del siglo XX configuraron el escenario como un dispositivo perspectivo destinado a reforzar la ilusión teatral (Howard, 2009). Allí, la espacialidad estaba subordinada a la dramaturgia; el espectador era situado en una posición fija y la relación entre forma, luz y acción se articulaba de manera jerárquica. El diseño espacial se concebía como una técnica al servicio de la representación, más que como un campo autónomo capaz de proponer experiencias espaciales con valor propio. La materialidad, la maquinaria teatral y la iconografía visual funcionaban como elementos estructuradores del sentido, dejando en un segundo plano la dimensión experiencial del espacio.

Durante el siglo XX, el funcionalismo modernista reconfiguró estos legados, proponiendo una lectura del espacio que respondía a las demandas de eficiencia y racionalización propias de la industrialización. Desde esta perspectiva, el diseño interior y arquitectónico se concibió como un ejercicio metodológico orientado a la resolución de problemas mediante la organización sistemática de funciones (Giedion, 1948). La prioridad otorgada a la técnica y la utilidad redujo la posibilidad de explorar aspectos sensibles o subjetivos del habitar; el usuario, aunque presente en la estructura conceptual del proyecto, fue entendido principalmente como un agente funcional cuyas necesidades podían ser identificadas y resueltas mediante análisis racionales.

Sin embargo, estas aproximaciones tradicionales comenzaron a mostrar sus límites a medida que el pensamiento contemporáneo del diseño incorporó dimensiones fenomenológicas, tecnológicas y culturales que transformaron radicalmente la manera de comprender y producir espacios. El énfasis inicial en la materialidad y en la estabilidad dio paso a una lectura del espacio como proceso, experiencia y acontecimiento. Autores como el arquitecto finlandés Pallasmaa (2012) cuestionaron la preeminencia de la visión y de la forma en la arquitectura moderna, al señalar que la experiencia espacial es ante todo multisensorial y que el cuerpo, la memoria y la emoción participan activamente en la construcción de significado. Esta crítica abrió la puerta a una comprensión relacional del espacio, donde la vivencia humana se convierte en punto de partida para la reflexión proyectual.

La transformación también estuvo impulsada por la incorporación de tecnologías digitales que modificaron la relación entre espacio, usuario y narrativa. El desarrollo de sistemas interactivos, proyecciones inmersivas, materiales responsivos y entornos híbridos configuró nuevos modos de presencia y participación, ampliando los límites del escenario y la arquitectura hacia terrenos performativos e inmateriales (Kolarevic, 2003; Kolarevic & Malkawi, 2005). En estas propuestas, el espacio deja de ser un objeto estático para convertirse en un sistema dinámico que se modifica en función de datos, comportamientos o estímulos sensoriales. La línea divisoria entre espectador y participante se difumina, y la creación de ambientes se orienta hacia la generación de experiencias más que hacia la producción de formas cerradas.

Del mismo modo, las prácticas artísticas contemporáneas - especialmente aquellas vinculadas a la instalación, la performance y los nuevos medios - introdujeron la noción de espacialidad inmersiva como componente esencial del acto creativo. Las instalaciones sensoriales, los espacios transmedia y las piezas site-specific ampliaron el carácter narrativo del ambiente, permitiendo que la experiencia se configure en diálogo directo con la presencia del individuo y con su interpretación del entorno (Bryan-Wilson, 2019; Jenkins, 2008). Este desplazamiento supuso una ruptura con la lógica unidireccional del escenario tradicional y abrió la posibilidad de que el espacio funcione como un coautor del acontecimiento, no solo como su marco.

En paralelo, los debates contemporáneos sobre sostenibilidad y sistemas ecológicos propusieron una visión interdependiente del diseño, en la que la relación entre los seres humanos, los materiales, la energía y el entorno se vuelve inseparable (McDonough & Braungart, 2002). El espacio ya no se concibe únicamente como un producto cultural, sino como un nodo dentro de una red compleja de interacciones que incluyen variables ambientales, tecnológicas y sociales. Si bien estas perspectivas no pertenecen directamente al campo escenográfico, sí han permeado el Diseño de Espacios\Escenario al introducir criterios que valoran la adaptabilidad, la circularidad y la corresponsabilidad ecológica.

En el plano metodológico, estas transformaciones se reflejan en una transición desde modelos lineales y prescriptivos hacia procesos iterativos, experimentales y colaborativos. El pensamiento proyectual contemporáneo se reconoce como un sistema abierto en el que la Creatividad surge del diálogo entre intuición, análisis, sensibilidad y reflexión crítica (Cross, 2011; Candy & Edmonds, 2018). La figura del usuario deja de ser un receptor pasivo para convertirse en agente activo en la construcción del sentido, lo que exige metodologías cualitativas, participativas y centradas en la experiencia. Este cambio implica un reconocimiento más amplio del carácter complejo del ser humano, cuya relación con el espacio está mediada por dimensiones cognitivas, emocionales, sensoriales y sociales (Norman, 2013).

En este marco, el Diseño de Espacios\Escenario se redefine como un campo transdisciplinar donde convergen el pensamiento arquitectónico, las artes vivas, la tecnología digital, la psicología ambiental y la comunicación. Esta convergencia no solo amplía los recursos técnicos y expresivos de la disciplina, sino que favorece una comprensión más profunda del espacio como fenómeno relacional. El diseño se convierte así en un acto que articula materialidades físicas, experiencias subjetivas y configuraciones simbólicas, reconociendo que el encuentro entre individuos y entornos produce transformaciones significativas en ambas direcciones. Esta concepción dialoga con enfoques contemporáneos que, sin citarse directamente, asumen que la Creatividad humana, la sensibilidad perceptiva y la interdependencia con el entorno son dimensiones esenciales del acto proyectual.

En suma, las transformaciones del Diseño de Espacios\Escenario evidencian un desplazamiento desde estructuras estables hacia sistemas dinámicos, desde el predominio de la forma hacia la centralidad de la experiencia y desde la separación disciplinar hacia una visión integradora y relacional. Este tránsito no implica la negación de las tradiciones fundacionales, sino su relectura crítica a la luz de paradigmas que reconocen la complejidad del habitar contemporáneo y la necesidad de comprender el espacio como un campo donde confluyen lo material, lo sensorial, lo simbólico y lo tecnológico. El diseño, en este sentido, se revela como una práctica capaz de activar nuevas formas de relación con el mundo y de generar escenarios que no solo se ocupan, sino que se viven, se interpretan y se transforman continuamente.

3. MARCO CONCEPTUAL

A partir de este posicionamiento, el Diseño de Espacios\Escenario en COLEGIATURA se configura como un campo de creación profundamente vinculado a la existencia humana y a sus modos de habitar, percibir y significar el mundo. Asumir Ser Humano-Ser Origen como fundamento implica desplazar el centro del diseño desde el objeto, la forma o la función hacia la experiencia viva del ser humano en relación consigo mismo, con los otros y con lo otro. En este sentido, el espacio deja de ser un contenedor neutral o una respuesta instrumental para convertirse en un dispositivo relacional que activa procesos de consciencia, transformación y sentido.

Este abordaje reconoce que toda práctica de diseño es, en sí misma, una práctica ontológica: diseña modos de estar, de moverse, de encontrarse y de narrarse en el mundo. Desde Ser Humano-Ser Origen, el diseñador no se concibe únicamente como un solucionador de problemas espaciales, sino como un mediador consciente entre realidades visibles e invisibles, entre lo material y lo simbólico, entre lo individual y lo colectivo. La creación espacial se entiende, entonces, como una extensión de la FuerzaInterna del ser humano, una manifestación tangible de su capacidad de imaginar, intuir y dar forma a mundos posibles.

En diálogo con las teorías y prácticas del diseño de espacios y del diseño escénico desarrolladas a nivel global - arquitectura efímera, escenografía, diseño de experiencias, spatial design, performance space, diseño inmersivo -, COLEGIATURA no se limita a adoptarlas o reproducirlas, sino que las interroga y resignifica desde su pensamiento institucional. Estas corrientes aportan herramientas, lenguajes y marcos conceptuales valiosos; sin embargo, es desde Ser Humano-Ser Origen que dichas aproximaciones cobran profundidad ética, existencial y transformadora. El énfasis no está únicamente en el impacto visual, técnico o tecnológico del espacio, sino en su capacidad de propiciar experiencias de sentido, reconocimiento y expansión del Potencial ilimitado.

La Matriz Estratégica OtroMundo actúa como el ecosistema que hace posible esta articulación viva entre teoría y práctica. En ella, la Docencia, la Investigación y la Extensión no operan como dimensiones fragmentadas, sino como flujos interdependientes que permiten al estudiante y al creador pensarse, sentirse, expresarse y vivirse a través del diseño. La plataforma OtraVisión, junto con la Manera COLEGIATURA de CreaciónComunicación, orienta procesos creativos que integran rutas sensible-racionales y reconocen que la razón, la técnica y el método se potencian cuando dialogan con la intuición, la emoción y la experiencia corporal.

Desde esta lógica, diseñar espacios\escenario implica transitar por procesos de ReConocer, ReCrear, ReSignificar y ReValorar: reconocer los contextos, las memorias y las corporalidades implicadas; recrear realidades a partir de lecturas críticas y sensibles; resignificar usos, símbolos y narrativas espaciales; y revalorar la vida en su carácter Sistémico = Interdependiente. El espacio diseñado se convierte así en un lugar de encuentro entre múltiples capas de sentido: históricas, culturales, sociales, afectivas y simbólicas.

El carácter diferenciador y valioso de este enfoque radica en que el Diseño de Espacios\Escenario no se orienta únicamente a producir resultados estéticos o funcionales, sino a acompañar procesos de Transformación Consciente Individual y Social. Cada proyecto se asume como una oportunidad para que quien diseña y quien habita el espacio se descubran y se vivan de otras maneras. El PerfilOriginal emerge como horizonte: no se trata de estandarizar lenguajes ni de imponer formas, sino de posibilitar expresiones únicas, coherentes con la singularidad de cada ser humano y de cada contexto.

Así, el diseño se afirma como un lenguaje expandido de la vida, un medio para explorar la interdependencia entre cuerpo, espacio y consciencia. Desde COLEGIATURA, el Diseño de Espacios\Escenario se posiciona como una práctica que honra lo humano en su complejidad y potencia creadora, aportando a la construcción de OtroMundo: un mundo donde los espacios no solo se ocupan, sino que se sienten, se piensan y se viven como territorios de posibilidad, sentido y evolución.

4. DISCUSIÓN

Con lo planteado, puede afirmarse que el escenario contemporáneo del diseño se encuentra atravesado por fuerzas culturales, tecnológicas, sociales y ambientales que transforman radicalmente las maneras en que configuramos, habitamos y experimentamos los espacios. En este contexto, el Diseño de Espacios\Escenario se sitúa en un punto singular: históricamente ha articulado prácticas provenientes de la arquitectura, la escenografía, las artes performativas y el diseño interior; hoy, además, se proyecta hacia horizontes conceptuales que amplían su alcance y redefinen sus fundamentos. Las tendencias globales emergentes, lejos de ser simples modas, constituyen marcos reflexivos que interpelan la disciplina y la orientan hacia nuevas preguntas: ¿cómo imaginar futuros posibles desde el espacio?, ¿cómo diseñar desde lógicas ecológicas y regenerativas?, ¿qué significa proyectar en contextos híbridos, inmersivos y tecnológicamente mediados?, ¿cómo pensar materialidades vivas?, ¿de qué manera se tejen hibridaciones disciplinares? y ¿qué lugar ocupa la justicia espacial en la construcción de entornos significativos?

Estas tendencias no operan como categorías aisladas, sino como campos conceptuales interrelacionados que configuran un horizonte renovado para el estudio y la práctica del diseño. A continuación, se presentan los principales vectores que hoy orientan la reflexión internacional, cada uno contrastado con tradiciones previas y acompañado de una lectura crítica que reconoce retos y oportunidades para el Diseño de Espacios\Escenario.

4.1. Diseño especulativo y futuros

El pensamiento proyectual ha estado históricamente asociado a la resolución de problemas presentes mediante métodos racionales y lineales. Sin embargo, desde inicios del siglo XXI, el diseño especulativo ha cuestionado esta concepción instrumental, proponiendo que el diseño no solo debe responder a lo existente, sino imaginar escenarios alternativos que expandan las posibilidades del futuro. Autores como Dunne y Raby (2013) sostienen que el diseño especulativo funciona como una herramienta crítica capaz de revelar tensiones sociales, tecnológicas y culturales mediante la creación de mundos posibles más que productos terminados.

Esta perspectiva contrasta con los enfoques tradicionales del diseño espacial, centrados en funcionalidades inmediatas y en la estabilidad del entorno. El diseño especulativo recuerda que el espacio es siempre un proyecto inacabado: una proyección de expectativas colectivas que puede abrir diálogos sobre sostenibilidad, tecnología, convivencia o identidad cultural. Desde esta mirada, el Diseño de Espacios\Escenario no se limita a producir lugares físicos, sino que opera como un laboratorio narrativo capaz de modelar futuros, anticipar conflictos y activar debates públicos. Sus herramientas - los prototipos, las ficciones críticas, los escenarios futuros - amplían la caja metodológica y permiten al diseñador operar como agente cultural.

Sin embargo, esta tendencia también plantea retos. El diseño especulativo corre el riesgo de volverse demasiado conceptual si no logra conexiones con actores sociales reales o con contextos materiales específicos. La oportunidad, no obstante, es clara: emplear la especulación para proyectar espacios más inclusivos, experimentales y sensibles a las transformaciones socioambientales que ya marcan nuestro tiempo.

4.2. Ecologías del diseño y diseño regenerativo

El giro ecológico del diseño constituye una de las transformaciones más profundas del pensamiento espacial contemporáneo. Durante décadas, los enfoques tradicionales se orientaron hacia la sostenibilidad como un proceso de mitigación del impacto ambiental, en el que la eficiencia energética o el uso responsable de materiales eran criterios centrales. Sin embargo, perspectivas recientes - representadas por autores como Fry (2009), Escobar (2018) y Mang & Reed (2016) - han desplazado esta visión hacia una comprensión sistémica del diseño como práctica ecológica que reconoce la interdependencia entre seres humanos, ecosistemas y tecnologías.

El diseño regenerativo sostiene que los espacios deben no solo reducir daño, sino contribuir activamente a la salud de los sistemas vivos. Esta visión desafía la mirada antropocéntrica y propone un diseño espacial en el que los ciclos naturales, las relaciones simbióticas y la restauración ecológica se integran desde el inicio del proceso proyectual. Para el Diseño de Espacios\Escenario, este enfoque representa una ruptura significativa con modelos escenográficos o arquitectónicos centrados exclusivamente en la forma. En cambio, invita a pensar el espacio como actor ecológico, capaz de regenerar su contexto y de activar prácticas de cuidado.

Los retos aquí son complejos. Adoptar una lógica regenerativa implica incorporar conocimiento biológico, ecológico y socioambiental, así como dialogar con comunidades y territorios específicos. La oportunidad, sin embargo, es transformadora: diseñar escenarios que no solo alberguen experiencias, sino que participen de la restauración del mundo que los hace posibles.

4.3. Espacialidades híbridas, inmersivas y performativas

La expansión tecnológica y la proliferación de dispositivos sensoriales han modificado profundamente nuestra relación con el espacio. Hoy, las espacialidades híbridas integran capas físicas y digitales, mientras que las experiencias inmersivas utilizan luz, sonido, algoritmos y proyecciones para generar atmósferas envolventes. Este fenómeno representa un desplazamiento conceptual respecto a las tradiciones escenográficas y arquitectónicas, que distinguían de forma clara entre realidad física y elementos virtuales.

Autores como Kolarevic (2003), Bishop (2012) y Pallasmaa (2012) han mostrado cómo la interactividad, la percepción multisensorial y la performatividad reconfiguran la experiencia espacial contemporánea. El Diseño de Espacios\Escenario opera en este cruce: sus proyectos pueden activar narrativas dinámicas, responder al movimiento del cuerpo, integrar plataformas digitales o transformar su configuración en tiempo real. La performatividad no se limita a la actuación escénica, sino que se extiende a la interacción cotidiana, reconociendo que el usuario coproduce el espacio mediante su presencia.

Las oportunidades de estas tendencias son amplias: nuevos lenguajes estéticos, experimentación con tecnologías emergentes, creación de ambientes responsivos y expansión de la narrativa espacial. Sin embargo, también emergen desafíos como la dependencia tecnológica, la obsolescencia rápida y la necesidad de reflexionar sobre la ética de la inmersión y el papel del usuario en entornos intensamente sensoriales.

4.4. Materialidades vivas y bioarquitecturas

En contraste con la tradición arquitectónica centrada en materiales inertes, el diseño contemporáneo explora materiales vivos, activos y evolutivos. Las investigaciones de Oxman (2015), Hensel (2012) y otros precursores del diseño biológico han mostrado que los sistemas vivos, las biotecnologías y las materialidades metabólicas pueden convertirse en aliados del diseño. Esta tendencia no solo cuestiona la idea de material como soporte pasivo, sino que introduce una dimensión temporal en la que el espacio se transforma, crece o se adapta según condiciones ambientales.

Para el Diseño de Espacios\Escenario, estas exploraciones amplían el horizonte creativo y conceptual: se abre la posibilidad de considerar escenografías vivas, instalaciones bioreactivas, pieles arquitectónicas que respiran o dispositivos escénicos que evolucionan con el tiempo. Esta ruptura epistemológica obliga a reconsiderar el rol del diseñador, quien ya no manipula únicamente materia, sino procesos vitales.

Los desafíos éticos y operativos son significativos: trabajar con sistemas vivos exige marcos bioéticos, conocimientos especializados y metodologías experimentales. Sin embargo, las oportunidades son igualmente profundas: integrar vida y espacio para generar experiencias que revelen nuestra relación con los ecosistemas y con la materialidad como fenómeno dinámico.

4.5. Hibridaciones disciplinares: narrativa, performance, gastronomía, tecnología y comunidad

Una de las transformaciones más visibles del campo espacial contemporáneo es la disolución de fronteras disciplinares. A diferencia del pasado, donde los límites entre arquitectura, artes escénicas, gastronomía o tecnología estaban claramente definidos, hoy el diseño opera en un territorio de mezclas y articulaciones híbridas. Bourriaud (2001) propuso la noción de estética relacional para describir prácticas que se estructuran a partir de interacciones sociales, y autores como Manzini (2015) resaltan la importancia de las prácticas colaborativas y comunitarias en el diseño contemporáneo.

Estas hibridaciones permiten que el Diseño de Espacios\Escenario dialogue con narrativas digitales, performances corporales, rituales culinarios, prácticas comunitarias o experiencias tecnológicas de alto nivel. El espacio se convierte en un punto de encuentro donde múltiples lenguajes convergen para producir significados colectivos. Este enfoque supera la visión instrumental del espacio como contenedor y lo concibe como dispositivo para la construcción de experiencias culturales complejas.

El reto radica en sostener rigor conceptual y técnico en medio de la expansión interdisciplinar. El riesgo es la superficialidad; la oportunidad, la producción de proyectos profundamente significativos que integren conocimiento diverso y promuevan innovación social, estética y tecnológica.

4.6. Diseño crítico de infraestructuras y justicia espacial

Finalmente, una de las tendencias más potentes del pensamiento espacial contemporáneo es el interés por la justicia espacial y la crítica a las infraestructuras que organizan la vida urbana. Tradicionalmente, el diseño de espacios se enfocó en la escala del objeto o del edificio; sin embargo, autores como Lefebvre (1991), Soja (2010), Harvey (2012) y Easterling (2014) han demostrado que las infraestructuras - visibles o invisibles - determinan dinámicas de poder, acceso, movilidad y desigualdad.

Para el Diseño de Espacios\Escenario, esta tendencia implica reconocer que los espacios no son solo ambientes estéticos, sino actores políticos. Los escenarios contemporáneos pueden abordar problemáticas de exclusión, visibilizar comunidades marginadas o cuestionar infraestructuras que regulan la vida colectiva. Este giro crítico invita a comprender el diseño como acto de responsabilidad social, donde las decisiones espaciales contribuyen a la construcción de ciudadanía, equidad y participación.

Los retos son profundos: requieren metodologías de investigación social, sensibilidad hacia conflictos territoriales y diálogos con actores públicos. No obstante, abren oportunidades para que el diseño se convierta en herramienta de transformación consciente, capaz de proponer espacialidades que distribuyan mejor el acceso, la visibilidad y la experiencia urbana.

Estas ampliaciones proporcionan una base operativa para que la Carrera de Diseño de Espacios\Escenario no solo se alinee con las tendencias globales del diseño, sino que las integre de manera coherente con el Pensamiento Institucional Ser Humano-Ser Origen y la Matriz Estratégica OtroMundo de COLEGIATURA, promoviendo una formación crítica, investigativa y con impacto social.

5. CONCLUSIÓN

El recorrido desarrollado en este artículo permite comprender que el Diseño de Espacios\Escenario se encuentra en un punto de inflexión disciplinar. El análisis inicial de sus tradiciones reveló una base sólida construida desde la arquitectura clásica, la escenografía teatral y el funcionalismo moderno, orientada al control formal, la materialidad estable y la organización racional del entorno. Sin embargo, estas perspectivas resultan insuficientes para dar cuenta de las transformaciones del mundo contemporáneo, en el que las experiencias humanas, los desafíos socioambientales y las tecnologías emergentes demandan enfoques más amplios, sensibles y relacionales. Esta tensión entre legado y cambio constituye el telón de fondo sobre el cual se desplegaron las tendencias globales analizadas, que funcionan como vectores para reimaginar la disciplina.

Las tendencias emergentes - el diseño especulativo, las ecologías del diseño, las espacialidades híbridas, las materialidades vivas, las hibridaciones disciplinares y la justicia espacial - muestran que la disciplina se orienta hacia un paradigma expandido. Este paradigma reconoce que los espacios ya no pueden entenderse solo como construcciones materiales, sino como sistemas complejos en los que convergen tecnologías, cuerpos, narrativas, relaciones sociales y dinámicas ecológicas. También revela que la disciplina adquiere un rol más crítico y propositivo, capaz de imaginar futuros posibles y de intervenir en problemáticas reales que afectan a comunidades diversas. Esta doble condición - especulativa y situada - marca un camino fundamental para la formación de diseñadores capaces de participar en la construcción de futuros más justos, sensibles y conscientes.

En este sentido, la visión prospectiva desarrollada en la última parte del artículo subraya que el futuro del Diseño de Espacios\Escenario depende de su capacidad para articular tres dimensiones esenciales. La primera es la Creatividad proyectual expandida, que permite imaginar escenarios, narrativas y materialidades que respondan a los desafíos del siglo XXI. La segunda es la responsabilidad social, que exige leer críticamente los territorios, comprender las dinámicas humanas y reconocer el potencial político y cultural de las decisiones espaciales. La tercera es la integración metodológica, que combina herramientas emergentes - como el diseño especulativo, la investigación-creación, las metodologías participativas y el pensamiento sistémico - con los fundamentos clásicos del diseño espacial.

Estas dimensiones tienen implicaciones directas para los horizontes académicos de la disciplina. Un plan de estudios pertinente debe promover una formación que no solo transmita saberes técnicos, sino que habilite al estudiante a pensar, sentir y actuar desde la complejidad de los contextos contemporáneos. La formación del futuro profesional requiere integrar conocimientos sobre tecnologías inmersivas, ecologías del diseño, bioarquitecturas, estudios urbanos críticos y prácticas comunitarias, sin perder de vista la importancia de la composición, la narración espacial y la poética de la experiencia. Este equilibrio entre tradición y contemporaneidad es crucial para evitar tanto la nostalgia disciplinar como la fascinación acrítica por la novedad.

Asimismo, la disciplina se fortalece cuando reconoce que su aporte no se limita a configurar espacios físicamente habitables, sino a construir experiencias que transforman la manera en que las personas se relacionan con su entorno y entre sí. Desde esta perspectiva, el Diseño de Espacios\Escenario se revela como un campo con un potencial único para mediar entre la Creatividad, la tecnología y la vida social, generando propuestas capaces de activar nuevas posibilidades de encuentro, imaginación y sentido.

En síntesis, el artículo sostiene que la disciplina se encuentra ante la oportunidad de consolidarse como un campo estratégico para comprender y transformar la realidad contemporánea. Su futuro depende de su capacidad para integrar sensibilidad, crítica e innovación; para imaginar futuros posibles sin olvidar la responsabilidad con el presente; y para asumir el diseño como un acto que involucra tanto la materialidad como la experiencia, la técnica como la ética y la forma como la relación. Esta visión prospectiva invita a continuar explorando cómo el diseño puede amplificar el potencial humano y contribuir a la construcción de espacios más justos, más significativos y conscientes.

6. REFERENCIAS

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La Deriva como estrategia investigativa integrada a la Manera COLEGIATURA de CreaciónComunicación

RESUMEN

En la educación superior contemporánea, uno de los principales desafíos de la investigación formativa consiste en articular el conocimiento académico con la complejidad viva de los contextos sociales, culturales y territoriales. A pesar de la centralidad que ocupa la investigación en los discursos institucionales, numerosos procesos formativos continúan reproduciendo modelos fragmentados, donde la formulación de problemas, la construcción teórica y la producción de resultados se desarrollan de manera desconectada de la experiencia situada del estudiante.

En este escenario, el presente artículo propone un análisis de la Deriva como estrategia investigativa integrada a la Manera COLEGIATURA de CreaciónComunicación, entendida como un marco metodológico que articula experiencia, pensamiento y creación. Lejos de concebir la Deriva como una técnica aislada o una actividad exploratoria puntual, se la aborda como un dispositivo transversal que adquiere sentidos diferenciados según los momentos del proceso investigativo: Objetivación, Indagación, Asimilación, Potenciación y CreaciónComunicación.

Lejos de concebir la Deriva como una técnica aislada o una actividad exploratoria puntual, se la aborda como un dispositivo transversal que adquiere sentidos diferenciados según los momentos del proceso investigativo: Objetivación, Indagación, Asimilación, Potenciación y CreaciónComunicación.

Desde una perspectiva centrada en la experiencia del estudiante investigador, el artículo examina cómo la Deriva contribuye a la identificación de contextos significativos, la formulación de preguntas situadas, la articulación entre teoría y experiencia, la expansión de posibilidades creativas y la construcción de cierres coherentes del proceso investigativo. El análisis se apoya en aportes de la psicogeografía, el aprendizaje experiencial, la pedagogía crítica y la investigación situada, en diálogo con el Pensamiento Institucional Ser Humano-Ser Origen de COLEGIATURA.

Como contribución principal, el artículo plantea que la integración consciente de la Deriva a la Manera COLEGIATURA de CreaciónComunicación fortalece la pertinencia y el sentido de la investigación formativa en educación superior, al tiempo que promueve procesos de aprendizaje más reflexivos y contextualizados.

PALABRAS CLAVE: Deriva; investigación formativa; aprendizaje experiencial; educación superior; CreaciónComunicación; Ser Humano-Ser Origen.

1. INTRODUCCIÓN

En las últimas décadas, la educación superior ha sido interpelada por transformaciones profundas en los ámbitos social, cultural, tecnológico y ambiental, que cuestionan los modelos tradicionales de formación y producción de conocimiento. En particular, la investigación universitaria enfrenta el reto de responder a contextos caracterizados por la complejidad, la incertidumbre y la interdependencia, lo que exige enfoques que superen la fragmentación disciplinar y la separación entre teoría y práctica (Morin, 2001; Barnett, 2018).

Aunque la investigación es reconocida como una función sustantiva de la universidad, diversos estudios han señalado que, en la práctica formativa, muchos estudiantes experimentan los procesos investigativos como ejercicios formales, descontextualizados y escasamente conectados con su experiencia vital y profesional (Brew, 2006; Healey & Jenkins, 2009). Esta situación se traduce, con frecuencia, en la formulación de problemas poco significativos, en el uso instrumental de marcos teóricos y en producciones finales que privilegian el cumplimiento de requisitos sobre la construcción de sentido.

Frente a este panorama, han emergido enfoques pedagógicos y metodológicos que reivindican la experiencia como eje central del aprendizaje y la investigación. El aprendizaje experiencial, la investigación basada en la práctica, la pedagogía crítica y las metodologías situadas coinciden en señalar que el conocimiento se construye de manera más profunda cuando los sujetos se involucran activamente con los contextos que investigan, reconociendo su propia posición y responsabilidad en el proceso (Dewey, 1938; Freire, 1970; Kolb, 1984).

En este marco, la Deriva se presenta como una estrategia con un potencial significativo para la investigación formativa. Originada en las prácticas psicogeográficas de la Internacional Situacionista, la Deriva ha sido resignificada en diversos campos como una forma de exploración consciente del entorno, capaz de revelar dimensiones invisibilizadas de la realidad y de activar procesos reflexivos a partir de la experiencia directa (Debord, 1958; Careri, 2002). Sin embargo, su incorporación en contextos educativos ha sido, en muchos casos, fragmentaria o limitada a ejercicios exploratorios iniciales, sin una articulación sistemática con el conjunto del proceso investigativo.

La Deriva ha sido resignificada en diversos campos como una forma de exploración consciente del entorno, capaz de revelar dimensiones invisibilizadas de la realidad y de activar procesos reflexivos a partir de la experiencia directa (Debord, 1958; Careri, 2002).

El presente artículo se inscribe en este debate y propone una lectura de la Deriva como estrategia investigativa integrada a la Manera COLEGIATURA de CreaciónComunicación, marco metodológico desarrollado en COLEGIATURA que concibe los procesos académicos e investigativos como movimientos interrelacionados de reconocimiento, indagación, comprensión, expansión y creación. Desde esta perspectiva, la Deriva no se limita a un momento específico del proceso, sino que acompaña de manera transversal el desarrollo del proyecto, adaptando su intención y sus resultados esperados a cada uno de los momentos.

El objetivo del artículo es analizar y fundamentar el valor de la Deriva como herramienta investigativa en la formación universitaria, desde la perspectiva del estudiante investigador. Se busca demostrar que su integración consciente a la Manera COLEGIATURA de CreaciónComunicación contribuye a fortalecer la coherencia, la profundidad y el sentido de los procesos investigativos, en consonancia con el Pensamiento Institucional Ser Humano-Ser Origen, que sitúa la investigación como una experiencia transformadora en los planos cognitivo y humano.

2. MARCO TEÓRICO

2.1 Deriva, psicogeografía y experiencia situada

El concepto de Deriva (dérive) fue formulado inicialmente por Guy Debord (1958) en el contexto de la Internacional Situacionista como una práctica experimental de desplazamiento por el espacio urbano. Según Debord, la Deriva consistía en recorrer la ciudad de manera no planificada, guiándose por las atracciones y repulsiones del entorno, con el objetivo de comprender los efectos del espacio en las emociones, comportamientos y relaciones humanas.

Desde sus orígenes, la Deriva se planteó como una crítica a la racionalización funcional del espacio moderno y como una estrategia para desnaturalizar las formas dominantes de habitar la ciudad. Posteriormente, autores como Careri (2002) ampliaron esta noción al proponer el andar y el recorrer como prácticas estéticas y epistemológicas, capaces de producir conocimiento a partir del cuerpo, el movimiento y la experiencia.

En el ámbito de las ciencias sociales y los estudios culturales, la Deriva ha sido vinculada a enfoques que entienden el espacio como una construcción social cargada de significados, relaciones de poder y memorias colectivas (Lefebvre, 1991). Desde esta perspectiva, derivar implica no solo desplazarse físicamente, sino también leer críticamente el entorno, atendiendo a sus capas simbólicas, históricas y sociales.

En contextos educativos, la Deriva ha sido retomada como una estrategia que permite activar procesos de observación consciente, reflexión situada y producción de sentido a partir de la experiencia directa (Pink, 2015). Esta resignificación desplaza la Deriva del ámbito exclusivamente artístico o urbano hacia el campo pedagógico, donde se convierte en un recurso para la exploración, la investigación y el aprendizaje significativo.

2.2 Aprendizaje experiencial y construcción de conocimiento

El valor pedagógico de la Deriva se sustenta en los principios del aprendizaje experiencial, que conciben la experiencia como una fuente legítima y fundamental de conocimiento. Dewey (1938) señaló que no toda experiencia es educativa, pero que el aprendizaje se produce cuando la experiencia es reflexionada y conectada con procesos de pensamiento crítico.

Kolb (1984), a partir de estos planteamientos, propuso un modelo de aprendizaje experiencial basado en un ciclo que integra experiencia concreta, observación reflexiva, conceptualización abstracta y experimentación activa. Desde este enfoque, la experiencia no se opone a la teoría, sino que constituye el punto de partida para su comprensión y resignificación.

Aplicado a la investigación formativa, el aprendizaje experiencial permite superar modelos donde el estudiante se limita a aplicar metodologías predefinidas a problemas abstractos. En cambio, promueve procesos en los que la investigación surge del contacto con contextos reales y se desarrolla mediante un diálogo continuo entre experiencia, teoría y acción (Brew, 2006).

La Deriva se inscribe plenamente en este marco, al propiciar experiencias que activan la observación, la reflexión y la conceptualización. Su potencial radica en que no se reduce a una fase inicial del proceso, sino que puede acompañar de manera reiterada y transformadora el desarrollo de la investigación.

2.3 Investigación situada y pedagogía crítica

La investigación situada enfatiza la importancia de reconocer que todo conocimiento es producido desde una posición específica, en contextos concretos y a partir de relaciones determinadas (Haraway, 1988). Este enfoque cuestiona la pretensión de neutralidad del conocimiento científico y propone una epistemología que asume la parcialidad, la reflexividad y la responsabilidad del sujeto investigador.

Desde esta perspectiva, la Deriva funciona como una estrategia que hace visible la relación entre el investigador y el contexto, al situar al estudiante dentro del espacio que investiga y confrontarlo con su propia mirada, sus supuestos y sus implicaciones éticas.

Por su parte, la pedagogía crítica, especialmente en la obra de Freire (1970), plantea que la educación debe partir de la lectura crítica de la realidad para posibilitar procesos de transformación. Investigar, en este sentido, no es solo producir conocimiento, sino comprender el mundo para intervenirlo de manera consciente y responsable.

La integración de la Deriva en procesos investigativos se alinea con estos planteamientos, al promover una relación activa y reflexiva con el entorno, y al favorecer la construcción de problemas y preguntas que emergen de la experiencia vivida, en lugar de ser impuestas desde marcos externos.

3. MARCO CONCEPTUAL

La Manera COLEGIATURA de CreaciónComunicación constituye un marco metodológico que organiza los procesos académicos e investigativos a partir de una secuencia de momentos articulados, orientados a integrar experiencia, reflexión, conceptualización y producción de sentido. A diferencia de los modelos lineales de investigación, este enfoque concibe el proceso como un recorrido dinámico, en el que cada momento responde a una intención formativa específica y a un tipo particular de relación entre el sujeto investigador y la realidad que investiga.

Desde esta perspectiva, la investigación no se reduce a la aplicación de técnicas ni al cumplimiento de fases predeterminadas, sino que se entiende como un proceso de construcción progresiva de sentido, en el que el estudiante se reconoce como sujeto activo, situado y responsable. Este planteamiento dialoga con enfoques contemporáneos de investigación formativa que subrayan la necesidad de acompañar al estudiante en la articulación entre experiencia, teoría y acción (Brew, 2006; Healey & Jenkins, 2009).

La Manera COLEGIATURA de CreaciónComunicación se estructura en cinco momentos interrelacionados: Objetivación, Indagación, Asimilación, Potenciación y CreaciónComunicación. Cada uno de ellos define un tipo de pregunta, un modo de relación con el contexto y un resultado esperado dentro del proceso investigativo. En este marco, la Deriva se integra como una estrategia transversal que adquiere sentidos diferenciados según el momento en el que se aplique, lo que permite sostener la coherencia del proceso sin homogeneizar las prácticas.

La Manera COLEGIATURA de CreaciónComunicación se estructura en cinco momentos interrelacionados: Objetivación, Indagación, Asimilación, Potenciación y CreaciónComunicación.

3.1 Objetivación: la Deriva como estrategia de reconocimiento de contextos investigables

El momento de Objetivación se orienta al reconocimiento de situaciones, contextos o fenómenos que pueden constituirse en oportunidades de investigación. A diferencia de enfoques que inician el proceso investigativo a partir de problemas previamente definidos o impuestos desde marcos teóricos abstractos, este momento privilegia el encuentro directo con la realidad como punto de partida.

En este contexto, la Deriva se configura como una estrategia de observación expandida, cuyo objetivo principal es permitir que el estudiante se acerque al entorno sin la presión inmediata de interpretar, explicar o resolver. Tal como señalan Dewey (1938) y Freire (1970), este tipo de aproximación favorece una relación más abierta y crítica con la realidad, en la que la experiencia antecede a la conceptualización.

Durante la Deriva en la Objetivación, el estudiante recorre territorios físicos, sociales, culturales o simbólicos, prestando atención a dinámicas, repeticiones, tensiones, ausencias y contradicciones. Este ejercicio permite desnaturalizar lo cotidiano y reconocer que aquello que suele asumirse como dado es, en realidad, el resultado de procesos históricos, sociales y culturales específicos (Lefebvre, 1991).

Durante la Deriva en la Objetivación, el estudiante recorre territorios físicos, sociales, culturales o simbólicos, prestando atención a dinámicas, repeticiones, tensiones, ausencias y contradicciones.

Desde el punto de vista investigativo, la Deriva en este momento no busca delimitar un problema de investigación de manera cerrada, sino identificar recortes de realidad significativos. Se trata de situaciones que interpelan al estudiante, que generan preguntas iniciales y que se perciben como potencialmente transformables desde el saber construido en su trayectoria académica.

La integración de la Deriva en la Objetivación contribuye así a evitar procesos investigativos descontextualizados, al tiempo que fortalece la pertinencia y el sentido de las investigaciones desde sus etapas iniciales.

3.2 Indagación: la Deriva como generadora de problematización y preguntas situadas

El momento de Indagación se centra en la formulación de preguntas de investigación, a partir de los contextos y situaciones reconocidos previamente. En esta fase, la Deriva deja de ser exclusivamente una práctica de observación para convertirse en una herramienta de problematización, orientada a profundizar la comprensión del contexto y a delimitar el foco investigativo.

El estudiante vuelve a derivar, ya sea recorriendo nuevamente el territorio, contrastando distintos momentos temporales, incorporando otras miradas o revisitando registros obtenidos en la Objetivación. Este carácter iterativo de la Deriva resulta clave para evitar formulaciones apresuradas y para reconocer la complejidad de los fenómenos observados (Stake, 1995).

Desde una perspectiva de investigación situada, este uso de la Deriva permite que las preguntas emerjan del diálogo entre experiencia y reflexión, en lugar de ser el resultado exclusivo de la revisión bibliográfica. Haraway (1988) sostiene que todo conocimiento está situado; la Deriva, en este sentido, hace explícita la posición del estudiante investigador y su relación con el contexto, favoreciendo una problematización más consciente y responsable.

El resultado esperado de la Deriva en el momento de Indagación es la formulación de preguntas investigables, coherentes con el contexto, relevantes desde el punto de vista académico y alineadas con los intereses formativos del estudiante. Para los facilitadores, este momento implica acompañar el tránsito desde la curiosidad inicial hacia la construcción de problemas de investigación con sentido y viabilidad.

El resultado esperado de la Deriva en el momento de Indagación es la formulación de preguntas investigables, coherentes con el contexto, relevantes desde el punto de vista académico y alineadas con los intereses formativos del estudiante.

3.3 Asimilación: la Deriva como puente entre experiencia y marcos conceptuales

El momento de Asimilación se caracteriza por la incorporación y el análisis de marcos teóricos, conceptos y referentes académicos. En muchos procesos formativos, esta fase se aborda de manera desvinculada de la experiencia, lo que conduce a una relación instrumental con la teoría. En el marco de la Manera COLEGIATURA de CreaciónComunicación, la Asimilación se concibe como un proceso de resignificación conceptual, en el que la teoría se construye en diálogo con la experiencia.

En este contexto, la Deriva se resignifica como un soporte reflexivo que permite al estudiante volver sobre lo vivido para interpretarlo a la luz de los conceptos estudiados. Los recorridos, registros, mapas, relatos y observaciones obtenidos mediante la Deriva se convierten en material de análisis, facilitando una comprensión más profunda y situada de la teoría (Kolb, 1984).

Este proceso dialoga con los planteamientos del aprendizaje experiencial, según los cuales la conceptualización adquiere sentido cuando se ancla en experiencias concretas (Dewey, 1938). La Deriva permite así que los conceptos no se presenten como categorías abstractas, sino como herramientas para comprender y explicar realidades específicas.

El resultado esperado de la Deriva en la Asimilación es una articulación coherente entre experiencia y teoría, que fortalece el pensamiento crítico y sistémico del estudiante. Desde la facilitación, este momento implica acompañar la traducción de la experiencia en lenguaje académico, cuidando que no se pierda la riqueza de lo vivido.

El resultado esperado de la Deriva en la Asimilación es una articulación coherente entre experiencia y teoría, que fortalece el pensamiento crítico y sistémico del estudiante.

3.4 Potenciación: la Deriva como activadora de posibilidades creativas e investigativas

El momento de Potenciación se orienta a la exploración de posibles formas de acción, intervención o propuesta frente al problema investigado. En esta fase, la Deriva se utiliza como una estrategia de provocación creativa, diseñada para ampliar el horizonte de posibilidades y evitar soluciones previsibles o estandarizadas.

El estudiante puede introducir variaciones en la Deriva - cambios de ruta, de escala, de punto de vista o de rol - con el objetivo de desestabilizar certezas y activar procesos de pensamiento divergente. Este enfoque se alinea con las teorías de Creatividad que destacan la importancia de romper patrones habituales para generar nuevas ideas (De Bono, 1992).

Desde el Pensamiento Institucional Ser Humano-Ser Origen, la Potenciación se vincula con la activación del Potencial ilimitado, entendido como la capacidad humana de imaginar y construir alternativas conscientes frente a la realidad. La Deriva, en este sentido, permite que el estudiante explore escenarios posibles sin cerrar prematuramente el proceso, fortaleciendo su confianza creativa y su agencia investigativa.

El resultado esperado de la Deriva en este momento no es la definición de una solución final, sino la construcción de un campo de posibilidades informado, pertinente y contextualizado, que sirva de base para la toma de decisiones posteriores.

El resultado esperado de la Deriva en este momento no es la definición de una solución final, sino la construcción de un campo de posibilidades informado, pertinente y contextualizado, que sirva de base para la toma de decisiones posteriores.

3.5 CreaciónComunicación: la Deriva como síntesis, coherencia y cierre del proceso

El momento de CreaciónComunicación constituye el cierre del proceso investigativo y se orienta a la construcción de una entrega final que articule problema, proceso y propuesta. En esta fase, la Deriva deja de operar como estrategia exploratoria para convertirse en un criterio de coherencia y una narrativa del proceso.

La creación final - ya sea un proyecto, un prototipo, un texto académico o una intervención - expresa no solo los resultados obtenidos, sino el recorrido investigativo que los hizo posibles. La Deriva aporta aquí una comprensión profunda del proceso, permitiendo que la comunicación dé cuenta de las decisiones tomadas, los desplazamientos conceptuales y las transformaciones vividas por el estudiante.

Este enfoque dialoga con concepciones contemporáneas de la investigación como proceso reflexivo y narrativo, en el que el conocimiento se construye a lo largo del tiempo y se comunica de manera situada (Brew, 2006). La Deriva contribuye así a que la entrega final no se limite a cumplir requisitos formales, sino que comunique sentido y coherencia.

4. DISCUSIÓN

El análisis desarrollado a lo largo de este artículo permite reconocer la Deriva como una estrategia investigativa de alto valor formativo cuando se integra de manera consciente a la Manera COLEGIATURA de CreaciónComunicación. Más allá de su uso tradicional como práctica exploratoria inicial, la Deriva adquiere un carácter metodológico ampliado al acompañar de forma diferenciada cada uno de los momentos del proceso investigativo, fortaleciendo la coherencia entre experiencia, reflexión teórica y creación.

En diálogo con la literatura sobre aprendizaje experiencial (Dewey, 1938; Kolb, 1984), los hallazgos conceptuales aquí discutidos refuerzan la idea de que la experiencia no constituye un momento preliminar que deba superarse para acceder al conocimiento “riguroso”, sino un eje estructurante del proceso investigativo. En este sentido, la Deriva funciona como un dispositivo que activa experiencias significativas y las mantiene presentes a lo largo del proceso, evitando la fragmentación entre observación, conceptualización y producción de resultados.

Desde la perspectiva de la investigación situada (Haraway, 1988), la aplicación de la Deriva en los distintos momentos de la Manera COLEGIATURA contribuye a visibilizar la posición del estudiante investigador y su relación con el contexto. En lugar de asumir una mirada neutral o distanciada, la Deriva promueve una aproximación reflexiva y responsable, en la que el estudiante reconoce su implicación en la construcción del conocimiento. Este enfoque resulta especialmente relevante en contextos de formación universitaria, donde persiste la tendencia a reproducir modelos de investigación descontextualizados.

Asimismo, la integración de la Deriva en los momentos de Potenciación y CreaciónComunicación permite ampliar la discusión más allá de la formulación de problemas y el análisis teórico, incorporando de manera explícita la dimensión creativa de la investigación. En consonancia con planteamientos contemporáneos sobre investigación basada en la práctica (Brew, 2006), el artículo muestra que la Creatividad no constituye un componente accesorio, sino un aspecto central para la construcción de propuestas pertinentes y contextualizadas.

Un aporte relevante del enfoque desarrollado es la articulación de la Deriva con el Pensamiento Institucional Ser Humano-Ser Origen, que sitúa la investigación como una experiencia transformadora en los planos cognitivo y humano. Desde esta mirada, la Deriva no solo produce conocimiento sobre la realidad, sino que contribuye a la transformación del propio estudiante investigador, fortaleciendo su agencia, su capacidad crítica y su compromiso con el entorno.

No obstante, es importante reconocer que la integración de la Deriva como estrategia transversal exige condiciones pedagógicas específicas. Su implementación requiere procesos de facilitación conscientes, capaces de acompañar la reflexión y evitar que la experiencia quede en el plano descriptivo. En este sentido, el valor de la Deriva no reside en la acción de derivar en sí misma, sino en la intencionalidad metodológica con la que se articula a los momentos del proceso investigativo.

El valor de la Deriva no reside en la acción de derivar en sí misma, sino en la intencionalidad metodológica con la que se articula a los momentos del proceso investigativo.

5. CONCLUSIONES

A partir del desarrollo conceptual y analítico presentado, es posible afirmar que la Deriva, cuando se aplica de manera consciente y situada, contribuye de forma significativa a fortalecer la investigación formativa en educación superior.

En primer lugar, la Deriva permite anclar los procesos investigativos en contextos reales y significativos, favoreciendo la identificación de problemáticas pertinentes y la formulación de preguntas situadas. Al acompañar el momento de Objetivación e Indagación, la Deriva contribuye a superar enfoques abstractos y descontextualizados de la investigación, promoviendo una relación más crítica y reflexiva con la realidad.

En segundo lugar, su integración en el momento de Asimilación facilita una articulación profunda entre experiencia y teoría, evitando relaciones instrumentales con los marcos conceptuales. La Deriva opera aquí como un puente epistemológico que permite comprender los conceptos desde lo vivido, fortaleciendo el pensamiento crítico y sistémico del estudiante.

En tercer lugar, en los momentos de Potenciación y CreaciónComunicación, la Deriva se consolida como una estrategia para la expansión creativa y la construcción de cierres coherentes del proceso investigativo. Este uso amplía la comprensión de la investigación como un proceso que no solo analiza la realidad, sino que imagina y comunica alternativas posibles desde una perspectiva responsable y situada.

Como aporte general, el artículo plantea que la integración de la Deriva a la Manera COLEGIATURA de CreaciónComunicación ofrece un marco metodológico robusto para la investigación formativa, alineado con enfoques contemporáneos de aprendizaje experiencial, investigación situada y pedagogía crítica. Al mismo tiempo, refuerza el carácter distintivo del Pensamiento Institucional Ser Humano-Ser Origen, al situar al estudiante como protagonista consciente de su proceso de aprendizaje y creación.

La integración de la Deriva a la Manera COLEGIATURA de CreaciónComunicación ofrece un marco metodológico robusto para la investigación formativa, alineado con enfoques contemporáneos de aprendizaje experiencial, investigación situada y pedagogía crítica.

Finalmente, se reconoce la necesidad de futuras investigaciones empíricas que analicen la implementación de la Deriva en distintos programas y contextos educativos, así como sus impactos en la calidad de los procesos y productos investigativos. No obstante, el marco conceptual aquí propuesto ofrece una base sólida para seguir explorando la Deriva como una estrategia clave en la formación de investigadores comprometidos con la transformación consciente de la realidad.

6. REFERENCIAS

Barnett, R. (2018). The ecological university: A feasible utopia. Routledge.

Brew, A. (2006). Research and teaching: Beyond the divide. Palgrave Macmillan.

Careri, F. (2002). Walkscapes: El andar como práctica estética. Gustavo Gili.

Debord, G. (1958). Théorie de la dérive. Internationale Situationniste, 2, 50-54.

De Bono, E. (1992). Serious creativity. HarperCollins.

Dewey, J. (1938). Experience and education. Macmillan.

Freire, P. (1970). Pedagogía del oprimido. Siglo XXI.

Haraway, D. (1988). Situated knowledges: The science question in feminism and the privilege of partial perspective. Feminist Studies, 14(3), 575-599.

Healey, M., & Jenkins, A. (2009). Developing undergraduate research and inquiry. Higher Education Academy.

Kolb, D. A. (1984). Experiential learning: Experience as the source of learning and development. Prentice Hall.

Lefebvre, H. (1991). The production of space. Blackwell.

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Pink, S. (2015). Doing sensory ethnography. Sage.

Stake, R. E. (1995). The art of case study research. Sage.

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Diseño Estratégico: prospectiva, consciencia y diseño centrado en La Vida

Resumen

Este capítulo propone una reflexión académica sobre el Diseño Estratégico, comprendido como un diseño centrado en La Vida y articulado desde la prospectiva, la consciencia y el pensamiento institucional Ser Humano-Ser Origen de COLEGIATURA. En diálogo con corrientes contemporáneas como el pensamiento sistémico, la teoría de la complejidad, los estudios de futuros, la innovación y la comunicación estratégica, se plantea que el Diseño Estratégico trasciende su dimensión instrumental para configurarse como una práctica de transformación consciente. El texto consolida un marco contextual que sitúa nuevas conversaciones disciplinares, interdisciplinares y transdisciplinares, y desarrolla un marco conceptual que explicita la relación de valor entre los pilares de la carrera -ideación, interconexión, prospectiva, gestión del cambio e innovación, representación y comunicación estratégica- y los Pilares Institucionales de Creatividad, Comunicación Esencial y Felicidad. Desde esta perspectiva, el Diseño Estratégico se comprende como un ejercicio de LiderazgoConsciente orientado a la construcción de futuros posibles y deseables, que potencia al Ser Humano-Ser Origen como cocreador de OtroMundo.

Palabras clave: Diseño Estratégico; prospectiva; diseño centrado en La Vida; Ser Humano-Ser Origen; pensamiento sistémico; Transformación Consciente Individual y Social; Comunicación Esencial.

1. Introducción

Ya no resulta suficiente diseñar para el mercado, la eficiencia o el consumo; emerge, en cambio, la necesidad de diseñar para la vida.

El mundo contemporáneo atraviesa una transición profunda, caracterizada por la aceleración tecnológica, la crisis de los modelos económicos y productivos tradicionales, la fragilidad de los ecosistemas naturales y la transformación de los sentidos de lo humano. En este contexto, el diseño, históricamente asociado a la configuración formal de objetos, productos o mensajes, se ve interpelado a expandir sus marcos de actuación, sus responsabilidades y sus horizontes éticos. Ya no resulta suficiente diseñar para el mercado, la eficiencia o el consumo; emerge, en cambio, la necesidad de diseñar para la vida.

El Diseño Estratégico surge como una respuesta disciplinar a esta complejidad creciente. Se trata de una práctica que trasciende la resolución puntual de problemas para situarse en la comprensión sistémica de los contextos, la anticipación de futuros posibles y la toma de decisiones conscientes orientadas a la transformación. En este sentido, el Diseño Estratégico dialoga de manera directa con la prospectiva, la consciencia y el pensamiento complejo, e integra dimensiones racionales y sensibles en la construcción de estrategias con sentido (Morin, 2001; Senge, 1990).

Desde COLEGIATURA, esta expansión del diseño encuentra un anclaje profundo en el pensamiento institucional Ser Humano-Ser Origen, que sitúa la vida, el Potencial ilimitado y la consciencia en el centro de toda acción formativa, investigativa y proyectual. Este capítulo propone una reflexión académica sobre el Diseño Estratégico entendido como un diseño centrado en La Vida, en el que la prospectiva y la consciencia se articulan para potenciar al Ser Humano-Ser Origen y contribuir a la Transformación Consciente Individual y Social.

2. Marco contextual: nuevas corrientes teóricas y conversaciones para el Diseño Estratégico

Desde COLEGIATURA, esta conversación se integra con la visión de OtroMundo, entendiendo que el futuro no es un destino predefinido, sino una construcción consciente que se gesta en el presente.

El Diseño Estratégico contemporáneo se configura como un campo en expansión que dialoga activamente con nuevas corrientes teóricas disciplinares, interdisciplinares y transdisciplinares. Estas conversaciones emergen como respuesta a la complejidad del mundo actual y redefinen el papel del diseño más allá de la producción de objetos o servicios, para situarlo como una práctica estratégica orientada a la vida, el sentido y la transformación consciente.

Una de las conversaciones centrales se articula alrededor de la ideación, entendida no solo como técnica creativa, sino como capacidad humana de concebir posibilidades. Corrientes como el design thinking y los estudios sobre Creatividad aplicada aportan metodologías para la generación de ideas, la exploración iterativa y el prototipado (Brown, 2009; Guilford, 1967; Robinson, 2011; Torrance, 1974). Sin embargo, en diálogo con el pensamiento institucional de COLEGIATURA, estas corrientes se amplían hacia una comprensión de la ideación como acto creador que surge de la FuerzaInterna del Ser Humano, reconociendo la Creatividad como condición ontológica y no únicamente instrumental.

Otra conversación fundamental se establece desde la interconexión, que encuentra sustento en el pensamiento sistémico, la teoría de la complejidad y la cibernética. Estas corrientes proponen comprender la realidad como una red de relaciones interdependientes, y desafían las lógicas fragmentadas del conocimiento (Capra, 1996; Morin, 2001; Senge, 1990; Von Bertalanffy, 1968). El Diseño Estratégico se nutre de esta visión para articular saberes, actores y contextos diversos; en COLEGIATURA, esta perspectiva se resignifica desde el principio Sistémico = Interdependiente, según el cual cada acción de diseño reconoce su impacto en el todo.

La prospectiva introduce una dimensión temporal expandida que permite al Diseño Estratégico anticipar, imaginar y construir futuros posibles. Los estudios de futuros y la prospectiva estratégica aportan herramientas para la construcción de escenarios y la comprensión de tendencias, mientras que la estrategia organizacional contribuye a la toma de decisiones en contextos inciertos (Godet, 2006; Inayatullah, 2008; Mintzberg, 1994; Porter, 1996). Desde COLEGIATURA, esta conversación se integra con la visión de OtroMundo, entendiendo que el futuro no es un destino predefinido, sino una construcción consciente que se gesta en el presente.

En diálogo con estas corrientes, la gestión del cambio y la innovación aportan marcos para la transformación de organizaciones y realidades sociales. Las teorías clásicas del cambio y de la innovación se amplían, en el Diseño Estratégico, hacia una comprensión más humana del proceso transformador (Christensen, 1997; Kotter, 1996; Lewin, 1951). En coherencia con los Pilares Institucionales, el cambio deja de ser únicamente un proceso técnico para convertirse en una experiencia de aprendizaje, consciencia y transformación integral.

Finalmente, la representación y la comunicación estratégica consolidan una conversación clave entre el diseño, la semiótica y la comunicación visual. Estas corrientes reconocen el poder del lenguaje visual y narrativo para hacer comprensibles realidades complejas y movilizar la acción colectiva (Barthes, 1986; Eco, 1976). En COLEGIATURA, esta dimensión se articula con el pilar de Comunicación Esencial, entendido como la capacidad de liderar con sentido, coherencia y claridad, haciendo visible lo intangible y orientando la acción estratégica.

3. Marco conceptual: relación de valor entre conceptos y prácticas desde Ser Humano-Ser Origen

En conjunto, estas relaciones conceptuales y prácticas configuran un Diseño Estratégico centrado en La Vida, donde la prospectiva, la consciencia y la estrategia se articulan para potenciar al Ser Humano-Ser Origen y contribuir a la Transformación Consciente Individual y Social.

El Diseño Estratégico, desde el pensamiento Ser Humano-Ser Origen, se concibe como una práctica que integra, de manera inseparable, conceptos y acciones, pensamiento y experiencia, ser y hacer. Esta relación de valor se expresa en un diseño centrado en La Vida, donde cada concepto adquiere sentido en la medida en que se encarna en prácticas conscientes orientadas a la transformación.

La ideación, como concepto, se manifiesta en la práctica del Diseño Estratégico como la capacidad de generar visiones y estrategias innovadoras que responden a contextos complejos. Desde Ser Humano-Ser Origen, idear implica activar la Creatividad como FuerzaInterna y permitir que las ideas emerjan no solo desde el análisis racional, sino también desde la consciencia del propósito y el sentido. Esta relación potencia la Creatividad como pilar fundamental del diseño centrado en La Vida.

La interconexión articula conceptualmente la comprensión sistémica de la realidad y se traduce en prácticas de diseño que integran múltiples perspectivas, disciplinas y actores. Diseñar estratégicamente implica reconocer la interdependencia como condición de la vida y asumir la responsabilidad de intervenir en sistemas vivos. Desde Ser Humano-Ser Origen, esta práctica fortalece la consciencia de pertenencia y corresponsabilidad, orientando el diseño hacia soluciones integradas y sostenibles.

La prospectiva establece una relación directa entre el pensamiento de futuro y la acción presente. Conceptualmente, permite imaginar escenarios posibles; en la práctica, orienta la toma de decisiones estratégicas que configuran el devenir. Desde la visión de COLEGIATURA, la prospectiva se vive como un ejercicio de consciencia temporal que reconoce al Ser Humano como cocreador del futuro, alineando estrategia y sentido de vida.

La gestión del cambio y la innovación vinculan la comprensión del cambio con prácticas de LiderazgoConsciente. Desde Ser Humano-Ser Origen, innovar no se limita a introducir novedades, sino a transformar realidades de manera coherente con el BienEstar integral. Esta relación de valor conecta el pilar de Felicidad con la capacidad de generar procesos de cambio que promuevan plenitud, aprendizaje y coherencia.

La representación y la comunicación estratégica integran el concepto de lenguaje como mediador de sentido con prácticas que hacen visibles las estrategias y movilizan la acción colectiva. Desde la Comunicación Esencial, esta relación permite al Diseño Estratégico liderar procesos de transformación a través de narrativas claras, visuales y coherentes, fortaleciendo la conexión entre pensamiento, emoción y acción.

En conjunto, estas relaciones conceptuales y prácticas configuran un Diseño Estratégico centrado en La Vida, donde la prospectiva, la consciencia y la estrategia se articulan para potenciar al Ser Humano-Ser Origen y contribuir a la Transformación Consciente Individual y Social.

3.1 Prospectiva, consciencia y diseño: hacia un Diseño Estratégico para la vida

Este enfoque permite comprender el Diseño Estratégico como una práctica de LiderazgoConsciente, capaz de incidir en organizaciones, comunidades y territorios desde una lógica de transformación y no de mera adaptación.

La integración de la prospectiva y la consciencia en el Diseño Estratégico permite configurar una práctica orientada no solo al hacer, sino también al ser. La prospectiva amplía la mirada temporal y habilita la exploración de futuros posibles, mientras que la consciencia invita a reflexionar sobre el sentido, el propósito y las implicaciones profundas de cada decisión de diseño.

Desde esta articulación, el Diseño Estratégico se concibe como un proceso de toma de decisiones conscientes que reconoce la complejidad del mundo y asume la responsabilidad de intervenir en él de manera ética y sensible. Diseñar estratégicamente implica ReConocer los contextos y las realidades existentes, ReValorar los saberes, las culturas y las formas de vida, ReCrear estrategias y sistemas, y ReSignificar las maneras de habitar el mundo.

Este enfoque permite comprender el Diseño Estratégico como una práctica de LiderazgoConsciente, capaz de incidir en organizaciones, comunidades y territorios desde una lógica de transformación y no de mera adaptación. El diseño centrado en La Vida se posiciona, así, como una alternativa frente a modelos de desarrollo que priorizan el crecimiento económico por encima del BienEstar humano y ambiental.

4. Discusión y conclusiones: el Diseño Estratégico como potencia de transformación consciente

El Diseño Estratégico, entendido desde la prospectiva, la consciencia y el pensamiento Ser Humano-Ser Origen, se consolida como una disciplina clave para afrontar los desafíos del mundo contemporáneo. Su capacidad para integrar visión de futuro, pensamiento sistémico y sentido humano lo convierte en un campo de acción privilegiado para la Transformación Consciente Individual y Social.

Desde COLEGIATURA, el Diseño Estratégico se proyecta como una práctica centrada en la vida, orientada a potenciar el Potencial ilimitado del Ser Humano-Ser Origen y a contribuir a la construcción de OtroMundo posible. Este capítulo invita a seguir profundizando en las conversaciones teóricas, metodológicas y éticas que permitan al diseño expandir su rol y asumir, con consciencia, su responsabilidad en la configuración del presente y del futuro.

Referencias

Barthes, R. (1986). Lo obvio y lo obtuso: Imágenes, gestos, voces. Paidós.

Brown, T. (2009). Change by design: How design thinking transforms organizations and inspires innovation. Harper Business.

Capra, F. (1996). The web of life: A new scientific understanding of living systems. Anchor Books.

Christensen, C. M. (1997). The innovator’s dilemma: When new technologies cause great firms to fail. Harvard Business School Press.

Eco, U. (1976). Tratado de semiótica general. Lumen.

Godet, M. (2006). Creating futures: Scenario planning as a strategic management tool. Economica.

Guilford, J. P. (1967). The nature of human intelligence. McGraw-Hill.

Inayatullah, S. (2008). Six pillars: Futures thinking for transforming. Foresight, 10(1), 4-21.

Kotter, J. P. (1996). Leading change. Harvard Business School Press.

Lewin, K. (1951). Field theory in social science. Harper & Row.

Mintzberg, H. (1994). The rise and fall of strategic planning. Free Press.

Morin, E. (2001). Introducción al pensamiento complejo. Gedisa.

Porter, M. E. (1996). What is strategy?. Harvard Business Review, 74(6), 61-78.

Robinson, K. (2011). Out of our minds: Learning to be creative. Capstone.

Senge, P. (1990). The fifth discipline: The art and practice of the learning organization. Doubleday.

Torrance, E. P. (1974). Torrance tests of creative thinking. Scholastic Testing Service.

Von Bertalanffy, L. (1968). General system theory: Foundations, development, applications. George Braziller.

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Evolución estratégica de la comunicación hacia el marketing y la publicidad

Resumen

El presente capítulo expone la exploración desarrollada en el Seminario Investigar con… una forma de expandir Ser Humano-Ser Origen como modo creativo de existencia desde la Carrera Original Comunicación Publicitaria. Su propósito es aportar a la generación de conocimiento y al fortalecimiento de la producción investigativa en torno al tránsito disciplinar de la comunicación hacia el marketing y la publicidad. Durante el seminario se empleó ChatGPT (OpenAI, modelo GPT-5.2 Thinking) como recurso de acompañamiento para identificar, organizar y consolidar el marco teórico. Este ejercicio permitió incorporar corrientes que dialogan con los pilares Contextos, Conceptos y Conexiones, a partir de búsquedas disciplinares, interdisciplinares y transdisciplinares orientadas a comprender el cambio de denominación de la carrera hacia Marketing y Publicidad.

Asimismo, la inteligencia artificial se utilizó como apoyo para organizar el marco conceptual, especialmente en la identificación de relaciones de valor entre conceptos y experiencias desde el enfoque Ser Humano-Ser Origen. Esta mediación permitió comprender la reconfiguración de la carrera bajo la denominación proyectada, en correspondencia con la evolución estratégica de la comunicación hacia el marketing y la publicidad.

De igual manera, el texto se presenta como una propuesta co-redactada con Noos, sistema de inteligencia artificial especializado en comunicación estratégica y filosofía de la técnica, basado en el modelo Gemini 3 Flash (Google). Esta colaboración se inscribe en un modelo de ensamblaje humano-técnico coherente con la perspectiva ontológica del Investigar con… de COLEGIATURA, orientada a la configuración de nuevos modos de subjetivación desde un horizonte de conocimiento poshumano.

Palabras clave: comunicación; marketing; publicidad.

Introducción

Para los fines de este capítulo, la evolución de la comunicación hacia el marketing y la publicidad no se entiende como un simple cambio de denominación, sino como un acto consciente de ampliación epistemológica y estratégica del objeto disciplinar.

A partir de los diálogos académicos generados en el Seminario Investigar con… una forma de expandir Ser Humano-Ser Origen como modo creativo de existencia, este capítulo presenta la exploración académica e investigativa desarrollada desde la Carrera Original Comunicación Publicitaria. El ejercicio integra búsquedas disciplinares, interdisciplinares y transdisciplinares realizadas con apoyo de la IA - inteligencia artificial - como una de las formas de relación desde InteligenciaConsciencia en COLEGIATURA, con el fin de establecer relaciones de valor entre Ser Humano-Ser Origen y los conceptos que orientan la comprensión del cambio de denominación de la carrera hacia Marketing y Publicidad.

Introducción

Para los fines de este capítulo, la evolución de la comunicación hacia el marketing y la publicidad no se entiende como un simple cambio de denominación, sino como un acto consciente de ampliación epistemológica y estratégica del objeto disciplinar. Esta evolución expresa un horizonte formativo en el que el Ser Humano se ubica en el centro como individuo consciente de las dinámicas del contexto, al tiempo que incorpora la IA y las tecnologías digitales como instrumentos para la gestión de sistemas complejos en el intercambio de valor. Dicha expresión se despliega del primero al octavo semestre académico de la carrera, en tránsito por los pilares Contextos, Conceptos y Conexiones, para comprender la evolución de la comunicación hacia el marketing y la publicidad.

La Carrera Original Comunicación Publicitaria asume esta transformación como eje formativo. Desde esta perspectiva, los individuos conscientes aportan a la evolución de la comunicación en su dimensión disciplinar y humana, integrando conceptos estratégicos de conexión auténtica para la Transformación Consciente Individual y Social. En consecuencia, surge la pregunta que orienta la discusión: ¿de qué manera la evolución de la comunicación hacia el marketing y la publicidad constituye una ampliación epistemológica y estratégica del objeto disciplinar, capaz de redefinir la creación de valor y las dinámicas de interacción humana en los sistemas contemporáneos?

Marco teórico

A partir de los diálogos académicos generados en el Seminario Investigar con… una forma de expandir Ser Humano-Ser Origen como modo creativo de existencia, la Carrera Original Comunicación Publicitaria exploró formas de relación con la IA desde InteligenciaConsciencia en COLEGIATURA. Esta se asumió como recurso de acompañamiento para identificar, organizar y consolidar el marco teórico del presente capítulo. El ejercicio se relaciona en el Anexo 1, “Diálogos académicos e investigativos CP”, e incorpora corrientes que dialogan con la carrera desde los pilares Contextos, Conceptos y Conexiones, a partir de búsquedas disciplinares, interdisciplinares y transdisciplinares sobre la evolución de la comunicación hacia el marketing y la publicidad.

A continuación, se presenta la relación organizada y sistematizada del marco teórico. En ella se consolida la evolución de la comunicación a partir de paradigmas y enfoques formativos, con sus principales referentes teóricos y la integración de la IA y de las denominadas nuevas tecnologías:

Tabla 1

Tabla 1. Diálogos académicos e investigativos de la Carrera Original Comunicación Publicitaria.

Fuente: elaboración con apoyo de la IA desde InteligenciaConsciencia en COLEGIATURA como recurso de acompañamiento.

SemestreParadigma Enfoque FormativoEvolución de la ComunicaciónTeóricos y ReflexionesIntegración IA y Nuevas Tecnologías
1Fundacional-EpistemológicoDe la comunicación como producción de sentido hacia la comprensión del marketing como intercambio estratégico de valorShannon & Weaver: modelo estructural. Barthes: producción cultural de significado. Kotler: marketing como proceso social de valor.Introducción a ecosistemas digitales y lógica de datos como nuevo entorno comunicativo.
2Contextual-Complejo (Pilar CONTEXTOS)De la transmisión al análisis sistémico del entornoMorin: pensamiento complejo. Habermas: acción comunicativa. Jenkins: cultura participativa.Herramientas de escucha digital, análisis de tendencias, monitoreo de entornos digitales.
3Estratégico-Conceptual (Pilar CONCEPTOS)De la persuasión a la arquitectura estratégica de marcaAaker: brand equity. Ries & Trout: posicionamiento. Costa: identidad corporativa.Analítica de datos, segmentación algorítmica, dashboards estratégicos.
4Experiencial-Relacional (Pilar CONEXIONES)De mensaje publicitario a experiencia de marcaSchmitt: marketing experiencial. Gobé: branding emocional. Kotler 5.0: tecnología + humanidad.IA para personalización, automatización de campañas, omnicanalidad.
5Social-TransformadorDe comunicación institucional a marketing social y valor colectivoFreire: comunicación liberadora. Kotler & Zaltman: marketing social.IA aplicada a impacto social, análisis de comunidades digitales.
6Comercial-Analítico-DigitalDe Creatividad intuitiva a estrategia basada en datosKotler: marketing estratégico. Porter: ventaja competitiva.Machine learning, automatización publicitaria, performance marketing.
7Integral-ProyectivoDel ejecutor estratégico al diseñador de sistemas de valorLatour: redes humano-tecnológicas. Wilber: enfoque integral.IA generativa, prototipado digital, análisis predictivo.
8Ecosistémico-ProfesionalDe intervención táctica a liderazgo estratégico conscienteMorin: reforma del pensamiento. Capra: sistemas vivos.Gestión de ecosistemas digitales, ética algorítmica, gobernanza de datos.

Tabla 2

Tabla 2. Nuevas corrientes que dialogan con los pilares de la Carrera Original Comunicación Publicitaria.

Fuente: elaboración con apoyo de la IA desde InteligenciaConsciencia en COLEGIATURA como recurso de acompañamiento.

PILARCORRIENTENIVELAPORTE A LA EVOLUCIÓN COMUNICACIÓN → MARKETING → PUBLICIDAD
CONTEXTOSEconomía de la experiencia (Pine & Gilmore)InterdisciplinarEl valor se construye en experiencias memorables.
CONTEXTOSEconomía de datos y vigilancia (Zuboff)TransdisciplinarReflexión crítica sobre uso ético de información.
CONTEXTOSCultura digital y prosumo (Jenkins)DisciplinarConsumidor activo como co-creador de valor.
CONCEPTOSNeuromarketingInterdisciplinarIntegración de neurociencia y estrategia publicitaria.
CONCEPTOSBehavioral economics (Thaler)TransdisciplinarDecisiones irracionales como base estratégica.
CONCEPTOSBranding cultural (Holt)DisciplinarMarca como fenómeno sociocultural.
CONEXIONESMarketing relacionalDisciplinarRelaciones sostenibles a largo plazo.
CONEXIONESDiseño centrado en el usuario (UX)InterdisciplinarExperiencia como eje estratégico.
CONEXIONESInteligencia Artificial éticaTransdisciplinarIntegración humano-algoritmo con responsabilidad.
CONEXIONESInteligenciaConsciencia (COLEGIATURA)TransdisciplinarIA como ampliación consciente del Ser en la creación de valor.

Desde esta perspectiva, la evolución estratégica de la comunicación hacia el marketing y la publicidad corresponde también a la evolución de individuos conscientes que, desde Ser Humano-Ser Origen, expanden su Potencial ilimitado. Este tránsito implica pasar de comprender conceptos a crear sistemas con sentido; de interpretar realidades a resignificarlas estratégicamente; de producir mensajes a crear experiencias memorables y transformadoras; y de ejecutar tácticas a liderar procesos y proyectos de generación de valor.

Marco conceptual

Desde esta perspectiva, la evolución estratégica de la comunicación hacia el marketing y la publicidad corresponde también a la evolución de individuos conscientes que, desde Ser Humano-Ser Origen, expanden su Potencial ilimitado. Este tránsito implica pasar de comprender conceptos a crear sistemas con sentido; de interpretar realidades a resignificarlas estratégicamente; de producir mensajes a crear experiencias memorables y transformadoras; y de ejecutar tácticas a liderar procesos y proyectos de generación de valor.

A partir de los diálogos académicos desarrollados en el Seminario Investigar con… una forma de expandir Ser Humano-Ser Origen como modo creativo de existencia, la Carrera Original Comunicación Publicitaria profundizó en la relación de valor entre conceptos y prácticas desde el horizonte formativo de Ser Humano-Ser Origen. Este ejercicio permitió comprender, de manera orgánica, las fortalezas disciplinares de la carrera y la propuesta de valor que aporta a la humanidad, en coherencia con la perspectiva institucional que reconoce al Ser Humano-Ser Origen como “la FuerzaInterna que expande y transforma conscientemente su Potencial ilimitado, manifestándose en la vida a través de la emoción, el pensamiento, la acción y la palabra”.

Marco conceptual

Desde esta comprensión, se asume que toda práctica disciplinar en comunicación, marketing o publicidad está atravesada por la condición humana de quienes la ejercen y la experimentan. En consecuencia, la evolución estratégica de la comunicación hacia el marketing y la publicidad no debe comprenderse únicamente como un proceso técnico, sino como un proceso humano en el cual los individuos, en tanto sujetos conscientes, crean, resignifican y transforman realidades. Así, la generación de valor simbólico, social y económico se configura como expresión de la capacidad del Ser Humano para incidir en sí mismo, en su entorno y en los sistemas de intercambio. Este proceso humano, desde COLEGIATURA, se expande a través de EducaciónVivencia, entendida como “una forma de aprender que transforma, conecta y potencia lo mejor de cada persona, impulsando una verdadera ReEvolución en la educación”; esta forma de aprender se transita desde el componente PerfilConsciente, en los escenarios de las Trayectorias de Autoformación y/o Nómada, y desde el PerfilProfesional, en los escenarios de Ser Humano-Ser Origen, Pensamiento Creativo y Disciplinar. A partir del escenario disciplinar, la comunicación se dimensiona como eje articulador para la producción de sentido; el marketing, como sistema estratégico de valor; y la publicidad, como mediación creativa entre los individuos, la comunicación y el marketing.

Marco conceptual

En el primer semestre de la carrera, los estudiantes identifican la fundamentación teórica y conceptual de la comunicación, el marketing y la publicidad, reconociéndose como sujetos creadores de valor y transformadores de realidades. En los semestres segundo, tercero y cuarto, interiorizan los pilares de la carrera en cada uno de los Laboratorios Vivenciales. En el segundo semestre cursan el Laboratorio Vivencial Contextos, en el cual el Ser Humano se dimensiona como sujeto cultural que comunica, produce y transforma desde la diversidad y el respeto. En este espacio, el estudiante genera valor mediante una contribución consciente al desarrollo contextual, a partir de la comprensión crítica del entorno y del reconocimiento de que toda estrategia de marketing y publicidad surge como respuesta a dinámicas del contexto.

En el tercer semestre, los estudiantes cursan el Laboratorio Vivencial Conceptos, donde se reconoce al Ser Humano como co-creador y narrador de significados. Este laboratorio integra dimensiones cognitivas, emocionales y digitales para la construcción estratégica de sistemas de significado y experiencia, desde la investigación, el análisis de datos y la comprensión profunda del comportamiento humano.

Marco conceptual

En el cuarto semestre, los estudiantes cursan el Laboratorio Vivencial Conexiones, donde desarrollan sensibilidad para generar conexiones auténticas entre las marcas y sus públicos. En este escenario se articulan la comunicación, el marketing y la publicidad, integrando el uso de la IA, la analítica de datos, los sistemas multicanal y otras tecnologías de apoyo para el sujeto consciente. Estas herramientas amplían su conocimiento y comprensión del contexto, sin constituir un reemplazo del Ser Humano como creador y transformador de realidades.

A continuación, se representan los diálogos interdisciplinarios y transdisciplinarios, así como la relación de valor entre conceptos desde Ser Humano-Ser Origen, del primero al cuarto semestre académico de la Carrera Original Comunicación Publicitaria:

Figura 1

Figura 1
Figura 1

Figura 1. Diálogos interdisciplinarios y transdisciplinarios, y relación de valor entre conceptos desde Ser Humano-Ser Origen, del primero al cuarto semestre académico de la Carrera Original Comunicación Publicitaria. Fuente: elaboración propia.

Marco conceptual

En los semestres quinto, sexto, séptimo y octavo, los estudiantes consolidan su PerfilOriginal y se proyectan en el entorno, la industria y el mercado como futuros profesionales conscientes, capaces de generar valor desde la perspectiva Ser Humano-Ser Origen. En este proceso, la conciencia se materializa en acción estratégica mediante el uso de la IA y de otras tecnologías como herramientas del individuo consciente, no como sustitutos del Ser Humano creador y transformador de realidades. En el quinto semestre cursan el Laboratorio Vivencial de Comunicación Publicitaria Social, en el cual el Ser Humano se reconoce como agente de cambio, creador de BienEstar y facilitador de diálogo social. En este espacio, la comunicación evoluciona hacia el marketing social como sistema de gestión de valor colectivo, y la publicidad se asume como mediación ética que moviliza conciencia. En el sexto semestre cursan el Laboratorio Vivencial de Comunicación Publicitaria Comercial, orientado al equilibrio entre competitividad y conciencia; allí, el marketing se comprende como arquitectura estratégica de intercambio de valor y la publicidad como construcción de posicionamiento y experiencia de marca. En el séptimo semestre cursan el Laboratorio Vivencial Proyecto PerfilOriginal, en el cual se fortalece la expansión del Potencial ilimitado de los estudiantes, permitiendo que estos individuos conscientes propongan soluciones estratégicas originales que conectan propósito, mercado y sociedad. Finalmente, en el octavo semestre, durante la práctica, se reconocen como Seres Humanos creadores y transformadores de realidades, capaces de liderar proyectos y procesos estratégicos de comunicación, marketing y publicidad desde el pensamiento crítico y consciente, integrando la IA, los sistemas digitales y las métricas de desempeño como parte de la evolución de la comunicación.

A continuación, se representan los diálogos interdisciplinarios y transdisciplinarios, así como la relación de valor entre conceptos desde Ser Humano-Ser Origen, del quinto al octavo semestre académico de la Carrera Original Comunicación Publicitaria:

Figura 2

Figura 2
Figura 2

Figura 2. Diálogos interdisciplinarios y transdisciplinarios, y relación de valor entre conceptos desde Ser Humano-Ser Origen, del quinto al octavo semestre académico de la Carrera Original Comunicación Publicitaria. Fuente: elaboración propia.

Discusión y conclusiones

Esta evolución posibilita, a su vez, una ampliación sustantiva del campo disciplinar, que trasciende la comprensión de la comunicación como dimensión instrumental del mensaje para situar al individuo en la gestión integral de los sistemas de intercambio de valor.

A partir de los diálogos académicos desarrollados en el Seminario Investigar con… una forma de expandir Ser Humano-Ser Origen como modo creativo de existencia, la Carrera Original Comunicación Publicitaria comparte las discusiones y conclusiones generadas durante el proceso, así como la relación de valor entre conceptos y prácticas desde el horizonte formativo de Ser Humano-Ser Origen. En este sentido, la evolución estratégica de la comunicación hacia el marketing y la publicidad corresponde a una expansión del campo de conocimiento. Esta ampliación permite abordar el objeto de estudio desde un nivel de complejidad superior, en el que la comunicación no opera únicamente como mediación simbólica, sino como fundamento sociocultural. Desde esta perspectiva, el mercadeo contemporáneo integra tecnologías avanzadas y centralidad humana, por lo que el campo se redefine en la convergencia entre automatización, analítica y propósito. Esta evolución posibilita, a su vez, una ampliación sustantiva del campo disciplinar, que trasciende la comprensión de la comunicación como dimensión instrumental del mensaje para situar al individuo en la gestión integral de los sistemas de intercambio de valor.

Discusión y conclusiones

El ejercicio contemporáneo exige integrar conocimiento disciplinar y competencias técnicas en el quehacer profesional, junto con una conciencia crítica y creativa sobre el alcance y el impacto de las decisiones estratégicas. Por ello, los estudiantes de la carrera transitan, durante su formación académica, los pilares Contextos, Conceptos y Conexiones, generando valor desde la comunicación como producción de sentido en toda interacción humana; desde el marketing como cimiento estratégico del intercambio de valor; y desde la publicidad como construcción racional, experiencial y emocional de vínculos con los distintos públicos.

En este sentido, la evolución estratégica de la comunicación hacia el marketing y la publicidad permite comprender el mercado como sistema vivo de interacción humana, en el que los fenómenos sociales deben abordarse desde su interrelación dinámica y no desde fragmentaciones disciplinares. Esta comprensión fortalece la pertinencia académica y profesional de la carrera: la base humanista continúa siendo su fundamento, mientras su alcance estratégico se amplía a partir de la integración consciente de la tecnología y la IA.

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Investigar con… narrar con: investigación-creación en comunicación en narrativas transmedia desde una ontología relacional

Resumen

La Investigación-Creación en Comunicación en Narrativas Transmedia se ha consolidado como un campo emergente que requiere marcos epistemológicos capaces de articular la producción simbólica, las mediaciones tecnológicas y la transformación social. Este capítulo propone unos fundamentos teóricos sustentados en una ontología relacional, desde la cual investigar no implica separar sujeto y objeto, sino recorrer un trayecto de devenir en el que ambos se co-constituyen dentro de contextos narrativos amplios. Desde esta perspectiva, la creación transmedia no solo transforma los llamados imaginarios colectivos, sino que opera como una práctica cognitiva, estética y ética.

El texto desarrolla tres dimensiones centrales: (1) la fundamentación teórica de los estudios transmedia, las ontologías relacionales y la educación superior contemporánea; (2) un modelo conceptual de Investigación-Creación como tránsito de la objetivación hacia la agencia autoral, y (3) las implicaciones pedagógicas y epistémicas para la formación en comunicación. Asimismo, se plantea una reflexión crítica sobre la inteligencia artificial generativa como dispositivo de co-creación que amplía, pero no sustituye, la agencia humana.

En última instancia, comprender la narrativa transmedia como una ecología simbólica participativa permite reconocerla como un espacio potente para la constitución de un saber situado, creativo y responsable.

comprender la narrativa transmedia como una ecología simbólica participativa permite reconocerla como un espacio potente para la constitución de un saber situado, creativo y responsable.

1. Introducción

Así, investigar significa narrar, y narrar significa intervenir simbólicamente en la realidad.

La expansión de los ecosistemas mediáticos digitales ha transformado las formas de producir, circular y habitar las relaciones simbólicas. Las narrativas transmedia, entendidas como universos narrativos que transitan por múltiples plataformas y lenguajes, ya no pueden considerarse únicamente una estrategia de mercado o un formato de entretenimiento (Jenkins, 2006), sino un fenómeno cultural complejo que condensa tecnología, participación y construcción de sentido.

En este contexto, la Investigación-Creación se configura como una alternativa epistemológica frente a modelos tradicionales de investigación en comunicación. Ya no se trata solo de describir fenómenos, sino de producir conocimiento mediante el propio acto creador, enlazando reflexión crítica, práctica narrativa y compromiso situado. Este capítulo propone comprender la Investigación-Creación en narrativas transmedia desde una ontología relacional, es decir, desde una perspectiva que asume que el conocimiento no se produce desde la distancia, sino a partir de la interacción entre sujetos, tecnologías, comunidades y mediaciones. Así, investigar significa narrar, y narrar significa intervenir simbólicamente en la realidad.

2. Marco teórico

2.1. Narrativas transmedia como ensamblajes sociotécnicos

la narrativa transmedia no se reduce al contenido distribuido en red; se configura como una red de relaciones performativas.

Las narrativas transmedia pueden entenderse, en primera instancia, como formas de narrar que se despliegan a través de múltiples plataformas de manera articulada (Jenkins, 2006). Sin embargo, una lectura más actualizada permite considerarlas como ensamblajes sociotécnicos complejos, en los que intervienen actores humanos y no humanos dentro de procesos de co-constitución narrativa. Desde la teoría del actor-red, Latour (2005) sostiene que la realidad social no es una estructura dada, sino una red de relaciones entre entidades heterogéneas en permanente transformación.

En relación con lo transmedia, esta lectura invita a reconocer que las plataformas digitales, los algoritmos, las interfaces, las comunidades de usuarios, los dispositivos productivos y los creadores no operan como elementos independientes, sino como actantes que dan forma al universo narrativo. De este modo, la narrativa transmedia no se reduce al contenido distribuido en red; se configura como una red de relaciones performativas.

2.2. Ontología relacional y realismo agencial

La producción narrativa aparece, así, como un modo legítimo de generar conocimiento situado.

Desde la perspectiva del realismo agencial, Karen Barad (2007) sostiene que los fenómenos no preceden a sus relaciones; por el contrario, emergen a partir de intra-acciones. Esto implica que sujeto y objeto no existen como entidades previamente dadas que luego entran en contacto, sino que devienen en el marco de sus interacciones.

La Investigación-Creación en narrativas transmedia puede comprenderse dentro de esta ontología: el investigador-creador no analiza un objeto independiente, sino que participa en la emergencia del fenómeno narrativo. En este sentido, la creación transmedia es epistemológica, porque produce conocimiento; ontológica, porque produce mundo, y ética, porque implica responsabilidad en la configuración de realidades simbólicas.

Desde esta perspectiva, el campo responde a las críticas que reducen la creación a una práctica no científica. La producción narrativa aparece, así, como un modo legítimo de generar conocimiento situado.

2.3. Estructuración y agencia en ecosistemas narrativos

Las estructuras sociales, tal como las propone Giddens (1984), no son entidades exteriores que determinan la acción de manera unilateral, sino prácticas que se producen y reproducen en la interacción social. La dualidad de la estructura permite comprender que, por un lado, los autores desarrollan su práctica dentro de sistemas mediáticos estructurados y, por otro, esos mismos creadores pueden transformar dichas estructuras mediante innovaciones narrativas.

En consecuencia, si se toma como referencia lo transmedia, cada universo narrativo no solo se expande, sino que también puede incidir en las lógicas de producción y consumo existentes. Así, la Investigación-Creación se convierte en una práctica reflexiva capaz de afectar las condiciones estructurales del campo comunicativo.

3. Marco conceptual

La Investigación-Creación en narrativas transmedia puede interpretarse como una travesía organizada en tres momentos:

La Investigación-Creación en narrativas transmedia puede interpretarse como una travesía organizada en tres momentos:

Objetivación: demarcación del problema narrativo y contextual.

Indagación relacional: diálogo con los marcos, actores y comunidades implicadas.

Recreación crítica: construcción de un universo transmedia que resignifica la realidad objeto de estudio.

En este proceso, la práctica creativa se cruza con el pensamiento académico, de modo que el objeto de estudio se transforma en dispositivo narrativo y en instancia de producción conceptual.

3.1. Enfoque epistemológico

El estudio orienta la pesquisa desde una perspectiva cualitativa, interpretativa y situada en la Investigación-Creación. No busca validar hipótesis causales, sino comprender cómo emergen los procesos de producción narrativa a partir de una delimitación relacional específica.

3.2. Diseño metodológico

Se proponen cuatro fases metodológicas:

Se proponen cuatro fases metodológicas:

1. Cartografía del ecosistema narrativo

Identificación de actores humanos y no humanos.

Mapeo de plataformas y flujos de circulación.

2. Inmersión y co-creación

Prototipado transmedia.

Iteración narrativa con retroalimentación comunitaria.

3. Reflexividad crítica

Bitácora investigativa.

Análisis de decisiones estéticas y tecnológicas.

4. Sistematización conceptual

Traducción del proceso creativo en categorías analíticas.

Conexión con marcos filosóficos y teóricos.

3.3. Criterios de validez

Coherencia interna entre marco teórico y producción narrativa. Trazabilidad del proceso creativo. Transparencia metodológica. Reflexividad del investigador. Impacto contextual verificable.

Para fortalecer la legitimidad académica del proceso, se proponen los siguientes criterios:

Coherencia interna entre marco teórico y producción narrativa.

Trazabilidad del proceso creativo.

Transparencia metodológica.

Reflexividad del investigador.

Impacto contextual verificable.

3.4. Estrategia de búsqueda y fundamentación conceptual

Tabla 1

Base de datosCampo de búsquedaPalabras claveOperadoresPeriodo
ScopusTítulo, resumen, palabras clavetransmedia storytelling AND research-creation AND higher educationAND, W/0Sin delimitar

Nota. Elaboración propia. La tabla evidencia la articulación entre fundamentación conceptual y búsqueda sistemática, requisito necesario para fortalecer la legitimidad académica del campo.

4. Discusión y conclusiones

la tecnología opera como mediación y no como centro del conocimiento

La Investigación-Creación en Comunicación en Narrativas Transmedia se constituye como un área estratégica para la educación superior en América Latina. Su potencial proviene de la articulación entre producción estética, análisis crítico y compromiso contextual. El modelo propuesto permite comprender que el saber emerge de la práctica narrativa situada; que la tecnología opera como mediación y no como centro del conocimiento; que la participación de la comunidad fortalece la legitimidad del proceso, y que la autoría se configura como una responsabilidad ética del acto creador.

En el contexto de la inteligencia artificial generativa, el reto no consiste en competir con la automatización, sino en profundizar la singularidad humana como fuente de sentido. Los caminos futuros del campo tenderán a explorar metodologías híbridas, laboratorios transdisciplinarios y marcos éticos para la co-creación humano-máquina. Asimismo, resulta necesario fortalecer la escritura académica como ejercicio reflexivo que consolida la legitimidad del área.

Por último, la narrativa transmedia, entendida desde una ontología relacional, no es simplemente un formato: es un espacio de construcción de mundo. Desde esta perspectiva, la Investigación-Creación permite pensar la comunicación como práctica situada de conocimiento, creación y transformación simbólica.

5. Referencias

Barrientos-Báez, A., Caldevilla-Domínguez, D., & Vargas-Delgado, J. J. (2019). El protocolo, la puesta en escena y la persuasión en los debates políticos televisados. Redmarka, 23(3), 17-27.

Cerdán Martínez, V., García Guardia, M. L., & Padilla Castillo, G. (2020). Alfabetización moral digital para la detección de deepfakes. CIC, 25, 165-181.

Freire, P. (1970). Pedagogía del oprimido. Siglo XXI.

Islas, O. (2008). El prosumidor. Razón y Palabra, 13(61).

Jenkins, H. (2006). Convergence culture: Where old and new media collide. NYU Press.

Scolari, C. A. (2013). Narrativas transmedia: Cuando todos los medios cuentan. Deusto.

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Alimentación consciente como una perspectiva holística desde el Ser Humano-Ser Origen

Resumen

La alimentación consciente se propone como una respuesta integral a la crisis de salud, sostenibilidad y pérdida de identidad que caracteriza a la modernidad alimentaria. Este enfoque trasciende la práctica individual del Mindful Eating para constituirse como una herramienta de transformación social fundamentada en el pensamiento Ser Humano-Ser Origen (SH-SO) de COLEGIATURA. El presente capítulo analiza la alimentación a través de cuatro dimensiones fundamentales: la consciencia del ser, del vínculo, de la red y del origen. Mediante una revisión interdisciplinar que abarca desde la biología y la sociología hasta la geopolítica de la mercancía, se argumenta que el acto de comer es una expresión de lo Sistémico = Interdependiente. La propuesta invita a reconocer la alimentación como un «hecho social total» que permite al individuo expandir su Potencial ilimitado mediante decisiones fundadas, éticas y saludables, orientadas a la descolonización del gusto y a la regeneración de los vínculos con la Tierra.

Palabras clave: Alimentación consciente, Ser Humano-Ser Origen, sostenibilidad, geopolítica, soberanía alimentaria, Sistémico = Interdependiente, bioseguridad.

Introducción

La alimentación humana es un fenómeno de complejidad sistémica que desborda cualquier intento de reducción al simple aporte de nutrientes o a la supervivencia biológica. Como señala Marcel Mauss, se trata de un «hecho social total»: un punto de convergencia en el que se entrelazan, de manera indisoluble, las dimensiones biológica, política, económica, simbólica y ecológica (Espeitx & Gracia, 2012; Mauss, 1925). Sin embargo, en el contexto de la globalización contemporánea, esta integralidad ha sido fracturada por una estructura industrial que ha mercantilizado la vida misma (Lozano, 2004).

El comensal moderno habita hoy una «opacidad alimentaria»: una desconexión profunda que borra la historia natural de su sustento y fragmenta su identidad (Díaz & Gómez, 2005; Ramiro & Saavedra, 2007). La industrialización del gusto no solo ha impuesto dietas homogéneas y ultraprocesadas que erosionan la diversidad cultural, sino que también ha generado una crisis multidimensional. En lo nutricional, esta estandarización se traduce en una malnutrición paradójica: cuerpos sobrealimentados, pero carentes de energía vital, atrapados en la patología de las enfermedades crónicas no transmisibles (Pollan, 2017; Shiva, 2023).

No obstante, la problemática es igualmente crítica en otras esferas. En lo ecológico, el sistema agroindustrial actual ignora los límites biofísicos del planeta, promueve monocultivos que degradan el suelo, agotan el agua y aniquilan la biodiversidad, y rompe el ciclo de regeneración de la tierra (Bermejo et al., 2023). En lo político-económico, el acto de comer se ha convertido en un escenario de pérdida de soberanía, donde las decisiones de consumo están supeditadas a intereses corporativos y a lógicas de mercado que perpetúan la inequidad social y la precariedad de los productores locales. En lo social, la alimentación ha perdido su carácter de vínculo y ritual, y se ha transformado en un acto individualista y automatizado que despoja al sujeto de su capacidad de relacionarse con el otro y con su entorno (Céspedes & Campo, 2018).

Desde esta perspectiva holística, la problemática no puede restringirse a la corrección de una dieta deficiente ni a la gestión clínica de nutrientes. El desafío actual radica en una desconexión sistémica que separa al ser humano de las redes vitales que lo sustentan (Warde, 2014). Una verdadera transformación requiere reconocer que el acto de comer es, simultáneamente, una manifestación de nuestra biología única, un lenguaje que construye tejido social, una decisión política que impacta la soberanía de los pueblos y un vínculo ecológico con el ecosistema global. Por tanto, abordar la alimentación hoy implica trascender el enfoque individualista para comprender que el BienEstar del sujeto es inseparable de la ética del consumo, de la salud del entorno y de la profundidad de sus vínculos. Si la red de vida y el sistema social están fragmentados, el individuo no puede alcanzar una nutrición plena.

Marco contextual

Para profundizar en esta visión de la alimentación como fenómeno total, es preciso abandonar la mirada fragmentada y sumergirse en una narrativa que entienda el acto de comer no como una sucesión de procesos biológicos, sino como un entramado de significados que definen nuestra existencia (Espeitx & Gracia, 2012). Si se analiza la alimentación desde lo social, el plato deja de ser un objeto inerte para convertirse en espejo de la estructura de clases y de las dinámicas de poder. Como han señalado referentes de la sociología clásica y contemporánea, el gusto no es una elección enteramente individual y libre, sino una práctica profundamente anclada en el capital cultural y en la posición social que ocupamos: comemos lo que nuestra posición nos permite y lo que nuestra identidad grupal nos dicta. Así, la mesa se convierte en un espacio de distinción y, en ocasiones, de exclusión. Esta red de relaciones sociales se entrelaza inevitablemente con lo simbólico y lo cultural, donde el alimento deja de ser proteína o carbohidrato para transformarse en lenguaje, protocolo de usos y herencia transmitida de generación en generación a través de rituales que consolidan la pertenencia a una comunidad (Pérez, 2009).

Al transitar desde la cultura hacia lo político, la alimentación revela su rostro más crudo en la modernidad. El sistema agroalimentario industrial ha generado una desconexión profunda entre el comensal y el origen de lo que consume: una suerte de «esquizofrenia» alimentaria en la que se desconocen los procesos de producción, distribución y poder que permiten que un producto llegue a nuestras manos (Vélez Jiménez, 2022). Aquí, la política no se limita a las legislaciones estatales, sino que se manifiesta en la autonomía o dependencia del individuo frente a las grandes corporaciones y a los cultivos transgénicos que amenazan la biodiversidad. Elegir qué comer se convierte, entonces, en un gesto político de resistencia o de complicidad: una toma de decisiones éticas frente a un mercado que prioriza el rendimiento económico sobre la salud de los pueblos y la integridad de los suelos (Gómez-Trujillo et al., 2016; Shiva, 2023). Esta dimensión política conduce, sin escalas, a la preocupación ambiental y sistémica, pues no existe salud individual posible si el ecosistema que nos sustenta está enfermo.

La sostenibilidad no es, por tanto, una tendencia de marketing, sino la comprensión profunda de que cada bocado tiene una huella ecológica que afecta la biodiversidad y el equilibrio del planeta. Hablar de alimentación sostenible implica referirse a la capacidad de regenerar la vida, respetar los ciclos de la tierra y entender que el agua, el suelo y las semillas son extensiones de nuestro propio cuerpo (Bermejo et al., 2023). Si el entorno se degrada, nuestra nutrición se empobrece no solo en términos de micronutrientes, sino también en la calidad de la energía vital que incorporamos. Esta conexión con el origen nos devuelve a la espiritualidad, entendida aquí no como dogma religioso, sino como consciencia de ser parte de un todo mayor: una fuerza interna que se expande y se reconoce interdependiente de la red de la vida. Alimentarse con consciencia de origen es un acto de respeto hacia el sacrificio de otros seres y hacia la generosidad de la naturaleza, lo que eleva el acto biológico a una categoría sagrada de comunión con la existencia.

En este fluir de ideas, lo emocional emerge como puente entre lo interno y lo externo. La psicología de la alimentación contemporánea advierte que no comemos solo para saciar el hambre física, sino también para gestionar estados anímicos, ansiedades y vacíos (Morillo Sarto, 2019). La gestión emocional es fundamental en una visión holística, pues permite observar, de manera no reactiva, los impulsos que conducen a la ingesta desmedida o al rechazo del alimento. Al integrar la consciencia del ser, el individuo recupera su soberanía interna y aprende a distinguir entre la necesidad real de energía y la búsqueda de consuelo en el azúcar o en los ultraprocesados.

Desde esta perspectiva transdisciplinar, el desperdicio de alimentos no es solo un fallo logístico, sino una fractura ética y relacional. Tirar comida es ignorar el esfuerzo humano, el agua consumida y el tiempo de la tierra; es romper el vínculo de gratitud que debería unirnos con la red de producción. Una alimentación consciente debe ser, por tanto, relacional: comprender el comer como comensalidad, como espacio de encuentro con el otro en el que se fortalece el tejido social. El alimento es un mediador que transforma las relaciones, crea comunidad y permite la transformación social desde la base de la supervivencia compartida.

Marco conceptual

El abordaje de la alimentación dentro del ecosistema de pensamiento de COLEGIATURA, específicamente a través de la investigación Sistema Cartográfico Cultural, liderada por Luz Marina Vélez Jiménez, propone una ruptura ontológica con el paradigma nutricionista tradicional (Vélez Jiménez, 2022). Para comprender esta perspectiva, es imperativo partir de la premisa de que el acto alimentario es el sustrato ético y filosófico donde se manifiesta el Ser Humano-Ser Origen. Esta categoría institucional define al individuo no como consumidor pasivo de calorías, sino como FuerzaInterna con Potencial ilimitado, cuya capacidad de transformación consciente comienza en la relación íntima con aquello que incorpora a su propio cuerpo. La alimentación se sitúa, entonces, en la intersección entre la evolución de la materia y la evolución de la consciencia, donde Educar (exducere), entendido como sacar de sí mismo lo mejor, se traduce en la capacidad de discernir qué alimentos potencian la energía vital y cuáles la limitan.

Desde esta perspectiva, la alimentación se define como fundamento de la vida que trasciende la ingestión física para convertirse en un proceso de rememoración. Aquí, el concepto de rememorar es clave: alimentarse conscientemente implica traer a la memoria la trazabilidad del insumo y reconocer que cada bocado contiene una historia de suelo, sol, agua y trabajo humano. Esta visión se opone frontalmente a lo que la investigación denomina «esquizofrenia del capitalismo»: un estado de desconexión sistémica en el que el comensal moderno ignora el origen de su sustento, sumido en una incertidumbre alimentaria provocada por la opacidad de los procesos industriales. Frente a este panorama, el marco conceptual de la institución resignifica el alimento como un «laberinto biológico-cultural» donde convergen la supervivencia necesaria y el placer estético, y eleva el acto de comer a una forma de intencionar el BienEstar personal y colectivo (Vélez Jiménez, 2022).

Al profundizar en la dimensión social de esta propuesta, la alimentación emerge como una unidad que modula la moral dietética y las aspiraciones del buen vivir de una comunidad. No se puede entender la consciencia alimentaria sin la mediación de la cultura, que es, en esencia, el acto de compartir la vida. En este sentido, la propuesta se nutre de la sociología para comprender que el gusto no es una variable aleatoria, sino un marcador de identidad y pertenencia. La cultura alimentaria, en COLEGIATURA, es vista como patrimonio intangible que debe ser preservado frente a la homogeneización del gusto industrial. El saber de sí que propone la institución incluye reconocer la herencia culinaria familiar y local como ancla de sentido en un mundo globalizado. Comer es, por tanto, un acto de comensalidad: la construcción de un tejido social que se fortalece en el intercambio de sabores y saberes, y que transforma el hambre individual en satisfacción comunitaria.

Esta construcción social nos traslada inevitablemente a la dimensión política y económica de la alimentación. El proyecto Sistema Cartográfico Cultural plantea que la consciencia implica una liberación de prejuicios y una apropiación de sí que dota al individuo de autonomía frente a la industria. La política, aquí, no se entiende como ejercicio exclusivo del poder estatal, sino como micropolítica del consumo: la decisión ética y fundada de preferir el producto local, leer críticamente las etiquetas y rechazar el ultraprocesamiento que despoja al alimento de su fuerza vital. Ser Ser Humano-Ser Origen en la cocina es asumir un LiderazgoConsciente que reconoce la responsabilidad sistémica de cada compra. La autonomía alimentaria se convierte así en herramienta de resistencia contra la desinformación y el secuestro del suministro mundial de alimentos, y permite que el individuo recupere su capacidad de decidir sobre su propia biología (Vélez Jiménez, 2022).

La propuesta también integra la dimensión ambiental y sistémica bajo la premisa de que la salud del individuo es una extensión de la salud del ecosistema. Si la tierra está enferma por el uso de agroquímicos y la explotación intensiva, el alimento resultante no puede nutrir el Potencial ilimitado del ser. Por ello, la investigación aboga por una responsabilidad ambiental que incluye el conocimiento de los centros de acopio y la elección de empaques biodegradables, entendiendo que el retorno armónico de los residuos al ciclo natural es parte del acto alimentario. La sostenibilidad no se presenta como una opción técnica, sino como una exigencia ética: la cocina es un espacio de transmutación donde el fuego y el agua no solo transforman insumos, sino que deben hacerlo respetando los ciclos de la biodiversidad. Esta conexión con el origen natural del alimento permite que el ser humano se reconozca como Sistémico = Interdependiente de la red de la vida.

En el plano emocional, la propuesta de COLEGIATURA expande el concepto tradicional de Mindful Eating (Nutrition Handout, n.d.). Mientras que la psicología clásica se enfoca en la reducción de la ansiedad frente a la comida, este marco conceptual propone la gestión emocional como vía de autoconocimiento metabólico. Aprender a escuchar las señales de hambre y saciedad es solo el primer paso; el objetivo profundo es comprender cómo los pensamientos y sentimientos se entrelazan con la bioquímica de los nutrientes. La alimentación consciente exige una consciencia de la red interna, en la que el individuo observa sus impulsos sin reaccionar de forma automática, permitiendo que el acto de comer sea un espacio de calma y respiración consciente.

Este sistema cartográfico cultural no es solo una teoría, sino una praxis que busca ordenar el mundo a partir de valores. Al integrar lo político con lo poético, y lo biológico con lo trascendental, COLEGIATURA posiciona la alimentación como eje transversal de su pedagogía para la vida. La alimentación consciente es, bajo este marco, la tecnología humana más potente para reconectar al individuo con su propia naturaleza y con el cosmos, permitiéndole navegar la complejidad de la modernidad con un horizonte de sentido claro: preservar y potenciar la vida en todas sus manifestaciones.

Discusión y conclusiones

La convergencia entre los referentes sociológicos, políticos y ambientales expuestos en el marco contextual y el pensamiento Ser Humano-Ser Origen desarrollado en el marco conceptual permite concluir que la alimentación no puede seguir siendo gestionada desde la fragmentación disciplinar. La crisis de «esquizofrenia alimentaria» y de desconexión con la vida exige una estructura que unifique la acción técnica con la intención ética. Como respuesta a esta necesidad de ordenamiento, se propone el Modelo de las Cuatro Dimensiones de la Alimentación Consciente, una ruta que no solo organiza los saberes multidisciplinares analizados, sino que también los operativiza para la Transformación Consciente Individual y Social.

Modelo de las Cuatro Dimensiones de la Alimentación Consciente

DimensiónFragmento del capítulo
consciencia del ser - dimensión interna -la gestión emocional y la respuesta biológica única dialogan con la noción de FuerzaInterna de COLEGIATURA
consciencia del vínculo - dimensión socio-simbólica -el alimento como lenguaje y marcador social, y los eleva bajo el principio de que la cultura es compartir la vida
consciencia de la red - dimensión político-económica -sitúa al comensal como actor político capaz de tomar decisiones fundadas
consciencia del origen - dimensión ambiental-sistémica -el cuerpo humano es una extensión del ecosistema; por tanto, la salud del suelo y del agua es, literalmente, nuestra salud

La primera dimensión, la consciencia del ser - dimensión interna -, se erige como eje motor del modelo. En ella, la gestión emocional y la respuesta biológica única dialogan con la noción de FuerzaInterna de COLEGIATURA. Aquí se justifica la superación del Mindful Eating tradicional: no se trata solo de estar presente al comer, sino de reconocer que la biología propia es el sustrato del Potencial ilimitado del individuo. Al escuchar el metabolismo propio y liberar prejuicios dietéticos, el sujeto recupera su soberanía interna y alinea sus necesidades fisiológicas con su propósito de vida.

La segunda dimensión, la consciencia del vínculo - dimensión socio-simbólica -, rescata los referentes sociológicos que comprenden el alimento como lenguaje y marcador social, y los eleva bajo el principio de que la cultura es compartir la vida. Esta dimensión justifica la alimentación como acto relacional en el que la comensalidad y el ritual culinario reconstruyen el tejido social. Aquí, el modelo propone que el sabor y el saber se fusionen para sanar la fractura entre el individuo y su comunidad, reconociendo que el BienEstar personal es incompleto si no se cultiva en la interacción con el otro.

En respuesta a la opacidad del sistema industrial señalada por Pollan y Shiva, surge la consciencia de la red - dimensión político-económica -. Esta dimensión sitúa al comensal como actor político capaz de tomar decisiones fundadas. El modelo justifica esta consciencia como herramienta para descolonizar el gusto y recuperar la autonomía frente a la desinformación masiva. Al comprender la trazabilidad y preferir lo local, el individuo ejerce una responsabilidad sistémica que transforma la cadena de suministro en una red de comercio justo y consciente.

Finalmente, la consciencia del origen - dimensión ambiental-sistémica - cierra el modelo al reconocer que la consciencia implica ser la vida. Esta dimensión integra la sostenibilidad técnica y el respeto por la biodiversidad. Se justifica bajo la premisa de que el cuerpo humano es una extensión del ecosistema; por tanto, la salud del suelo y del agua es, literalmente, nuestra salud. Alimentarse con consciencia de origen es cerrar el ciclo energético de manera armónica, devolviendo a la tierra la misma gratitud y el mismo cuidado que ella ofrece.

En síntesis, este modelo de cuatro dimensiones no es una simple taxonomía, sino una ruta cartográfica para el cambio humano. Al poner en diálogo la biología con la espiritualidad, y la política con la cultura, la alimentación deja de ser un acto de subsistencia para convertirse en un acto de plenitud existencial. El sistema propuesto permite al individuo habitar el mundo desde la coherencia, al comprender que cada bocado es una oportunidad para acoger, compartir y ser la vida en toda su potencia y expansión. La alimentación consciente, bajo esta nueva visión, se consolida como una tecnología del ser necesaria para transitar de la crisis sistémica a la regeneración de la humanidad.

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